{"id":5144,"date":"2020-11-25T15:03:46","date_gmt":"2020-11-25T15:03:46","guid":{"rendered":"http:\/\/unadeca.net\/cwhite\/?p=5144"},"modified":"2020-11-25T15:05:25","modified_gmt":"2020-11-25T15:05:25","slug":"testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-78-86-dia-008","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/2020\/11\/25\/testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-78-86-dia-008\/","title":{"rendered":"Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 78-86, d\u00eda 008"},"content":{"rendered":"\n<p>Nuestro Maestro conoci\u00f3 el dolor y la aflicci\u00f3n, y los que sufran con \u00e9l reinar\u00e1n con \u00e9l. Cuando el Se\u00f1or se le apareci\u00f3 a Saulo en ocasi\u00f3n de su conversi\u00f3n, no se propuso mostrarle todo el bien de que podr\u00eda disfrutar, sino los grandes sufrimientos que tendr\u00eda que padecer en su nombre. El sufrimiento ha sido la suerte del pueblo de Dios desde los d\u00edas del m\u00e1rtir Abel. Los patriarcas sufrieron por ser leales a Dios y obedientes a sus mandamientos. La gran Cabeza de la iglesia sufri\u00f3 por nosotros; sus primeros ap\u00f3stoles y la iglesia primitiva tambi\u00e9n sufrieron; los millones de m\u00e1rtires sufrieron y sufrieron tambi\u00e9n los reformadores. \u00bfY por qu\u00e9 habr\u00edamos nosotros\u2014que tenemos la bendita esperanza de la inmortalidad, que se convertir\u00e1 en realidad en el momento de la venida de Cristo, la cual no demorar\u00e1 mucho\u2014, de acobardarnos a causa de una vida de sufrimiento? Si fuera posible tener acceso al \u00e1rbol de la vida que est\u00e1 en medio del para\u00edso de Dios, sin experimentar antes sufrimientos, no disfrutar\u00edamos de una recompensa tan valiosa por no haber sufrido por ella. Nos apartar\u00edamos de la gloria; nos sobrecoger\u00eda la verg\u00fcenza ante la presencia de los que pelearon la buena batalla, que corrieron la carrera con paciencia y que se aferraron a la vida eterna. Pero no habr\u00e1 all\u00ed nadie que no haya elegido, como Mois\u00e9s, padecer aflicciones con el pueblo de Dios. El profeta Juan vio la multitud de los redimidos, y pregunt\u00f3 qui\u00e9nes eran. Recibi\u00f3 esta respuesta: \u201cEstos son los que han salido de gran tribulaci\u00f3n, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero\u201d. Apocalipsis 7:14.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando comenzamos a presentar la luz acerca de la cuesti\u00f3n del s\u00e1bado, no ten\u00edamos una idea claramente definida acerca del mensaje del tercer \u00e1ngel de Apocalipsis 14:9-12. El \u00e9nfasis mayor del testimonio que d\u00e1bamos a la gente consist\u00eda en que el gran movimiento que anunciaba la segunda venida era de Dios, que los mensajes del primer y segundo \u00e1ngeles ya hab\u00edan sido dados y que el mensaje del tercer \u00e1ngel deb\u00eda darse. Vimos que el mensaje del tercer \u00e1ngel conclu\u00eda con esta palabras: \u201cAqu\u00ed est\u00e1 la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jes\u00fas\u201d. Apocalipsis 14:12. Y vimos tan claramente entonces, como ahora lo vemos, que esas palabras prof\u00e9ticas sugieren una reforma acerca del d\u00eda de reposo. Pero no ten\u00edamos una posici\u00f3n definida acerca de lo que era la adoraci\u00f3n de la bestia mencionada en ese pasaje ni del significado de la imagen y la marca de la bestia.<\/p>\n\n\n\n<p>-79-<\/p>\n\n\n\n<p>Dios utiliz\u00f3 su Santo Esp\u00edritu para hacer brillar la luz sobre sus siervos, y con eso el tema se fue aclarando poco a poco en sus mentes. Su investigaci\u00f3n requiri\u00f3 mucho estudio y gran cuidado para desentra\u00f1ar eslab\u00f3n tras eslab\u00f3n. Gracias a la preocupaci\u00f3n, la ansiedad y el trabajo incesante, ha avanzado la obra hasta que las grandes verdades de nuestro mensaje han llegado a constituir un todo claro, eslabonado y perfecto, que se ha predicado al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Habl\u00e9 anteriormente de mi relaci\u00f3n con el pastor Bates. Encontr\u00e9 que se trataba de un caballero cristiano genuino, cort\u00e9s y bondadoso. Me trat\u00f3 con gran ternura, como si hubiera sido su hija. La primera vez que me oy\u00f3 hablar manifest\u00f3 gran inter\u00e9s. Cuando termin\u00e9 mi discurso, se levant\u00f3 y dijo: \u201cYo tengo mis dudas, como Tom\u00e1s. No creo en visiones. Pero si pudiera creer que el testimonio que la hermana ha presentado esta noche es en realidad la voz de Dios para nosotros, ser\u00eda el hombre m\u00e1s feliz. He quedado profundamente conmovido. Creo que la oradora es una persona sincera, pero no puedo explicar c\u00f3mo es posible que a ella se le hayan mostrado las cosas admirables que acaba de presentarnos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocos meses despu\u00e9s de mi casamiento, asist\u00ed con mi esposo a unas reuniones llevadas a cabo en Topsham, Maine, a las que tambi\u00e9n asisti\u00f3 el pastor Bates. Por entonces a\u00fan no cre\u00eda que mis visiones procedieran de Dios. Esa reuni\u00f3n fue una ocasi\u00f3n de mucho inter\u00e9s. El Esp\u00edritu de Dios descendi\u00f3 sobre m\u00ed y recib\u00ed una visi\u00f3n de la gloria de Dios, y por primera vez pude contemplar otros planetas. Cuando sal\u00ed de la visi\u00f3n, relat\u00e9 lo que hab\u00eda visto. Entonces el pastor Bates me pregunt\u00f3 si hab\u00eda estudiado astronom\u00eda. Contest\u00e9 que no recordaba haber le\u00eddo ni estudiado nada sobre astronom\u00eda. El dijo: \u201cEsto procede del Se\u00f1or\u201d. Nunca antes lo hab\u00eda visto tan aliviado y feliz. Su rostro brillaba con la luz del cielo, y exhortaba poderosamente a la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>-80-<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de esas reuniones mi esposo y yo regresamos a Gorham, lugar donde mis padres viv\u00edan. All\u00ed enferm\u00e9 de gravedad y sufr\u00ed much\u00edsimo. Mis padres, mi esposo y mis hermanas se unieron en oraci\u00f3n por m\u00ed, pero continu\u00e9 sufriendo durante tres semanas. Con frecuencia ca\u00eda desmayada, como si estuviera muerta; pero reviv\u00eda como respuesta a las oraciones. Mi agon\u00eda era tan intensa que rogaba a los que se encontraban junto a m\u00ed que no siguieran orando por mi restablecimiento, porque pensaba que sus oraciones s\u00f3lo prolongaban mis sufrimientos. Nuestros vecinos me dieron por muerta. Al Se\u00f1or le pareci\u00f3 bien probar nuestra fe durante un tiempo. Un d\u00eda, mientras mis amigos nuevamente se encontraban reunidos para orar en mi favor, un hermano que se encontraba presente y manifestaba una gran preocupaci\u00f3n por m\u00ed, con el poder de Dios descansando sobre \u00e9l se levant\u00f3 de sus rodillas, vino hasta donde yo me encontraba y colocando las manos sobre mi cabeza, dijo: \u201cHermana Elena, Jesucristo te sana\u201d; luego cay\u00f3 hacia atr\u00e1s postrado por el poder de Dios. Acept\u00e9 que ese acto proced\u00eda de Dios y me abandon\u00f3 el dolor. Me llen\u00e9 de agradecimiento y de paz. En mi coraz\u00f3n ten\u00eda este pensamiento: \u201cNo existe ayuda para nosotros fuera de Dios. Podemos disfrutar de paz \u00fanicamente cuando descansamos en \u00e9l y esperamos su salvaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente sobrevino una fuerte tormenta, por lo que ninguno de nuestros vecinos vino a visitarnos. Me levant\u00e9 y me fui a la sala de la casa. Cuando algunos vecinos vieron que las ventanas de mi cuarto estaban abiertas, supusieron que hab\u00eda muerto. No sab\u00edan que el gran M\u00e9dico hab\u00eda entrado misericordiosamente en nuestra morada, hab\u00eda reprochado a la enfermedad y me hab\u00eda librado de ella. Al d\u00eda siguiente viajamos casi sesenta kil\u00f3metros hasta Topsham. Algunas personas le preguntaron a mi padre cu\u00e1ndo realizar\u00edan el funeral. Mi padre pregunt\u00f3: \u201c\u00bfDe qu\u00e9 funeral hablan?\u201d \u201cDel funeral de su hija\u201d, fue la respuesta. Mi padre respondi\u00f3: \u201cElla ha sido sanada por la oraci\u00f3n de fe y ahora va en camino hacia Topsham\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunas semanas despu\u00e9s de esto, mientras viaj\u00e1bamos hacia Boston, tomamos el barco de vapor en Portland. Se levant\u00f3 una fuerte tormenta y corr\u00edamos un tremendo riesgo. El barco se balanceaba peligrosamente y las olas se estrellaban contra las ventanas de los camarotes. Reinaba mucho temor en el sector de las damas. Muchas confesaban sus pecados y clamaban a Dios pidiendo misericordia. Algunas invocaban a la Virgen Mar\u00eda para que las protegiera, mientras otras hac\u00edan solemnes promesas a Dios de que si llegaban a tierra a salvo dedicar\u00edan sus vidas a su servicio. Era una escena de terror y confusi\u00f3n. Mientras el barco cabeceaba, una dama se volvi\u00f3 hacia m\u00ed y me dijo: \u201c\u00bfUsted no siente miedo? Considero que es un hecho que nunca llegaremos a tierra\u201d. Le dije que hab\u00eda buscado refugio en Cristo y que si yo hab\u00eda terminado mi obra pod\u00eda muy bien descansar en el fondo del oc\u00e9ano como en cualquier otro lugar; pero si mi obra todav\u00eda no hab\u00eda concluido, todas las aguas del oc\u00e9ano no bastar\u00edan para ahogarme. Ten\u00eda mi confianza puesta en Dios, y \u00e9l nos llevar\u00eda a salvo hasta nuestro destino, si eso contribu\u00eda a su gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>-81-<\/p>\n\n\n\n<p>En ese momento apreci\u00e9 la esperanza cristiana. La escena que se desarrollaba ante m\u00ed trajo a mi mente v\u00edvidos pensamientos acerca del d\u00eda terrible de la ira divina, cuando los pobres pecadores ser\u00e1n sobrecogidos por la tormenta de su ira. Entonces habr\u00e1 amargas exclamaciones de reconvenci\u00f3n y l\u00e1grimas, confesiones de los pecados cometidos y ruegos pidiendo misericordia; pero ser\u00e1 demasiado tarde. \u201cPor cuanto llam\u00e9 y no quisisteis o\u00edr, extend\u00ed mi mano, y no hubo quien atendiese, sino que desechasteis todo consejo m\u00edo y mi reprensi\u00f3n no quisisteis, tambi\u00e9n yo me reir\u00e9 en vuestra calamidad\u201d. Proverbios 1:24-26.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la misericordia divina todos llegamos a salvo a tierra. Pero algunos de los pasajeros que hab\u00edan manifestado gran temor durante la tormenta, hablaron despreocupadamente de ella y dijeron que sus temores hab\u00edan sido infundados. Una dama que hab\u00eda prometido solemnemente que se har\u00eda cristiana si se le salvaba la vida y pod\u00eda ver tierra nuevamente, al salir del barco exclam\u00f3 burlonamente: \u201c\u00a1Gloria a Dios, me alegro de volver a pisar tierra!\u201d Le ped\u00ed que retrocediera en su pensamiento algunas horas, y recordara la promesa que hab\u00eda hecho. Se alej\u00f3 de m\u00ed con una expresi\u00f3n de desprecio.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso me hizo recordar el arrepentimiento que algunos sienten cuando est\u00e1n en el lecho de muerte. Algunas personas se sirven a s\u00ed mismas y a Satan\u00e1s durante toda su vida, y luego caen afligidas por la enfermedad, lo cual las hunde en la incertidumbre; manifiestan cierto grado de aflicci\u00f3n por el pecado, y tal vez se muestran dispuestas a morir, y sus amigos les hacen creer que se han convertido genuinamente y est\u00e1n listas para el cielo. Pero si estas personas recuperan la salud, siguen siendo tan rebeldes como siempre. Acuden a mi mente las palabras de (Proverbios 1:27-28): \u201cCuando viniere como una destrucci\u00f3n lo que tem\u00e9is, y vuestra calamidad llegare como un torbellino; cuando sobre vosotros viniere tribulaci\u00f3n y angustia, entonces me llamar\u00e1n, y no responder\u00e9; me buscar\u00e1n de ma\u00f1ana, y no me hallar\u00e1n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>-82-<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro hijo mayor, Enrique Nicol\u00e1s White, naci\u00f3 en Gorham, Maine, el 26 de agosto de 1847. En octubre, los esposos Howland, de Topsham, nos ofrecieron bondadosamente una parte de su casa, lo que aceptamos con gozo y comenzamos nuestra vida de hogar con muebles prestados. Eramos pobres y pasamos por grandes estrecheces econ\u00f3micas. Hab\u00edamos resuelto no depender de los dem\u00e1s y sostenernos por nuestra propia cuenta, adem\u00e1s de tener algo para ayudar a otros. Pero no fuimos prosperados. Mi esposo trabajaba duramente acarreando piedras para el ferrocarril; pero no logr\u00f3 recibir lo que le correspond\u00eda por su trabajo. Los hermanos Howland compart\u00edan bondadosamente con nosotros todo lo que pod\u00edan; pero tambi\u00e9n ellos viv\u00edan en necesidad. Cre\u00edan plenamente el primer y segundo mensajes, y hab\u00edan compartido generosamente sus bienes para adelantar la obra, hasta quedar reducidos a lo que les proporcionaba su trabajo diario.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi esposo dej\u00f3 de trabajar en el ferrocarril, y se fue con su hacha a cortar le\u00f1a al bosque. Aunque sent\u00eda continuamente un dolor en el costado, trabajaba desde temprano en la ma\u00f1ana hasta el oscurecer, para ganar cincuenta centavos de d\u00f3lar al d\u00eda. Algunas noches no pod\u00eda dormir debido al intenso dolor que experimentaba. Nos esforzamos por mantener buen \u00e1nimo y confiar en el Se\u00f1or. Yo no me quejaba. En la ma\u00f1ana sent\u00eda gratitud a Dios porque nos hab\u00eda preservado durante una noche m\u00e1s, y en la noche agradec\u00eda porque nos hab\u00eda cuidado durante otra jornada. Un d\u00eda, cuando nuestras provisiones se hab\u00edan terminado, mi esposo fue a ver a su empleador para recibir dinero o provisiones. Era un d\u00eda tormentoso y tuvo que caminar casi cinco kil\u00f3metros de ida y otros tantos de vuelta, en medio de la lluvia. Volvi\u00f3 a casa trayendo sobre la espalda un saco de provisiones atadas en diferentes compartimientos, pas\u00f3 con esa carga por la aldea de Brunswick, un lugar donde hab\u00eda presentado mensajes espirituales con frecuencia. Cuando entr\u00f3 en casa, muy cansado, sent\u00ed un gran des\u00e1nimo. Mi primer pensamiento fue que Dios nos hab\u00eda abandonado. Le dije a mi esposo: \u201c\u00bfA esto hemos llegado? \u00bfNos ha abandonado el Se\u00f1or?\u201d No pude contener mis l\u00e1grimas. Llor\u00e9 y me lament\u00e9 durante horas, hasta que me desmay\u00e9. Se elevaron oraciones en mi favor. Cuando volv\u00ed en m\u00ed, experiment\u00e9 la influencia alentadora del Esp\u00edritu de Dios, y lament\u00e9 haberme dejado dominar por el des\u00e1nimo. Deseamos seguir a Cristo y ser como \u00e9l; pero a veces vacilamos a causa de las pruebas, y nos alejamos un tanto de \u00e9l. Los sufrimientos y las pruebas nos acercan a Jes\u00fas. El horno encendido consume la escoria y hace brillar el oro.<\/p>\n\n\n\n<p>-83-<\/p>\n\n\n\n<p>Esta vez se me mostr\u00f3 que el Se\u00f1or nos hab\u00eda estado probando para nuestro propio bien, y prepar\u00e1ndonos para trabajar en favor de otros; que nos hab\u00eda estado sacudiendo para impedir que nos estableci\u00e9ramos c\u00f3modamente. Nuestro deber consist\u00eda en trabajar por las almas; si hubi\u00e9ramos sido prosperados, el hogar nos hubiera parecido tan placentero que no nos habr\u00edamos sentido inclinados a abandonarlo. Por eso Dios hab\u00eda permitido que nos sobrevinieran pruebas, a fin de prepararnos para enfrentar conflictos todav\u00eda m\u00e1s grandes, a los que tendr\u00edamos que hacer frente en nuestros viajes. Pronto recibimos cartas de hermanos que viv\u00edan en diferentes estados que nos invitaban a visitarlos; pero carec\u00edamos de medios para trasladarnos a esos lugares. Nuestra respuesta fue que no hab\u00eda forma de hacerlo. Pens\u00e9 que ser\u00eda imposible para m\u00ed viajar con mi hijo. No dese\u00e1bamos depender de los dem\u00e1s y pon\u00edamos gran cuidado en vivir de acuerdo con nuestros recursos. Est\u00e1bamos resueltos a sufrir antes que a endeudarnos. Dispon\u00eda de medio litro de leche para m\u00ed y para mi hijo. Una ma\u00f1ana al salir mi esposo al trabajo, me dej\u00f3 nueve centavos. Con ellos podr\u00eda comprar leche para tres ma\u00f1anas. Pas\u00e9 un largo rato tratando de decidirme si comprar leche para m\u00ed y mi beb\u00e9 o comprar una prenda de ropa que \u00e9l necesitaba. Finalmente abandon\u00e9 la idea de comprar leche y en cambio adquir\u00ed la tela necesaria para confeccionar la prenda que cubrir\u00eda los brazos desnudos de mi hijito.<\/p>\n\n\n\n<p>El peque\u00f1o Enrique enferm\u00f3 de gravedad, y empeor\u00f3 con tanta rapidez que nos alarmamos mucho. Cay\u00f3 en un estado de estupor; ten\u00eda la respiraci\u00f3n r\u00e1pida y pesada. Le dimos remedios sin ning\u00fan resultado positivo. Luego llamamos a una persona que conoc\u00eda de enfermedades, quien nos dijo que era dudoso que se recuperara. Hab\u00edamos convertido al ni\u00f1o en una excusa para no trabajar por el bien de los dem\u00e1s, y tem\u00edamos que el Se\u00f1or nos lo quitara. Una vez m\u00e1s nos postramos delante del Se\u00f1or, y le pedimos que tuviera compasi\u00f3n de nosotros y salvara la vida del ni\u00f1o: y le prometimos solemnemente avanzar confiando en \u00e9l dondequiera que \u00e9l nos enviara.<\/p>\n\n\n\n<p>-84-<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestras peticiones fueron fervientes y llenas de agon\u00eda. Por fe reclamamos las promesas de Dios y cre\u00edmos que \u00e9l escuchar\u00eda nuestro clamor. La luz del cielo comenz\u00f3 a brillar sobre nosotros abri\u00e9ndose paso entre las nubes y nuestras oraciones fueron misericordiosamente contestadas. Desde ese momento el ni\u00f1o comenz\u00f3 a recuperarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras nos encontr\u00e1bamos en Topsham recibimos una carta del hermano Chamberlain, de Connecticut, inst\u00e1ndonos a asistir a la conferencia que se llevar\u00eda a cabo en ese Estado en abril de 1848. Decidimos asistir si pod\u00edamos encontrar el dinero. Mi esposo arregl\u00f3 las cuentas con su empleador y recibi\u00f3 diez d\u00f3lares que se le deb\u00edan. Con cinco d\u00f3lares compramos ropa que mucho necesit\u00e1bamos, y luego parch\u00e9 el abrigo de mi esposo, y aun tuve que colocar un parche sobre otro, lo que hac\u00eda dif\u00edcil distinguir la tela original de las mangas. Nos quedaron cinco d\u00f3lares para ir a Dorchester, Massachusetts. Nuestro ba\u00fal conten\u00eda casi todo lo que pose\u00edamos en esta tierra, pero disfrut\u00e1bamos de paz mental y de tranquilidad en la conciencia, y esto lo consider\u00e1bamos de m\u00e1s valor que la comodidad terrenal. En Dorchester visitamos la casa del hermano Nichols, y al irnos, la hermana Nichols le dio a mi esposo cinco d\u00f3lares, con los que \u00e9l pag\u00f3 el pasaje hasta Middletown, Connecticut. Eramos forasteros en esa ciudad y nunca hab\u00edamos visto a los hermanos de ese Estado. Nos quedaban solamente cincuenta centavos. Mi esposo no se atrevi\u00f3 a usar ese dinero para alquilar un coche, de manera que dej\u00f3 el ba\u00fal sobre un mont\u00f3n de madera y salimos caminando en busca de alguien que fuera de nuestra misma fe. Pronto encontramos al hermano C., quien nos llev\u00f3 a su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>La conferencia se llev\u00f3 a cabo en Rocky Hill, en un extenso aposento sin terminar de la casa del hermano Belden. Se reunieron como cincuenta hermanos, pero no todos ellos estaban plenamente en la verdad. Nuestra reuni\u00f3n fue interesante. El hermano Bates present\u00f3 los mandamientos en una luz clara, y su importancia fue destacada por poderosos testimonios. La predicaci\u00f3n de la Palabra tuvo como efecto afirmar a los que ya estaban en la verdad y despertar a los que no se hab\u00edan decidido plenamente por ella.<\/p>\n\n\n\n<p>-85-<\/p>\n\n\n\n<p>Fuimos invitados a reunirnos con los hermanos del Estado de Nueva York el verano siguiente. Los creyentes eran pobres y no pod\u00edan prometer hacer mucho para pagar nuestros gastos. Carec\u00edamos de recursos para el viaje. La salud de mi esposo era deficiente, pero se le present\u00f3 la oportunidad de trabajar en un campo de heno, y \u00e9l decidi\u00f3 hacer el trabajo. Entonces parec\u00eda que deb\u00edamos vivir por fe. Cuando nos levant\u00e1bamos por la ma\u00f1ana nos arrodill\u00e1bamos junto a nuestra cama y le ped\u00edamos a Dios que nos concediera fuerzas para trabajar durante el d\u00eda. No qued\u00e1bamos satisfechos a menos que tuvi\u00e9ramos la seguridad de que el Se\u00f1or hab\u00eda escuchado nuestra oraci\u00f3n. Despu\u00e9s de eso mi esposo sal\u00eda a segar el heno con la guada\u00f1a, no con sus propias fuerzas, sino con las fuerzas del Se\u00f1or. En la noche, cuando regresaba a casa, nuevamente or\u00e1bamos a Dios pidi\u00e9ndole fuerzas a fin de ganar los medios necesarios para esparcir su verdad. Con frecuencia nos bendec\u00eda abundantemente. En una carta al hermano Howland, de julio de 1848, mi esposo escribi\u00f3: \u201cDios me concede la fuerza necesaria para trabajar duramente durante todo el d\u00eda. \u00a1Alabado sea su nombre! Espero recibir unos pocos d\u00f3lares para usar en su causa. He sufrido fatiga, dolor, hambre, fr\u00edo y calor a causa del trabajo, mientras me esfuerzo por hacer el bien a nuestros hermanos, y estamos listos para sufrir a\u00fan m\u00e1s si Dios as\u00ed lo requiere. Hoy me regocijo porque la comodidad, el placer y el bienestar de esta vida son un sacrificio sobre el altar de mi fe y esperanza. Si nuestra felicidad consiste en hacer felices a otros, entonces ciertamente nos sentimos felices. El verdadero disc\u00edpulo no vivir\u00e1 para gratificar su amado yo, sino para honrar a Cristo y para el bien de sus hijos. Debe sacrificar su comodidad, su placer, su bienestar, su conveniencia, su voluntad y sus propios deseos ego\u00edstas por la causa de Cristo, porque en caso contrario nunca reinar\u00e1 con \u00e9l en su trono\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Los recursos obtenidos con el trabajo en el campo de heno fueron suficientes para satisfacer nuestras necesidades del momento y tambi\u00e9n para pagar nuestros gastos de viaje de ida y vuelta a Nueva York.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra primera conferencia en Nueva York se llev\u00f3 a cabo en Volney, en el galp\u00f3n de un hermano. Hab\u00eda presentes unas treinta y cinco personas, todas las que se pudieron reunir en esa parte del Estado. Pero entre ellas dif\u00edcilmente hab\u00eda dos que estuvieran de acuerdo. Algunos cre\u00edan en errores serios y todos se esforzaban por imponer sus propios puntos de vista, declarando que estaban de acuerdo con las Escrituras.<\/p>\n\n\n\n<p>-86-<\/p>\n\n\n\n<p>Estas extra\u00f1as diferencias de opini\u00f3n me afligieron mucho, porque ve\u00eda que deshonraban a Dios. Esta situaci\u00f3n me provoc\u00f3 una preocupaci\u00f3n tan grande que me desmay\u00e9. Algunos tem\u00edan que estuviera muriendo, pero el Se\u00f1or escuch\u00f3 las oraciones de sus siervos y reviv\u00ed. La luz del cielo descans\u00f3 sobre m\u00ed y pronto perd\u00ed el contacto con las cosas terrenas. Mi \u00e1ngel acompa\u00f1ante present\u00f3 delante de m\u00ed algunos de los errores de las personas que nos acompa\u00f1aban, y tambi\u00e9n la verdad en contraste con esos errores. Los conceptos discordantes que ellos pretend\u00edan que estaban de acuerdo con la Biblia, estaban \u00fanicamente de acuerdo con la opini\u00f3n que ellos ten\u00edan de la Biblia, por lo que deb\u00edan abandonar esos errores y unirse en el mensaje del tercer \u00e1ngel. Nuestra reuni\u00f3n tuvo un final triunfante. La verdad gan\u00f3 la victoria. Los hermanos renunciaron a sus errores y se unieron en el mensaje del tercer \u00e1ngel. Dios los bendijo abundantemente y a\u00f1adi\u00f3 nuevos conversos.<\/p>\n\n\n\n<p>De Volney viajamos a Port Gibson para asistir a una reuni\u00f3n en el galp\u00f3n del hermano Edson. Hab\u00eda presente personas que amaban la verdad, pero que hab\u00edan prestado atenci\u00f3n al error y lo hab\u00edan cre\u00eddo. El Se\u00f1or manifest\u00f3 su poder entre nosotros antes de la finalizaci\u00f3n de la reuni\u00f3n. Nuevamente se me mostr\u00f3 en visi\u00f3n la importancia de que los hermanos del sector este del Estado de Nueva York abandonaran sus diferencias y se unieran en la verdad b\u00edblica.<\/p>\n\n\n\n<p>Regresamos a Middletown, donde hab\u00edamos dejado a nuestro hijo durante nuestro viaje por el oeste. Y ahora tuvimos que hacer frente a un penoso deber. Por el bien de las almas consideramos que deb\u00edamos sacrificar la compa\u00f1\u00eda de nuestro peque\u00f1o Enrique, a fin de entregarnos sin reservas a la obra. Mi salud era deficiente y era inevitable que tendr\u00eda que dedicar una buena parte de mi tiempo a su cuidado. Fue una prueba muy severa, y sin embargo no me atrev\u00ed a convertir al ni\u00f1o en un estorbo para el cumplimiento de mi deber. Yo cre\u00eda que el Se\u00f1or le hab\u00eda salvado la vida cuando hab\u00eda estado enfermo, y que si yo permit\u00eda que \u00e9l me estorbara en el cumplimiento de mi deber, Dios me lo quitar\u00eda. Sola ante el Se\u00f1or, con sentimientos de dolor y muchas l\u00e1grimas, hice el sacrificio y renunci\u00e9 a mi hijo \u00fanico, que entonces ten\u00eda un a\u00f1o de edad, entreg\u00e1ndolo a otra mujer para que hiciera las veces de madre y lo amara como una madre. Lo dejamos con la familia del hermano Howland, en quien ten\u00edamos completa confianza. Estaban dispuestos a aumentar sus cargas con tal de dejarnos tan libres como fuera posible para que trabaj\u00e1ramos en la causa de Dios. Sab\u00edamos que ellos pod\u00edan cuidar mejor a Enrique de lo que yo podr\u00eda hacer mientras viajaba, y que era para su propio bien tener un hogar y una buena disciplina. Me result\u00f3 muy duro alejarme de mi hijo. Noche y d\u00eda ve\u00eda su carita triste, y sin embargo con la fuerza del Se\u00f1or pude sacarlo de mi mente y procurar trabajar por el bien de otros. La familia del hermano Howland estuvo a cargo de Enrique durante cinco a\u00f1os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestro Maestro conoci\u00f3 el dolor y la aflicci\u00f3n, y los que sufran con \u00e9l reinar\u00e1n con \u00e9l. Cuando el Se\u00f1or se le apareci\u00f3 a Saulo en ocasi\u00f3n de su conversi\u00f3n, no se propuso mostrarle todo el bien de que podr\u00eda disfrutar, sino los grandes sufrimientos que tendr\u00eda que padecer en su nombre. El sufrimiento ha sido la suerte del pueblo de Dios desde los d\u00edas del m\u00e1rtir Abel. 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