{"id":5126,"date":"2020-11-25T14:53:50","date_gmt":"2020-11-25T14:53:50","guid":{"rendered":"http:\/\/unadeca.net\/cwhite\/?p=5126"},"modified":"2020-11-25T15:01:38","modified_gmt":"2020-11-25T15:01:38","slug":"testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-24-32-dia-002","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/2020\/11\/25\/testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-24-32-dia-002\/","title":{"rendered":"Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 24-32, d\u00eda 002"},"content":{"rendered":"\n<p>Al aproximarnos a nuestro hogar situado en la ciudad de Portland, pasamos junto a hombres que trabajaban en la calle. Conversaban acerca de temas comunes, pero yo ten\u00eda los o\u00eddos cerrados a todo lo que no fuera alabanza a Dios, por lo que escuch\u00e9 sus palabras como gratas expresiones de agradecimiento y gozosos hosannas. Volvi\u00e9ndome hacia mi madre, le dije: \u201cTodos estos hombres est\u00e1n alabando a Dios y ni siquiera han asistido a las reuniones de reavivamiento\u201d. No comprend\u00ed en ese momento por qu\u00e9 los ojos de mi madre se hab\u00edan llenado de l\u00e1grimas y una tierna sonrisa hab\u00eda iluminado su rostro, al escuchar mis sencillas palabras que le hac\u00edan recordar una experiencia personal parecida.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre amaba las flores y sent\u00eda mucho placer cultiv\u00e1ndolas y adornando con ellas el hogar para que resultara placentero para sus hijos. Pero nuestro jard\u00edn nunca antes me hab\u00eda parecido tan hermoso como el d\u00eda en que llegamos de regreso a casa. En cada arbusto, pimpollo y flor reconoc\u00ed una expresi\u00f3n del amor de Jes\u00fas. Estas hermosas cosas parec\u00edan hablar con mudo lenguaje del amor de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En el jard\u00edn hab\u00eda una hermosa flor de tonalidad rosada que llam\u00e1bamos la rosa de Sar\u00f3n. Recuerdo haberme aproximado a ella y tocado con reverencia sus delicados p\u00e9talos, que a mis ojos parec\u00edan tener una cualidad sagrada. Mi coraz\u00f3n rebosaba de ternura y amor por esas hermosas cosas creadas por Dios. Pod\u00eda contemplar la perfecci\u00f3n divina en las flores que adornaban la tierra. Dios se ocupaba de ellas, y sus ojos que todo lo ven no las perd\u00edan de vista. El las hab\u00eda hecho y hab\u00eda dicho que eran buenas en gran manera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cAh -pens\u00e9 yo-, si \u00e9l ama tanto y cuida las flores que ha llenado de belleza, con cu\u00e1nta m\u00e1s ternura cuidar\u00e1 a sus hijos que han sido hechos a su imagen\u201d. Luego repet\u00ed suavemente para m\u00ed misma: \u201cSoy hija de Dios y su amante cuidado me rodea. Ser\u00e9 obediente y de ninguna manera le desagradar\u00e9, sino que alabar\u00e9 su nombre amado y a \u00e9l lo amar\u00e9 siempre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora pod\u00eda contemplar mi vida iluminada por una luz diferente. La aflicci\u00f3n que hab\u00eda ensombrecido mi infancia parec\u00eda que hab\u00eda sido permitida misericordiosamente para mi propio bien, con el fin de apartar mi coraz\u00f3n del mundo y de sus placeres, que no causan satisfacci\u00f3n alguna, y para inclinarlo hacia las atracciones perdurables del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>-25-<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto despu\u00e9s de nuestro regreso de las reuniones de reavivamiento, y juntamente con varios otros, fuimos recibidos condicionalmente en la iglesia. Yo hab\u00eda reflexionado mucho acerca del tema del bautismo. Aunque era muy joven, pod\u00eda ver un solo modo del bautismo autorizado por las Escrituras, y era el bautismo por inmersi\u00f3n. Algunas de mis hermanas metodistas procuraron en vano convencerme de que la aspersi\u00f3n era el bautismo b\u00edblico. El pastor metodista consinti\u00f3 en bautizar por inmersi\u00f3n a los candidatos, si ellos con conocimiento prefer\u00edan ese m\u00e9todo, y al mismo tiempo expres\u00f3 que Dios aceptar\u00eda igualmente la aspersi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente se fij\u00f3 fecha cuando recibir\u00edamos este rito solemne. En un d\u00eda ventoso, doce de nosotros nos dirigimos hacia la costa para ser bautizados en el mar. Grandes olas reventaban en la playa, pero al tomar esta pesada cruz sent\u00eda que mi paz interior se deslizaba suavemente como un r\u00edo en calma. Cuando me levant\u00e9 del agua casi me hab\u00edan abandonado mis fuerzas, porque el poder de Dios hab\u00eda descansado sobre m\u00ed. Sent\u00ed que en adelante no pertenecer\u00eda a este mundo, porque me hab\u00eda levantado de la tumba l\u00edquida y hab\u00eda surgido a una nueva vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese mismo d\u00eda en la tarde fui recibida en la iglesia como miembro regular. Junto a m\u00ed se encontraba una joven que tambi\u00e9n era candidata a ser admitida en la iglesia. La paz y la felicidad llenaban mi mente, hasta que vi anillos de oro que reluc\u00edan en los dedos de esta hermana y los grandes aretes que pend\u00edan ostentosamente de sus orejas. Luego observ\u00e9 que ten\u00eda el sombrero adornado con flores artificiales y costosas cintas dispuestas en lazos y mo\u00f1os. Mi gozo se convirti\u00f3 en tristeza debido a este despliegue de vanidad en una persona que pretend\u00eda ser seguidora del humilde y manso Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo esperaba que el pastor reprendiera disimuladamente o aconsejara a esta hermana, pero \u00e9l no tom\u00f3 en cuenta sus adornos ostentosos y no la reproch\u00f3. Ambas fuimos recibidas como miembros de la iglesia. La mano adornada con joyas fue estrechada por el representante de Cristo y los nombres de ambas fueron inscritos en el libro de la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>-26-<\/p>\n\n\n\n<p>Esta circunstancia me caus\u00f3 no poca incertidumbre y tribulaci\u00f3n al recordar las palabras del ap\u00f3stol: \u201cAsimismo que las mujeres se atav\u00eden de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad\u201d. 1 Timoteo 2:9-10. La ense\u00f1anza contenida en este pasaje b\u00edblico al parecer era abiertamente pasada por alto por personas a quienes yo consideraba cristianas devotas y que ten\u00edan m\u00e1s experiencia que yo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si en realidad era tan pecaminoso como yo supon\u00eda imitar la vestimenta extravagante de los mundanos, ciertamente estas cristianas lo comprender\u00edan y se conformar\u00edan a la norma b\u00edblica. Sin embargo, decid\u00ed en mi fuero interno seguir mis convicciones en lo que se refer\u00eda al deber. No pude dejar de sentir que era contrario al esp\u00edritu del Evangelio dedicar el tiempo y los recursos dados por Dios al adorno personal, y que la humildad y el renunciamiento eran m\u00e1s apropiados para las personas cuyos pecados hab\u00edan costado el sacrificio infinito del Hijo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Sentimientos de desesperaci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>En junio de 1842, el Sr. Miller present\u00f3 su segunda serie de conferencias en Portland. Consider\u00e9 un gran privilegio poder asistir, porque me hab\u00eda desanimado y no me sent\u00eda preparada para encontrarme con mi Salvador. Esta segunda serie despert\u00f3 una conmoci\u00f3n mucho mayor que la primera. Con pocas excepciones, las diferentes denominaciones cerraron las puertas de sus iglesias al Sr. Miller. Numerosos discursos pronunciados desde diversos p\u00falpitos trataron de poner de manifiesto los supuestos errores fan\u00e1ticos del conferenciante; sin embargo, a pesar de esto, grandes grupos de ansiosos oyentes asistieron a sus reuniones y muchos no pudieron entrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los asistentes permanec\u00edan tranquilos y atentos. La manera de predicar del Sr. Miller no era florida ni elocuente; en cambio presentaba hechos sencillos y asombrosos que sacud\u00edan a los oyentes y los sacaban de su descuidada indiferencia. A medida que avanzaba iba apoyando sus declaraciones y teor\u00edas mediante las Escrituras. Sus palabras estaban revestidas de un poder de convicci\u00f3n que parec\u00eda ponerles el sello del lenguaje de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>-27-<\/p>\n\n\n\n<p>El predicador era cort\u00e9s y compasivo. En ocasiones cuando todos los asientos estaban ocupados, y tambi\u00e9n estaban llenos la plataforma y los lugares alrededor del p\u00falpito, lo vi abandonar el p\u00falpito y caminar por el pasillo para tomar de la mano a alg\u00fan d\u00e9bil anciano o anciana y conducirlos hasta un asiento, y luego regresar para reanudar su conferencia. Verdaderamente le quedaba bien el apodo de Pap\u00e1 Miller, porque se preocupaba con dedicaci\u00f3n de las personas con quienes se pon\u00eda en contacto, ten\u00eda modales afectuosos, una disposici\u00f3n cordial y un coraz\u00f3n tierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un orador interesante y las exhortaciones que presentaba, tanto para los cristianos profesos como para los impenitentes, eran apropiadas y poderosas. Algunas veces en sus reuniones imperaba una atm\u00f3sfera solemne tan definida que llegaba a ser dolorosa. Muchas personas se somet\u00edan a las convicciones del Esp\u00edritu de Dios. Hombres de cabellos canos y mujeres de edad avanzada se encaminaban temblorosos hacia los asientos reservados para los que buscaban ayuda espiritual. Las personas de edad madura, los j\u00f3venes y los ni\u00f1os eran sacudidos profundamente. En el altar de oraci\u00f3n se mezclaban los gemidos con la voz del llanto y las expresiones de alabanza a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo cre\u00eda las solemnes palabras que hablaba el siervo de Dios, y sent\u00eda aflicci\u00f3n cuando alguien se opon\u00eda a ellas o cuando se las hac\u00eda objeto de burla. Asist\u00ed con frecuencia a esas reuniones y cre\u00eda que Jes\u00fas vendr\u00eda pronto en las nubes del cielo; pero mi gran preocupaci\u00f3n consist\u00eda en estar lista para encontrarme con \u00e9l. Mi mente constantemente se extend\u00eda en el tema de la santidad del coraz\u00f3n. Anhelaba sobre todas las dem\u00e1s cosas obtener esta gran bendici\u00f3n y sentir que hab\u00eda sido completamente aceptada por Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los metodistas hab\u00eda escuchado muchas veces hablar acerca de la santificaci\u00f3n. Hab\u00eda visto algunas personas que hab\u00edan perdido su fortaleza f\u00edsica bajo la influencia de poderosa agitaci\u00f3n mental, y hab\u00eda o\u00eddo decir que eso era una evidencia de santificaci\u00f3n. Pero no pod\u00eda comprender qu\u00e9 era necesario hacer a fin de estar plenamente consagrada a Dios. Mis amigas cristianas me dec\u00edan: \u201c\u00a1Cree en Jes\u00fas ahora! \u00a1Cree que \u00e9l te acepta ahora!\u201d Trat\u00e9 de hacer como me dec\u00edan, pero encontr\u00e9 que era imposible creer que hab\u00eda recibido una bendici\u00f3n, la cual, me parec\u00eda a m\u00ed, deb\u00eda conmover mi ser entero. Me admiraba de mi propia dureza de coraz\u00f3n, que resultaba evidente al ser incapaz de experimentar la exaltaci\u00f3n de esp\u00edritu que otras personas manifestaban. Me parec\u00eda que yo era diferente de los dem\u00e1s y que hab\u00eda sido excluida para siempre del perfecto gozo de la santidad de coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-28-<\/p>\n\n\n\n<p>Mis ideas acerca de la justificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n eran confusas. Estos dos estados se presentaban a mi mente como separados y distintos el uno del otro; y sin embargo no lograba comprender cu\u00e1l era esa diferencia ni entender el significado de estos t\u00e9rminos, y todas las explicaciones dadas por los predicadores ten\u00edan como \u00fanico resultado aumentar mis dificultades. Era incapaz de reclamar esa bendici\u00f3n para m\u00ed misma, y me preguntaba si no estar\u00eda reservada \u00fanicamente para los metodistas, y si al asistir a las reuniones adventistas no me estaba excluyendo por mi propia voluntad precisamente de lo que anhelaba por encima de todas las dem\u00e1s cosas, que era la santificaci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, observaba que algunos que pretend\u00edan estar santificados, se mostraban \u00e1speros y mordaces cuando se introduc\u00eda el tema de la pronta venida de Cristo; y esto no me parec\u00eda ser una manifestaci\u00f3n de la santidad que ellos profesaban. No pod\u00eda comprender por qu\u00e9 los pastores ten\u00edan que manifestar desde el p\u00falpito una oposici\u00f3n tan definida contra la doctrina de que la segunda venida de Cristo estaba cercana. La predicaci\u00f3n de esta creencia hab\u00eda producido un movimiento de reforma personal, y muchos de los pastores y laicos m\u00e1s consagrados la hab\u00edan recibido como la verdad. Me parec\u00eda a m\u00ed que los que sinceramente amaban a Jes\u00fas deb\u00edan estar dispuestos a aceptar las nuevas de su venida y a regocijarse porque estaba cercana.<\/p>\n\n\n\n<p>Sent\u00ed que pod\u00eda aceptar \u00fanicamente lo que esas personas llamaban justificaci\u00f3n. Hab\u00eda le\u00eddo en la Palabra de Dios que sin santidad nadie podr\u00eda ver a Dios. Luego, exist\u00eda una realizaci\u00f3n superior que yo deb\u00eda alcanzar antes de tener la seguridad de la vida eterna. Reflexionaba continuamente sobre el tema, porque estaba convencida de que Cristo vendr\u00eda pronto y tem\u00eda que \u00e9l me encontrara sin preparaci\u00f3n para recibirlo. Las expresiones de condenaci\u00f3n resonaban en mis o\u00eddos d\u00eda y noche y el ruego que constantemente presentaba a Dios era: \u00bfqu\u00e9 debo hacer para ser salva?<\/p>\n\n\n\n<p>En mi mente, la justicia de Dios eclipsaba su misericordia y su amor. Me hab\u00edan ense\u00f1ado a creer en un infierno que ard\u00eda eternamente, y ten\u00eda constantemente delante de m\u00ed el pensamiento horrorizante de que mis pecados eran demasiado grandes para ser perdonados, por lo que me perder\u00eda para siempre. Las terribles descripciones que hab\u00eda escuchado acerca de almas que se encontraban perdidas se hab\u00edan asentado profundamente en mi conciencia. Los pastores presentaban desde el p\u00falpito descripciones v\u00edvidas acerca de la condici\u00f3n de los perdidos. Ense\u00f1aban que Dios no se propon\u00eda salvar a nadie m\u00e1s fuera de los que hab\u00edan alcanzado la santificaci\u00f3n. Los ojos de Dios estaban constantemente sobre nosotros; todos los pecados quedaban registrados y recibir\u00edan un justo castigo. Dios mismo se ocupaba de los libros con la precisi\u00f3n de la sabidur\u00eda infinita, y todos los pecados que comet\u00edamos eran fielmente registrados contra nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>-29-<\/p>\n\n\n\n<p>Satan\u00e1s era presentado como un ser ansioso de lanzarse sobre su presa y de arrastrarnos a las profundidades m\u00e1s grandes de angustia, para all\u00ed regocijarse por nuestros sufrimientos en los horrores de un infierno que ard\u00eda eternamente, donde despu\u00e9s de las torturas de miles y miles de a\u00f1os, las olas \u00edgneas sacar\u00edan a la superficie a las v\u00edctimas que se retorc\u00edan de dolor y que gritar\u00edan: \u201c\u00bfHasta cu\u00e1ndo, oh Se\u00f1or, hasta cu\u00e1ndo?\u201d Y la respuesta descender\u00eda resonando hasta las profundidades del abismo: \u201c\u00a1Durante toda la eternidad!\u201d Nuevamente las olas \u00edgneas rodear\u00edan a los perdidos y los arrastrar\u00edan a las profundidades de un mar de fuego en perpetuo movimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras escuchaba estas terribles descripciones, mi imaginaci\u00f3n quedaba de tal manera sobrecargada que me pon\u00eda a transpirar y a duras penas pod\u00eda reprimir un grito de angustia, porque ya me parec\u00eda sentir los dolores de la perdici\u00f3n. Despu\u00e9s de eso, el pastor hablaba de la incertidumbre de la vida. En un momento podemos estar sobre la faz de la tierra y en el momento siguiente podemos encontrarnos en el infierno, o bien en un momento podemos estar en la tierra y en el momento siguiente en el cielo. \u00bfElegir\u00edamos el lago de fuego y la compa\u00f1\u00eda de los demonios, o bien las bendiciones del cielo con los \u00e1ngeles como nuestros compa\u00f1eros? \u00bfEscuchar\u00edamos los lamentos y las maldiciones de las almas perdidas durante toda la eternidad o bien entonar\u00edamos los c\u00e1nticos de Jes\u00fas ante el trono?<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro Padre celestial era presentado ante mi mente como un tirano que se deleitaba en las agon\u00edas de los condenados, y no como el tierno y compasivo Amigo de los pecadores, quien ama a sus criaturas con un amor que sobrepasa todo entendimiento y que desea verlas salvadas en su reino.<\/p>\n\n\n\n<p>-30-<\/p>\n\n\n\n<p>Mis sentimientos eran muy tiernos. Me causaba aflicci\u00f3n la idea de provocar dolor a cualquier criatura viviente. Cuando ve\u00eda que los animales eran maltratados me compadec\u00eda de ellos. Probablemente el sufrimiento despertaba en m\u00ed f\u00e1cilmente sentimientos de compasi\u00f3n porque yo misma hab\u00eda sido v\u00edctima de la crueldad irreflexiva que hab\u00eda producido como resultado la herida que hab\u00eda oscurecido mi infancia. Pero cuando se posesion\u00f3 de mi mente el pensamiento de que Dios se complac\u00eda en la tortura de sus criaturas, que hab\u00edan sido formadas a su imagen, una muralla de tinieblas me separ\u00f3 de \u00e9l. Al reflexionar en que el Creador del universo hundir\u00eda a los imp\u00edos en el infierno, para que se quemaran durante la eternidad sin fin, el miedo invadi\u00f3 mi coraz\u00f3n y perd\u00ed la esperanza de que un ser tan cruel y tirano llegara alguna vez a condescender en salvarme de la condenaci\u00f3n del pecado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensaba que mi suerte ser\u00eda la del pecador condenado, y que tendr\u00eda que soportar eternamente las llamas del infierno durante tanto tiempo como existiera Dios. Esta impresi\u00f3n se profundiz\u00f3 en mi mente hasta el punto en que tem\u00ed perder la raz\u00f3n. Miraba con envidia a las bestias irracionales, porque carec\u00edan de un alma que pod\u00eda ser castigada despu\u00e9s de la muerte. Muchas veces abrigu\u00e9 el pensamiento de que hubiera sido preferible no haber nacido.<\/p>\n\n\n\n<p>Me hall\u00e9 completamente rodeada por las tinieblas, sin ver ning\u00fan camino de salida que me sacara de las sombras. Si se me hubiera presentado la verdad en la forma en que ahora la conozco, no hubiera tenido necesidad de experimentar tanta confusi\u00f3n y tristeza. Si los predicadores hubieran hablado m\u00e1s del amor de Dios y menos de su estricta justicia, la belleza y la gloria de su car\u00e1cter me hubieran inspirado con un profundo y ferviente amor hacia mi Creador.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de eso he pensado que muchos alienados mentales que pueblan los asilos para enfermos de la mente, llegaron a ese lugar a causa de experiencias similares a las que yo misma hab\u00eda tenido. Su conciencia recibi\u00f3 el impacto de un sentimiento abrumador de culpa y pecado, y su fe temblorosa no se atrevi\u00f3 a reclamar el perd\u00f3n prometido por Dios. Escucharon las descripciones del infierno ortodoxo hasta que se les hel\u00f3 la sangre en las venas a causa del temor y en su memoria se grab\u00f3 en forma indeleble una impresi\u00f3n de terror. El horroroso cuadro permaneci\u00f3 siempre delante de ellos, en las horas de vigilia como durante el sue\u00f1o, hasta que la realidad se perdi\u00f3 en su imaginaci\u00f3n y contemplaron \u00fanicamente las serpenteantes llamas de un fabuloso infierno y escucharon tan s\u00f3lo los gritos desgarradores de los condenados. La raz\u00f3n qued\u00f3 destronada y el cerebro se llen\u00f3 de las descabelladas fantas\u00edas de una terrible pesadilla. Los que ense\u00f1an la doctrina de un infierno eterno har\u00edan bien en examinar m\u00e1s de cerca la autoridad con la que respaldan una creencia tan cruel.<\/p>\n\n\n\n<p>-31-<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca hab\u00eda orado en p\u00fablico y hab\u00eda pronunciado tan s\u00f3lo unas pocas expresiones t\u00edmidas durante las reuniones de oraci\u00f3n. Tuve la impresi\u00f3n de que en adelante deb\u00eda buscar a Dios en oraci\u00f3n en nuestras reducidas reuniones sociales. No me atrev\u00eda por temor a confundirme, hasta el grado de no conseguir expresar mis pensamientos. Pero ese deber qued\u00f3 impreso con tanta fuerza en mi mente, que cuando intentaba orar en secreto me parec\u00eda que me estaba burlando de Dios, porque hab\u00eda fracasado en mi intento de obedecer su voluntad. Me llen\u00e9 de desesperaci\u00f3n y durante tres largas semanas ning\u00fan rayo de luz penetr\u00f3 las tinieblas que me hab\u00edan rodeado.<\/p>\n\n\n\n<p>Experimentaba intensos sufrimientos mentales. En algunos casos no me atrev\u00eda a cerrar los ojos durante toda la noche, sino que esperaba hasta que mi hermana gemela estuviera profundamente dormida para salir calladamente de la cama y arrodillarme en el suelo para orar silenciosamente, con una inmensa agon\u00eda de esp\u00edritu que no puedo describir. Ten\u00eda siempre ante m\u00ed los horrores de un infierno que ard\u00eda eternamente. Sab\u00eda que ser\u00eda imposible para m\u00ed vivir durante mucho tiempo m\u00e1s en esta condici\u00f3n, pero no me atrev\u00eda a morir y sufrir la terrible suerte del pecador. \u00a1Con cu\u00e1nta envidia consideraba a los que hab\u00edan logrado la seguridad de haber sido aceptados por Dios! \u00a1Cu\u00e1n preciosa resultaba la esperanza del cristiano para mi alma en agon\u00eda!<\/p>\n\n\n\n<p>Con frecuencia permanec\u00eda postrada en oraci\u00f3n durante casi toda la noche. Gem\u00eda y temblaba con angustia inexpresable y una desesperaci\u00f3n que desafiaba toda descripci\u00f3n. \u00a1Se\u00f1or, ten misericordia! era mi s\u00faplica, y lo mismo que el pobre publicano, no me atrev\u00eda a levantar mis ojos hacia el cielo, sino que bajaba mi rostro hasta el suelo. Perd\u00ed peso notablemente y mis fuerzas disminuyeron, y sin embargo no compart\u00ed con nadie mi sufrimiento y desesperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>-32-<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras me encontraba en este estado de abatimiento tuve un sue\u00f1o que me impresion\u00f3 profundamente. So\u00f1\u00e9 que ve\u00eda un templo hacia el que se dirig\u00eda mucha gente. Solamente los que se refugiaban en ese templo se salvar\u00edan cuando se acabara el tiempo. Todos los que permanecieran afuera se perder\u00edan para la eternidad. Las multitudes que estaban afuera y que llevaban a cabo sus tareas acostumbradas se burlaban y ridiculizaban a los que entraban en el templo. Les dec\u00edan que ese plan de seguridad era un enga\u00f1o astuto, y que en realidad no exist\u00eda da\u00f1o alguno que se deb\u00eda evitar. Hasta echaron mano de algunos para impedir que se apresurasen a entrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Temiendo quedar en rid\u00edculo, pens\u00e9 que era mejor esperar hasta que se dispersara la multitud, o hasta poder entrar sin ser vista. Pero la gente aumentaba en lugar de disminuir, por lo cual, temerosa de que fuera demasiado tarde, sal\u00ed apresuradamente de mi hogar y me abr\u00ed paso dificultosamente entre la multitud. En mi af\u00e1n por llegar al templo, no repar\u00e9 en la muchedumbre que me rodeaba, ni me preocup\u00e9 de ella. Al entrar en el edificio, vi que el amplio templo estaba sostenido por una inmensa columna a la que estaba atado un cordero mutilado y sangrante. Los que est\u00e1bamos en ese lugar sab\u00edamos que este cordero hab\u00eda sido desgarrado y herido por causa de nosotros. Todos los que entraban en el templo deb\u00edan comparecer ante \u00e9l y confesar sus pecados.<\/p>\n\n\n\n<p>Justamente delante del cordero hab\u00eda asientos elevados en los que estaba sentada una cantidad de gente con aspecto muy feliz. La luz del cielo brillaba sobre sus rostros y alababan a Dios y cantaban himnos de gozoso agradecimiento que sonaban como m\u00fasica de \u00e1ngeles. Eran los que hab\u00edan comparecido ante el cordero, confesado sus pecados, recibido perd\u00f3n y que ahora esperaban que sucediera alg\u00fan gozoso acontecimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Aun despu\u00e9s de haber entrado en el edificio me sobrecogi\u00f3 un sentimiento de verg\u00fcenza porque deb\u00eda humillarme delante de esa gente. Pero me sent\u00ed compelida a avanzar, y mientras caminaba lentamente para rodear la columna a fin de comparecer ante el cordero, reson\u00f3 una trompeta, el templo se sacudi\u00f3, los santos congregados profirieron exclamaciones de triunfo, un impresionante resplandor ilumin\u00f3 el edificio y luego todo qued\u00f3 sumido en intensa oscuridad. La gente que hab\u00eda dado muestras de gran gozo hab\u00eda desaparecido con el resplandor, y yo qued\u00e9 sola en el silencioso horror nocturno. Despert\u00e9 en un estado de aflicci\u00f3n extrema y a duras penas pude convencerme de que hab\u00eda estado so\u00f1ando. Tuve la impresi\u00f3n de que se hab\u00eda decidido mi condenaci\u00f3n y que el Esp\u00edritu del Se\u00f1or me hab\u00eda abandonado para nunca m\u00e1s retornar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al aproximarnos a nuestro hogar situado en la ciudad de Portland, pasamos junto a hombres que trabajaban en la calle. Conversaban acerca de temas comunes, pero yo ten\u00eda los o\u00eddos cerrados a todo lo que no fuera alabanza a Dios, por lo que escuch\u00e9 sus palabras como gratas expresiones de agradecimiento y gozosos hosannas. Volvi\u00e9ndome hacia mi madre, le dije: \u201cTodos estos hombres est\u00e1n alabando a Dios y ni siquiera han asistido a las reuniones de reavivamiento\u201d. No comprend\u00ed en ese momento por qu\u00e9 los ojos de mi madre se hab\u00edan llenado de l\u00e1grimas y una tierna sonrisa hab\u00eda iluminado su rostro, al escuchar mis sencillas palabras que le hac\u00edan recordar una experiencia personal parecida.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":5127,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[76],"tags":[],"class_list":["post-5126","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-plan-de-reavivamiento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5126","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5126"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5126\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5128,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5126\/revisions\/5128"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5127"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5126"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5126"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5126"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}