{"id":5112,"date":"2020-11-25T14:38:19","date_gmt":"2020-11-25T14:38:19","guid":{"rendered":"http:\/\/unadeca.net\/cwhite\/?p=5112"},"modified":"2020-11-25T14:41:54","modified_gmt":"2020-11-25T14:41:54","slug":"testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-15-23-dia-001","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/2020\/11\/25\/testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-15-23-dia-001\/","title":{"rendered":"Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 15-23, d\u00eda 001"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Mi infancia<\/h3>\n\n\n\n<p>Nac\u00ed en la localidad de Gorham, Maine (Estados Unidos), el 26 de noviembre de 1827. Mis padres, Roberto y Eunice Harmon, hab\u00edan vivido durante muchos a\u00f1os en el Estado de Maine.<\/p>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os de su juventud llegaron a ser miembros fervientes y piadosos de la Iglesia Metodista Episcopal. Se destacaron en su actuaci\u00f3n en la iglesia y trabajaron durante cuarenta a\u00f1os por la conversi\u00f3n de los pecadores y para edificar la causa de Dios. Durante este lapso experimentaron el gozo de ver a sus ocho hijos convertidos y en el reba\u00f1o de los fieles de Cristo. Sin embargo sus firmes convicciones acerca de la segunda venida de Cristo, produjeron en 1843 la separaci\u00f3n de la familia de la Iglesia Metodista.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando yo era solamente una criatura, mis padres se mudaron de Gorham a Portland, Maine. A la edad de nueve a\u00f1os me sucedi\u00f3 all\u00ed un accidente que afectar\u00eda toda mi vida. Ocurri\u00f3 en la forma que sigue. Mi hermana gemela, una compa\u00f1era de escuela y yo cruz\u00e1bamos un terreno desocupado en el pueblo de Portland. De pronto una ni\u00f1a de unos trece a\u00f1os de edad se enoj\u00f3 por algo sin importancia y comenz\u00f3 a seguirnos amenazando con golpearnos. Nuestros padres nos hab\u00edan ense\u00f1ado que nunca deb\u00edamos discutir ni pelearnos con nadie; en cambio, nos hab\u00edan dicho que si corr\u00edamos peligro de sufrir alg\u00fan da\u00f1o o maltrato, deb\u00edamos apresurarnos a volver al hogar. Y eso era precisamente lo que hac\u00edamos en ese momento, lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible. Pero la ni\u00f1a enojada tambi\u00e9n nos persigui\u00f3 a todo correr con una piedra en la mano. En un momento volv\u00ed la cabeza para ver a qu\u00e9 distancia ven\u00eda nuestra perseguidora, y ella, precisamente en ese instante, arroj\u00f3 la piedra alcanz\u00e1ndome de lleno en la nariz. El golpe me hizo caer al suelo desmayada. Cuando volv\u00ed en m\u00ed me encontr\u00e9 en una tienda de art\u00edculos varios. Ten\u00eda la ropa cubierta de sangre que manaba abundantemente de la nariz y corr\u00eda hasta el suelo. Una bondadosa persona a quien yo no conoc\u00eda se ofreci\u00f3 para llevarme a casa en su coche tirado por caballos; pero yo, sin darme cuenta del estado de debilidad en que me encontraba, le dije que prefer\u00eda caminar hasta mi hogar antes que ensuciarle el coche con sangre. Los espectadores, sin percatarse de la gravedad de mi herida, me permitieron actuar de acuerdo con mis deseos; pero tras haber recorrido s\u00f3lo una corta distancia me sent\u00ed mareada y muy d\u00e9bil. Mi hermana gemela y mi compa\u00f1era me llevaron a casa.<\/p>\n\n\n\n<p>-16-<\/p>\n\n\n\n<p>No recuerdo nada de lo que sucedi\u00f3 durante cierto tiempo despu\u00e9s del accidente. Mi madre dijo que durante tres semanas yo hab\u00eda vivido en un estado de sopor, inconsciente de lo que pasaba a mi alrededor. Nadie m\u00e1s, fuera de ella, cre\u00eda que me recuperar\u00eda; pero por alguna raz\u00f3n ella presinti\u00f3 que yo vivir\u00eda. Una bondadosa vecina que antes hab\u00eda mostrado mucho inter\u00e9s en m\u00ed, pens\u00f3 en cierto momento que me iba a morir. Quer\u00eda comprar un traje para vestirme para el funeral, pero mi madre le dijo: \u201cTodav\u00eda no\u201d, porque algo le dec\u00eda que yo no morir\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando recuper\u00e9 la conciencia tuve la impresi\u00f3n de que hab\u00eda estado dormida. No recordaba el accidente e ignoraba cu\u00e1l era la causa de mi enfermedad. Despu\u00e9s de recobrar algo mis fuerzas, sent\u00ed curiosidad al o\u00edr decir a los que ven\u00edan a visitarme: \u201c\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima!\u201d \u201cNo la hubiera reconocido\u201d, y otras expresiones parecidas. Ped\u00ed un espejo, y despu\u00e9s de mirarme en \u00e9l qued\u00e9 horrorizada al ver el cambio que se hab\u00eda realizado en mi apariencia. Hab\u00edan cambiado todos los rasgos de mi cara. Al romperme el hueso de la nariz se hab\u00eda desfigurado mi rostro.<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento de tener que arrastrar mi desgracia durante toda la vida me resultaba insoportable. No ve\u00eda c\u00f3mo podr\u00eda obtener placer alguno de una existencia como \u00e9sa. No deseaba vivir, y sin embargo tem\u00eda morir, porque no estaba preparada. Los amigos que nos visitaban sent\u00edan l\u00e1stima por m\u00ed, y aconsejaban a mis padres que entablaran juicio contra el padre de la ni\u00f1a que, dec\u00edan ellos, me hab\u00eda arruinado. Pero mi madre prefer\u00eda mantener una actitud pac\u00edfica. Dijo que si ese procedimiento legal pudiera devolverme la salud y el aspecto natural de mi rostro que hab\u00eda perdido, entonces ganar\u00edamos algo al llevarlo a cabo; pero como tal cosa era imposible, era mejor no echarse encima enemigos al entablar una demanda judicial.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos m\u00e9dicos dijeron que tal vez mediante un alambre de plata insertado en la nariz ser\u00eda posible corregir la deformaci\u00f3n. Ese procedimiento habr\u00eda sido muy doloroso; tem\u00edan, adem\u00e1s, que los resultados no fueran satisfactorios; por otra parte, consideraban muy dudosa la posibilidad de que recuperara la salud debido a que hab\u00eda perdido tanta sangre y a que hab\u00eda experimentado un choque nervioso tan fuerte. Aunque llegara a revivir, sosten\u00edan los doctores, no vivir\u00eda durante mucho tiempo. Hab\u00eda enflaquecido tanto que me encontraba reducida a piel y huesos.<\/p>\n\n\n\n<p>-17-<\/p>\n\n\n\n<p>Por este tiempo comenc\u00e9 a orar a Dios y a pedirle que me preparase para la muerte. Cuando nuestros amigos cristianos ven\u00edan de visita le preguntaban a mi madre si me hab\u00eda hablado acerca de la muerte. Yo escuchaba estas conversaciones y me sent\u00eda estimulada. Deseaba llegar a ser cristiana y oraba fervientemente pidiendo perd\u00f3n por mis pecados. Como resultado experiment\u00e9 gran paz mental, am\u00e9 a todos y sent\u00ed grandes deseos de que todos tuvieran sus pecados perdonados y amaran a Jes\u00fas como yo lo amaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo muy bien una noche de invierno en que todo estaba cubierto de nieve. De pronto el cielo se ilumin\u00f3, se puso rojo y me dio la impresi\u00f3n de que se hab\u00eda airado, ya que parec\u00eda abrirse y cerrarse mientras la nieve se ve\u00eda como si estuviera te\u00f1ida de sangre. Los vecinos estaban espantados. Mi madre me llev\u00f3 en sus brazos hasta la ventana. Me sent\u00ed feliz porque pens\u00e9 que Jes\u00fas ven\u00eda, y tuve grandes deseos de verlo. Mi coraz\u00f3n rebosaba de alegr\u00eda, cruc\u00e9 las manos en adem\u00e1n de \u00e9xtasis y pens\u00e9 que se hab\u00edan acabado mis sufrimientos. Pero mis esperanzas no tardaron en convertirse en amargo chasco, porque pronto el singular aspecto del cielo palideci\u00f3 y al d\u00eda siguiente el sol sali\u00f3 como de costumbre.<\/p>\n\n\n\n<p>Fui recuperando mis fuerzas con mucha lentitud. M\u00e1s tarde, al participar nuevamente en los juegos con mis compa\u00f1eras, me vi forzada a aprender la amarga lecci\u00f3n de que nuestra apariencia personal con frecuencia influye directamente en la forma como nos tratan las personas con quienes nos relacionamos. Cuando me sucedi\u00f3 esta desgracia mi padre se encontraba en el Estado de Georgia. A su regreso, abraz\u00f3 a mi hermano y mis hermanas, y pregunt\u00f3 por m\u00ed. Mientras mi madre me se\u00f1alaba con el dedo, yo retroced\u00eda t\u00edmidamente; pero mi propio padre no me reconoci\u00f3. Le result\u00f3 dif\u00edcil creer que yo fuera su peque\u00f1a Elena, a quien s\u00f3lo pocos meses antes hab\u00eda dejado rebosante de salud y felicidad. Esto hiri\u00f3 profundamente mis sentimientos; pero trat\u00e9 de mostrarme exteriormente alegre, aunque ten\u00eda destrozado el coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-18-<\/p>\n\n\n\n<p>En numerosas ocasiones en esos d\u00edas de infancia me vi forzada a sentir profundamente mi infortunio. Mis sentimientos resultaban heridos f\u00e1cilmente, lo que me hac\u00eda muy desdichada. Con frecuencia, con el orgullo herido, mortificada y de p\u00e9simo humor, me retiraba a un lugar donde pudiera estar sola y espaciarme en sombr\u00edas meditaciones acerca de las pruebas que estaba destinada a soportar diariamente.<\/p>\n\n\n\n<p>No ten\u00eda a mi disposici\u00f3n el alivio de las l\u00e1grimas, porque no pod\u00eda llorar con tanta facilidad como lo hac\u00eda mi hermana gemela; aunque sent\u00eda el coraz\u00f3n oprimido y me dol\u00eda como si se me estuviera destrozando, no era para m\u00ed posible derramar l\u00e1grima alguna. Con frecuencia sent\u00eda que un buen llanto contribuir\u00eda en gran manera a aliviarme de mis sufrimientos. Algunas veces la bondadosa simpat\u00eda de ciertos amigos hac\u00eda desaparecer mi melancol\u00eda y remov\u00eda moment\u00e1neamente el peso de plomo que me oprim\u00eda el coraz\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1n f\u00fatiles y triviales me parec\u00edan los placeres terrenos en esas ocasiones! \u00a1Cu\u00e1n inconstantes las amistades de mis j\u00f3venes compa\u00f1eras! Sin embargo, esas compa\u00f1eritas de escuela no eran diferentes de la mayor\u00eda de la gente. Se sent\u00edan atra\u00eddas por un vestido hermoso o por una cara bonita, pero en cuanto sobreven\u00eda un infortunio, se enfriaba o destru\u00eda la fr\u00e1gil amistad. Pero cuando me volv\u00eda hacia mi Salvador, \u00e9l me consolaba y me proporcionaba solaz. Durante los momentos de dificultad que me aflig\u00edan procuraba intensamente buscar a mi Se\u00f1or, y \u00e9l me daba consuelo. Sent\u00eda la seguridad de que Jes\u00fas me amaba aun a m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda que mi salud hab\u00eda quedado irremediablemente afectada. No pude respirar por la nariz durante dos a\u00f1os, y asist\u00ed a la escuela s\u00f3lo pocas veces. Al parecer era imposible para m\u00ed estudiar y recordar lo aprendido. La misma ni\u00f1a que hab\u00eda ocasionado mi desgracia fue nombrada monitora de la clase por nuestra maestra, y entre otros deberes ten\u00eda el de ayudarme en mis tareas escritas y en otras lecciones. Siempre se mostraba genuinamente apesadumbrada por el grave perjuicio que me hab\u00eda ocasionado, aunque yo ten\u00eda buen cuidado de no record\u00e1rselo. Me trataba con ternura y paciencia, y se mostraba triste y sol\u00edcita al verme empe\u00f1ada trabajosamente, afectada por serias desventajas, en obtener una educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Viv\u00eda en estado de postraci\u00f3n nerviosa, debido a lo cual me temblaba la mano impidi\u00e9ndome progresar en la escritura, ya que a duras penas pod\u00eda hacer sencillos ejercicios con mala letra. Al esforzarme por aplicar la mente al estudio, ve\u00eda juntarse las letras en la p\u00e1gina, la frente se me llenaba de grandes gotas de transpiraci\u00f3n y me sobrecog\u00eda un estado de debilidad y desvanecimiento. Ten\u00eda una tos persistente y todo mi organismo se encontraba debilitado. Mis maestras me aconsejaron que abandonara la escuela y no siguiera estudiando, hasta tanto mejorara mi salud. Fue la lucha m\u00e1s dura de mi joven vida llegar a la conclusi\u00f3n de que deb\u00eda ceder a mi estado de debilidad, dejar de estudiar y renunciar a la esperanza de obtener una educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-19-<\/p>\n\n\n\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s hice un nuevo intento de continuar mis estudios. Pero apenas hube comenzado, nuevamente se me deterior\u00f3 la salud, y result\u00f3 evidente que si continuaba en la escuela ser\u00eda a expensas de mi vida. No volv\u00ed a la escuela despu\u00e9s de los doce a\u00f1os de edad.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda tenido grandes ambiciones de llegar a ser una persona instruida, y al reflexionar en mis esperanzas frustradas y en que ser\u00eda inv\u00e1lida durante toda la vida, me rebelaba contra mi suerte, y en ocasiones me quejaba contra la providencia divina que permit\u00eda que yo experimentara tales aflicciones. Si hubiera compartido mis pensamientos con mi madre, ella me habr\u00eda aconsejado, consolado y animado; pero ocult\u00e9 de mi familia y de mis amigos mis aflictivos pensamientos, porque tem\u00eda que ellos no me comprendieran. Hab\u00eda desaparecido la gozosa confianza en el amor de mi Salvador que hab\u00eda experimentado durante la primera \u00e9poca de mi enfermedad. Tambi\u00e9n se hab\u00eda frustrado mi perspectiva de disfrutar de las cosas del mundo, y parec\u00eda como si el cielo se hubiera cerrado contra m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Mi conversi\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>En marzo de 1840, Guillermo Miller visit\u00f3 la ciudad de Portland, Maine, y dio su primera serie de conferencias acerca de la segunda venida de Cristo. Estas conferencias causaron gran sensaci\u00f3n, por lo que la iglesia cristiana situada en la calle Casco, donde actuaba el Sr. Miller, se encontraba repleta todas las noches. En esas reuniones no hab\u00eda nada de agitaci\u00f3n descontrolada, sino una profunda solemnidad que invad\u00eda las mentes de los que escuchaban sus conferencias. No s\u00f3lo se manifest\u00f3 un inter\u00e9s notable en la ciudad, sino tambi\u00e9n los que viv\u00edan en el campo acud\u00edan todos los d\u00edas llevando sus canastos con comida para quedarse desde la ma\u00f1ana hasta la \u00faltima reuni\u00f3n de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>-20-<\/p>\n\n\n\n<p>Asist\u00ed a esas reuniones en compa\u00f1\u00eda de mis amigas y escuch\u00e9 el asombroso anunci\u00f3 de que Cristo vendr\u00eda en 1843, fecha que se encontraba a s\u00f3lo pocos a\u00f1os en el futuro. El Sr. Miller explicaba las profec\u00edas con una exactitud que despertaba convicci\u00f3n en los corazones de sus oyentes. Hablaba ampliamente de los per\u00edodos prof\u00e9ticos y presentaba muchas pruebas en apoyo de su posici\u00f3n. Sus solemnes y en\u00e9rgicas s\u00faplicas y amonestaciones para los que no se encontraban preparados manten\u00edan fascinadas a las multitudes.<\/p>\n\n\n\n<p>Se realizaron reuniones especiales en las que los pecadores ten\u00edan la oportunidad de buscar a su Salvador y prepararse para los tremendos acontecimientos que pronto suceder\u00edan. El terror y la convicci\u00f3n sobrecogieron a la ciudad entera. Se llevaron a cabo reuniones de oraci\u00f3n y se produjo un despertar general entre las diversas denominaciones, porque todas experimentaron en mayor o menor grado la influencia emanada de la ense\u00f1anza de la proximidad de la venida de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se invit\u00f3 a los pecadores a pasar adelante y a ocupar los asientos especiales reservados para las personas con sentimientos de culpa y deseosas de recibir ayuda espiritual, cientos respondieron a las invitaciones, y yo, juntamente con los dem\u00e1s, me adelant\u00e9 trabajosamente abri\u00e9ndome paso entre la multitud y ocup\u00e9 mi lugar con los que buscaban ayuda. Pero abrigaba en mi coraz\u00f3n el sentimiento de que nunca ser\u00eda digna de ser llamada hija de Dios. La falta de confianza en m\u00ed misma y la convicci\u00f3n de que ser\u00eda imposible hacer que otros comprendieran mis sentimientos, me imped\u00eda buscar consejo y ayuda de mis amigos cristianos. Debido a eso anduve extraviada innecesariamente en tinieblas y desesperaci\u00f3n, mientras ellos, que no hab\u00edan penetrado mi reserva, desconoc\u00edan completamente cu\u00e1l era mi verdadera condici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche mi hermano Roberto y yo volv\u00edamos a casa despu\u00e9s de asistir a la \u00faltima reuni\u00f3n del d\u00eda, luego de escuchar un serm\u00f3n sumamente impresionante acerca del reino de Cristo que se aproximaba a este mundo, seguido de una fervorosa y solemne invitaci\u00f3n a los cristianos y pecadores en la que se los urg\u00eda a prepararse para el juicio y la venida del Se\u00f1or. Lo que escuch\u00e9 hab\u00eda agitado mis sentimientos. Mi sensaci\u00f3n de culpabilidad era tan profunda que tem\u00eda que el Se\u00f1or no se compadecer\u00eda de m\u00ed esa noche y no me permitir\u00eda llegar al hogar sin castigarme.<\/p>\n\n\n\n<p>-21-<\/p>\n\n\n\n<p>Estas palabras continuaban resonando en mis o\u00eddos: \u201c\u00a1El d\u00eda grande de Jehov\u00e1 est\u00e1 cercano! \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 estar en pie cuando \u00e9l se manifieste?\u201d El ruego que surg\u00eda en mi coraz\u00f3n era: \u201c\u00a1No me destruyas, oh Se\u00f1or, durante la noche! \u00a1No me quites mientras permanezco en mis pecados, sino que ten piedad de m\u00ed y s\u00e1lvame!\u201d Por primera vez procur\u00e9 explicar mis sentimientos a mi hermano Roberto, quien era dos a\u00f1os mayor que yo. Le dije que no me atrev\u00eda a descansar ni dormir hasta tener la seguridad de que Dios hab\u00eda perdonado mis pecados.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi hermano no contest\u00f3 en seguida, y pronto comprend\u00ed cu\u00e1l era la causa de su silencio; estaba llorando por simpat\u00eda con mi aflicci\u00f3n. Esto me anim\u00f3 a confiar m\u00e1s a\u00fan en \u00e9l y a contarle que hab\u00eda deseado la muerte en los d\u00edas cuando la vida me parec\u00eda ser una carga tan pesada que no pod\u00eda llevarla. Pero ahora, el pensamiento de que podr\u00eda morir en mi actual condici\u00f3n pecadora y perderme para la eternidad, me llenaba de terror. Le pregunt\u00e9 si \u00e9l pensaba que Dios estar\u00eda dispuesto a perdonarme la vida durante esa noche, si yo la pasaba en angustiosa oraci\u00f3n. Me contest\u00f3: \u201cEstoy convencido que \u00e9l lo har\u00e1 si se lo pides con fe. Orar\u00e9 por ti y por m\u00ed mismo. Elena, no olvides nunca las palabras que hemos escuchado esta noche\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber regresado a casa, pas\u00e9 la mayor parte de la noche en oraci\u00f3n y l\u00e1grimas. Una raz\u00f3n que me induc\u00eda a ocultar mis sentimientos a mis amigos, era que tem\u00eda escuchar palabras desalentadoras. Mi esperanza era tan tenue, y mi fe tan d\u00e9bil, que tem\u00eda que si otra persona llegaba a expresar una opini\u00f3n que concordara con la m\u00eda, eso me har\u00eda caer en la desesperaci\u00f3n. Sin embargo, anhelaba que alguien me dijera qu\u00e9 deb\u00eda hacer para ser salva, y cu\u00e1les pasos deb\u00eda dar para encontrarme con mi Salvador y entregarme sin reservas al Se\u00f1or. Consideraba un gran privilegio ser cristiana y sent\u00eda que eso requer\u00eda un esfuerzo especial de mi parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi mente permaneci\u00f3 en esta condici\u00f3n durante meses. Usualmente asist\u00eda a las reuniones metodistas con mis padres; pero despu\u00e9s de interesarme en la pronta venida de Cristo, hab\u00eda comenzado a asistir a las reuniones que se realizaban en la calle Casco.<\/p>\n\n\n\n<p>-22-<\/p>\n\n\n\n<p>Mis padres asistieron el verano siguiente a las reuniones campestres de reavivamiento espiritual realizadas en Buxton, Maine, y me llevaron con ellos. Hab\u00eda tomado la firme resoluci\u00f3n de buscar fervientemente al Se\u00f1or en ese lugar, y obtener, si ello era posible, el perd\u00f3n de mis pecados. Ten\u00eda en mi coraz\u00f3n el gran anhelo de recibir la esperanza cristiana y la paz producidas por el acto de creer.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed mucho \u00e1nimo al escuchar en un serm\u00f3n estas palabras: \u201cEntrar\u00e9 a ver al rey\u201d y \u201csi perezco, que perezca\u201d. El orador hizo referencia a los que vacilan entre la esperanza y el temor, anhelando ser salvos de sus pecados y recibir el amor perdonador de Cristo, y sin embargo manteni\u00e9ndose en la duda y esclavitud debido a la timidez y al temor al fracaso. Aconsej\u00f3 a tales personas que se entregaran a Dios y que confiaran sin tardanza en su misericordia. Encontrar\u00edan a un Salvador lleno de gracia, as\u00ed como Asuero ofreci\u00f3 a Ester la se\u00f1al de su favor. Lo \u00fanico que se requer\u00eda del pecador que temblaba ante la presencia de su Se\u00f1or, era extender la mano de la fe y tocar el cetro de su gracia. Ese toque aseguraba el perd\u00f3n y la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que esperaban hacerse m\u00e1s dignos del favor divino antes de atreverse a reclamar para s\u00ed mismos las promesas de Dios, estaban cometiendo un error fatal. \u00danicamente Jes\u00fas limpia del pecado; s\u00f3lo \u00e9l puede perdonar nuestras transgresiones. El ha prometido escuchar la petici\u00f3n y contestar la oraci\u00f3n de los que se allegan a \u00e9l con fe. Muchos ten\u00edan la vaga idea de que deb\u00edan realizar alg\u00fan esfuerzo especial para ganar el favor de Dios. Pero toda dependencia de uno mismo es in\u00fatil. El pecador se convierte en hijo de Dios creyente y esperanzado, solamente relacion\u00e1ndose con Jes\u00fas mediante la fe. Estas palabras me reconfortaron y me dieron una idea de lo que deb\u00eda hacer para alcanzar la salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de eso empec\u00e9 a ver con mayor claridad mi camino, y las tinieblas comenzaron a disiparse. Busqu\u00e9 definidamente el perd\u00f3n de mis pecados y me esforc\u00e9 para entregarme por completo al Se\u00f1or. Pero con frecuencia sent\u00eda gran angustia mental porque no experimentaba el \u00e9xtasis espiritual que pensaba que ser\u00eda la evidencia de mi aceptaci\u00f3n por parte de Dios, y no me atrev\u00eda a considerarme convertida sin haberla tenido. \u00a1Cu\u00e1n necesitada de instrucci\u00f3n estaba acerca de la sencillez de esto!<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras me encontraba postrada frente al altar con los dem\u00e1s que buscaban al Se\u00f1or, las \u00fanicas palabras que brotaban de mi coraz\u00f3n eran: \u201c\u00a1Ay\u00fadame, Jes\u00fas; s\u00e1lvame porque perezco! \u00a1No dejar\u00e9 de pedir hasta que escuches mi oraci\u00f3n y perdones mis pecados!\u201d Sent\u00ed como nunca antes mi condici\u00f3n necesitada y sin esperanza. Mientras me encontraba arrodillada y en oraci\u00f3n, repentinamente desapareci\u00f3 mi angustia y sent\u00ed el coraz\u00f3n aligerado. Al comienzo me sobrecogi\u00f3 un sentimiento de alarma y procur\u00e9 sumergirme nuevamente en la angustia. Me parec\u00eda que no ten\u00eda derecho a sentir gozo y felicidad. Pero sent\u00eda que Jes\u00fas estaba muy cerca de m\u00ed; tuve la sensaci\u00f3n de que pod\u00eda acudir a \u00e9l con todas mis preocupaciones, infortunios y pruebas, as\u00ed como los necesitados iban a \u00e9l cuando estaba en este mundo. Experiment\u00e9 la seguridad en mi coraz\u00f3n de que \u00e9l comprend\u00eda mis pruebas peculiares y simpatizaba conmigo. Nunca olvidar\u00e9 la admirable seguridad de la tierna compasi\u00f3n de Jes\u00fas por alguien tan indigna de ser tomada en cuenta por \u00e9l. Aprend\u00ed m\u00e1s del car\u00e1cter divino de Cristo en ese corto per\u00edodo cuando me encontraba postrada con los que oraban, que en cualquier tiempo pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>-23-<\/p>\n\n\n\n<p>Una piadosa hermana se acerc\u00f3 a m\u00ed y me pregunt\u00f3: \u201cQuerida ni\u00f1a, \u00bfhas encontrado a Jes\u00fas?\u201d Estaba por contestarle positivamente, cuando ella exclam\u00f3: \u201c\u00a1Verdaderamente lo has encontrado, porque su paz est\u00e1 contigo, y puedo verlo en tu rostro!\u201d Me pregunt\u00e9 repetidas veces: \u201c\u00bfPuede esto ser religi\u00f3n? \u00bfNo estar\u00e9 equivocada?\u201d Me parec\u00eda algo sobremanera excelente para pretender poseerlo, y un privilegio demasiado elevado. Aunque era excesivamente t\u00edmida para confesarlo en p\u00fablico, sent\u00ed que el Salvador me hab\u00eda bendecido y perdonado.<\/p>\n\n\n\n<p>La serie de reuniones concluy\u00f3 poco despu\u00e9s, por lo que regresamos a casa. Yo ten\u00eda la mente llena con los sermones, las exhortaciones y las oraciones que hab\u00edamos escuchado. Ahora parec\u00eda que todo hab\u00eda cambiado en la naturaleza. Las nubes y la lluvia hab\u00edan predominado una buena parte del tiempo durante las reuniones, y mis sentimientos hab\u00edan estado en armon\u00eda con el tiempo. En cambio ahora el sol brillaba con gran esplendor e inundaba la tierra con su luz y calor. Los \u00e1rboles y la hierba eran de un verde intenso y el cielo ten\u00eda un azul m\u00e1s profundo. La tierra parec\u00eda sonre\u00edr bajo la paz de Dios. As\u00ed tambi\u00e9n los rayos del Sol de Justicia hab\u00edan penetrado a trav\u00e9s de las nubes y las tinieblas de mi mente y disipado la melancol\u00eda que hab\u00eda sentido durante tanto tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que todos estaban en paz con Dios y animados por el Esp\u00edritu Santo. Todo lo que ve\u00eda parec\u00eda haber experimentado un cambio. Los \u00e1rboles eran m\u00e1s hermosos y los cantos de las avecillas m\u00e1s dulces que antes, y parec\u00edan alabar al Creador con sus trinos. No me atrev\u00eda a hablar, porque tem\u00eda que con eso desapareciera la felicidad que sent\u00eda y se perdiera la preciosa evidencia del amor de Jes\u00fas hacia m\u00ed.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi infancia<br \/>\nNac\u00ed en la localidad de Gorham, Maine (Estados Unidos), el 26 de noviembre de 1827. 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