{"id":5381,"date":"2020-12-12T06:32:54","date_gmt":"2020-12-12T06:32:54","guid":{"rendered":"http:\/\/unadeca.net\/cwhite\/?p=5381"},"modified":"2020-12-12T06:32:56","modified_gmt":"2020-12-12T06:32:56","slug":"testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-386-393-dia-043","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/2020\/12\/12\/testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-386-393-dia-043\/","title":{"rendered":"Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 386-393, d\u00eda 043"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando se encuentre entre hermanas, act\u00fae con reserva. No importa que piensen que carece de cortes\u00eda. Si las hermanas, casadas o solteras, manifiestan actitudes familiares hacia usted, rech\u00e1celas. Sea \u00e1spero y decidido para que ellas finalmente entiendan que usted no adolece de esa debilidad. Cuando est\u00e9 frente a los j\u00f3venes, y en todo momento, act\u00fae con seriedad y en forma solemne. Vi que si el pastor Loughborough y usted hacen de Dios su fortaleza, usted llevar\u00eda a cabo una obra por su pobre pueblo, porque dos pueden ser un ej\u00e9rcito. Aprox\u00edmense el uno al otro, oren juntos y por separado, tr\u00e1tense con sinceridad. El pastor Hull debe confiar en el juicio del pastor Loughborough y escuchar su consejo y orientaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ministros sin consagraci\u00f3n<\/h3>\n\n\n\n<p>Los ministros que predican el mensaje del tercer \u00e1ngel debieran trabajar porque est\u00e1n convencidos de que Dios ha colocado sobre ellos el peso de la obra. Nuestros ministros no tienen por qu\u00e9 pasar necesidad si practican la econom\u00eda. Si no lo hacen, pasar\u00e1n necesidad en cualquier posici\u00f3n a la que se los asigne. Aunque se les proporcione la oportunidad m\u00e1s deseable, gastar\u00e1n todo lo que reciben. Este ha sido el caso del pastor Hull. Tales personas necesitan poseer un fondo monetario inagotable para sus gastos a fin de mantenerse satisfechas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que no manejan con sabidur\u00eda sus asuntos temporales suelen fallar en las cosas espirituales. No edifican la iglesia. Puede ser que posean talentos naturales y que se los considere oradores inteligentes, pero les falta calidad moral. Es posible que atraigan una numerosa concurrencia y que generen abundante entusiasmo, pero cuando llega el momento de reunir los frutos, \u00e9stos son muy escasos o nulos. Estos ministros suelen ubicarse en un nivel por encima de la obra y pierden su amor por la sencillez del Evangelio. No son santificados por las verdades que predican. Esto es lo que ha sucedido en el caso del pastor Hull, quien ha carecido de esa gracia que afirma el alma y eleva y ennoblece el car\u00e1cter de la persona. Es bueno que la gracia inunde y afirme el coraz\u00f3n, porque es el fundamento de nuestra firmeza.<\/p>\n\n\n\n<p>-387-<\/p>\n\n\n\n<p>En los lugares donde el pastor Hull ha presentado series de conferencias, la gente ha quedado complacida con su ingenio y su estilo peculiar de predicaci\u00f3n, y sin embargo s\u00f3lo pocas personas han aceptado la verdad como resultado de su trabajo; y aun una proporci\u00f3n considerable de ellas pronto abandonan la fe. Muchos han quedado frustrados debido a la escasez de frutos que acompa\u00f1a a su trabajo. Se me mostr\u00f3 cu\u00e1l es la raz\u00f3n. Carec\u00eda de humildad, sencillez, pureza y santidad en su vida. El pensaba que su trabajo ingenioso era inapreciable y que la causa dif\u00edcilmente podr\u00eda existir si se lo separara de ella; pero si hubiera podido comprender la ansiedad que por su culpa experimentaban los verdaderos obreros de la causa, que han procurado ayudarle, no habr\u00eda tenido un concepto tan elevado de sus propios trabajos. Su comportamiento ha significado una carga continua para la obra, la cual habr\u00eda prosperado mejor sin su intervenci\u00f3n. La ansiedad que sus hermanos sienten por evitar su fracaso los ha llevado a realizar demasiado por \u00e9l en lo que se refiere a los recursos econ\u00f3micos. Su talento como predicador les ha agradado, y algunos han sido tan indiscretos que lo han ensalzado y han demostrado marcada preferencia por \u00e9l dejando de lado a otros predicadores cuya influencia promover\u00eda el progreso de la obra en cualquier lugar. Eso lo ha perjudicado. Carece de humildad o de suficiente gracia de Dios para resistir la alabanza de sus hermanos. Que Dios ayude a estos obreros a sentir su error y a no volver a ser culpables de perjudicar a un joven ministro con su adulaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los que anhelan alejarse del pueblo remanente de Dios para seguir sus propias inclinaciones corrompidas, se arrojar\u00e1n voluntariamente en los brazos de Satan\u00e1s, y debieran tener esa prerrogativa. Hay entre nosotros tambi\u00e9n otros que corren peligro. Poseen una opini\u00f3n exaltada de sus habilidades personales, mientras su influencia en muchos aspectos ha sido s\u00f3lo poco mejor que la del pastor Hull. A menos que se reformen totalmente, la causa estar\u00e1 mejor sin ellos. Ministros sin santificaci\u00f3n perjudican la causa y son una pesada carga para sus hermanos. Necesitan que alguien vaya tras ellos para corregir sus errores y enderezar y fortalecer a los que han sido debilitados y arruinados por su influencia. Sienten celos de los que han servido en la obra, de los que est\u00e1n dispuestos a sacrificar hasta sus vidas si ello fuera necesario para hacer progresar la causa de la verdad. Juzgan a sus hermanos aduciendo que no tienen motivos m\u00e1s elevados que los que ellos han tenido. Favorecer demasiado a ministros que est\u00e1n sujetos a las tentaciones de Satan\u00e1s los perjudica y es un desperdicio de recursos. Les proporciona influencia y as\u00ed los coloca en un lugar donde pueden perjudicar profundamente a sus hermanos y a la causa de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>-388-<\/p>\n\n\n\n<p>Se me ha mostrado que las dudas expresadas con respecto a la veracidad de nuestra posici\u00f3n y la inspiraci\u00f3n de la palabra de Dios no han sido provocadas, como muchos piensan que lo son. Estas dificultades no yacen tanto en la Biblia o en la evidencia de nuestra fe, como en los propios corazones de los que dudan. Los requerimientos de la palabra de Dios son demasiado sofocantes para su naturaleza no santificada. \u201cPor cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden\u201d. Romanos 8:7. Si las propensiones del coraz\u00f3n natural no se restringen y someten por la influencia santificadora de la gracia de Dios recibida por el conducto de la fe, los pensamientos del coraz\u00f3n no son puros ni santos. Las condiciones de la salvaci\u00f3n presentadas por la palabra de Dios son razonables, claras y positivas y significan nada menos que perfecta conformidad con la voluntad de Dios y pureza de coraz\u00f3n y de vida. Tenemos que crucificar el yo con sus concupiscencias. Tenemos que limpiarnos de toda contaminaci\u00f3n de la carne y el esp\u00edritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En casi todos los casos en que alguien pone en duda la inspiraci\u00f3n de la palabra de Dios, lo hace a causa de su vida que no est\u00e1 santificada, y que esa palabra condena. No quieren recibir sus reproches y amenazas porque \u00e9stos ponen de manifiesto su comportamiento errado. No aman a los que intentan convertirlos y restringirlos. Las perplejidades y las dudas que confunden el coraz\u00f3n depravado desaparecer\u00e1n para el que pr\u00e1ctica los puros principios de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>Numerosas personas poseen talentos que les permitir\u00edan realizar mucho bien si fueran santificados y usados en la causa de Cristo, o bien mucho da\u00f1o si se los utiliza al servicio de la incredulidad y de Satan\u00e1s. La gratificaci\u00f3n del yo y de sus diversas concupiscencias pervertir\u00e1 los talentos y los convertir\u00e1 en maldici\u00f3n en lugar de bendici\u00f3n. Satan\u00e1s, el archienga\u00f1ador, posee talentos maravillosos. Fue una vez un \u00e1ngel eminente que segu\u00eda a Cristo en importancia. Cay\u00f3 de su posici\u00f3n debido a su autoexaltaci\u00f3n, ocasion\u00f3 una rebeli\u00f3n en el cielo e hizo que muchos cayeran con \u00e9l. Despu\u00e9s emple\u00f3 sus talentos y habilidades contra el gobierno de Dios, para hacer que todos a quienes pudiera controlar despreciaran la autoridad del Cielo. Los que han sido embelesados por la majestad sat\u00e1nica pueden elegir imitar a su general ca\u00eddo y compartir con \u00e9l su destino final.<\/p>\n\n\n\n<p>-389-<\/p>\n\n\n\n<p>La pureza de vida imparte refinamiento, el que inducir\u00e1 a quienes lo posean a alejarse cada vez m\u00e1s de la vulgaridad y el pecado. Tales personas no permitir\u00e1n que se las aleje de la verdad ni dudar\u00e1n de la inspiraci\u00f3n de la palabra de Dios. Al contrario, se dedicar\u00e1n a estudiar diariamente la palabra sagrada con inter\u00e9s creciente, y las evidencias del cristianismo y la inspiraci\u00f3n colocar\u00e1n su sello en su mente y su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que aman el pecado se alejar\u00e1n de la Biblia, se complacer\u00e1n en dudar y despreciar\u00e1n los principios. Recibir\u00e1n falsas teor\u00edas y las promover\u00e1n. Estas personas atribuir\u00e1n el pecado humano a las circunstancias. Y cuando alguien comete un pecado grave, lo hacen objeto de compasi\u00f3n en lugar de considerarlo un delincuente que debe ser castigado. Este proceder siempre agradar\u00e1 al coraz\u00f3n depravado, el cual, con el tiempo, desarrollar\u00e1 los principios de la naturaleza ca\u00edda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por alg\u00fan proceso general, los hombres prefieren abolir de una vez por todas el pecado, y evitarse as\u00ed la desagradable necesidad de reforma y esfuerzo individuales. Con el fin de librarse de la obligaci\u00f3n de esforzarse constantemente, muchos est\u00e1n dispuestos a declarar sin importancia todo el trabajo y el esfuerzo que realizaron en sus vidas mientras obedec\u00edan los sagrados principios de la palabra de Dios. La necesidad filos\u00f3fica del pastor Hull tiene su fundamento en las corrupciones del coraz\u00f3n. Dios est\u00e1 suscitando hombres para que salgan a trabajar en el campo de la siega, y si son humildes, dedicados y santos, recibir\u00e1n las coronas que pierden los ministros que son reprobados en relaci\u00f3n con la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>El 5 de noviembre de 1862 se me mostr\u00f3 que algunos obreros confunden su llamamiento. Piensan que si un hombre no puede trabajar con sus manos, o si no es un hombre de negocios, entonces puede dedicarse a ser un ministro religioso. Muchos cometen un gran error en esto. Es verdad que una persona que no tiene el tacto del hombre de negocios puede llegar a ser un ministro, pero carecer\u00e1 de las cualidades que todo ministro debe poseer a fin de trabajar con sabidur\u00eda en la iglesia y edificar la causa. Pero cuando un ministro es competente en el p\u00falpito y, como el pastor Hull, es incompetente como administrador, nunca debiera salir solo. Otra persona debiera acompa\u00f1arlo con fines de administraci\u00f3n para suplir su deficiencia. Y aunque sea humillante, debiera escuchar el juicio y consejo de su compa\u00f1ero, as\u00ed como un ciego sigue a uno que puede ver. Al hacerlo escapar\u00e1 de muchos peligros que podr\u00edan ser fatales para \u00e9l si se lo dejara solo.<\/p>\n\n\n\n<p>-390-<\/p>\n\n\n\n<p>La prosperidad de la causa de Dios depende mucho de los ministros que trabajan en el campo evang\u00e9lico. Los que ense\u00f1an la verdad debieran ser hombres piadosos, abnegados y fervientes que comprenden su misi\u00f3n y hacen el bien porque saben que Dios los ha llamado a la obra, hombres que conocen el valor de las almas y que est\u00e1n dispuestos a llevar cargas y responsabilidades. Un obrero cabal se conoce por la perfecci\u00f3n de su obra.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay pocos predicadores entre nosotros. Y debido a que la causa de Dios necesita tanta ayuda, algunos han sido inducidos a pensar que casi cualquier persona que afirme ser un ministro puede ser aceptable. Algunos han pensado que si alguien puede orar y exhortar con facilidad en las reuniones, est\u00e1 calificado para ser enviado como obrero. Y antes de ser probados, o de que pudieran exhibir fruto adecuado en su trabajo, hombres a quienes Dios no hab\u00eda enviado, han sido animados y adulados por hermanos sin experiencia. Pero su obra pone de manifiesto el car\u00e1cter del obrero. Desparraman y confunden, pero no recogen ni edifican. Unos pocos pueden recibir la verdad como fruto de su trabajo, pero \u00e9stos no se elevan a mayor altura que la de sus instructores. La misma carencia que se manifestaba en su propia vida se advierte en la de sus conversos.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9xito de esta causa no depende de que tengamos un gran n\u00famero de ministros, pero es sumamente importante que los que trabajan en relaci\u00f3n con la causa de Dios sean hombres que realmente sientan el peso y el car\u00e1cter sagrado de la obra a que Dios los ha llamado. Unos pocos hombres piadosos y abnegados, peque\u00f1os en su estimaci\u00f3n personal, pueden hacer mejor que un n\u00famero mucho mayor si una parte de \u00e9stos no est\u00e1 calificada para el trabajo, pero manifiestan confianza en s\u00ed mismos y hacen alarde de sus talentos personales. Si sale a predicar una cantidad de estos obreros incompetentes, que har\u00edan mejor si trabajaran en otra cosa, se necesitar\u00eda que los ministros fieles dedicaran casi todo su tiempo a ir en pos de ellos para corregir su mala influencia. La utilidad futura de los predicadores j\u00f3venes depende en buena medida de la forma en que desempe\u00f1an sus labores. Hay hermanos que aman de coraz\u00f3n la causa de Dios y que est\u00e1n de tal manera ansiosos de ver progresar la verdad, que corren peligro de hacer demasiado por los ministros que no han sido probados, al ayudarles liberalmente con recursos econ\u00f3micos y al proporcionarles influencia. Los que entran a trabajar en el campo evang\u00e9lico debieran ser animados a ganarse una reputaci\u00f3n por sus propios esfuerzos, aunque para ello tengan que experimentar pruebas y privaciones. Primero debieran presentar pruebas satisfactorias de su ministerio.<\/p>\n\n\n\n<p>-391-<\/p>\n\n\n\n<p>Los hermanos de experiencia deben ser cuidadosos; y en lugar de esperar que estos predicadores j\u00f3venes les ayuden y los gu\u00eden, ellos mismos debieran sentir la responsabilidad personal de hacerse cargo de esos predicadores j\u00f3venes para instruirlos, aconsejarlos y guiarlos; es decir, debieran manifestar por ellos un cuidado paternal. Los ministros j\u00f3venes deben ser met\u00f3dicos y sistem\u00e1ticos, tener un prop\u00f3sito definido e inquebrantable y la voluntad de trabajar, a fin de no comer sin esfuerzo el pan de otros. No deben ir de un lugar a otro presentando ciertos puntos de nuestra fe calculados para despertar prejuicio, y luego irse antes de que las evidencias de la verdad presente hayan sido presentadas plenamente. Los j\u00f3venes que piensan que tienen un deber que cumplir en relaci\u00f3n con la obra, no deben tomar sobre s\u00ed la responsabilidad de ense\u00f1ar la verdad, hasta haber tenido el privilegio de haber estado bajo la influencia de alg\u00fan predicador experimentado que trabaje en forma sistem\u00e1tica; deben aprender de \u00e9l como un alumno aprende de su profesor en la escuela. No deben ir de un lugar a otro sin objeto definido y sin un plan adecuado para llevar a cabo su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos que poseen poca experiencia y no est\u00e1n calificados para ense\u00f1ar la verdad, son los \u00faltimos en pedir consejo a sus hermanos experimentados. Se consideran ministros y se colocan al mismo nivel que los obreros de larga y reconocida experiencia, y no quedan satisfechos a menos que se les permita dirigir, pensando que por el hecho de ser ministros ya saben todo lo que vale la pena saber. Esos predicadores ciertamente carecen del verdadero conocimiento de s\u00ed mismos. No poseen modestia adecuada y tienen un concepto demasiado elevado de sus habilidades personales. Los ministros experimentados que comprenden el car\u00e1cter sagrado de su obra y que sienten sobre ellos el peso de la obra, son celosos de s\u00ed mismos. Consideran un privilegio solicitar consejo de sus hermanos y no se ofenden si se les sugiere alguna mejora en sus planes de trabajo o en su forma de hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ministros que proceden de diferentes denominaciones y que han aceptado el mensaje del tercer \u00e1ngel suelen desear ense\u00f1ar, cuando debieran estar aprendiendo. Algunos tienen que desaprender una parte considerable de sus ense\u00f1anzas anteriores antes de poder aprender plenamente los principios de la verdad presente. Algunos ministros perjudicar\u00e1n la causa de Dios al ir a trabajar por otros, cuando ellos mismos necesitan que se haga con ellos una obra tan grande para capacitarlos para su trabajo como la que ellos desean hacer por los incr\u00e9dulos. Si no est\u00e1n calificados para la obra, se requerir\u00e1 el trabajo de dos o tres ministros fieles que vayan en pos de ellos para corregir su mala influencia. Al final, ser\u00eda menos costoso para la causa de Dios proporcionar apoyo econ\u00f3mico adecuado a estos ministros para que permanecieran en su propio lugar y no salieran a perjudicar el campo de labor.<\/p>\n\n\n\n<p>-392-<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos miembros han considerado que ciertos predicadores son espec\u00edficamente inspirados, instrumentos por medio de los cuales el Se\u00f1or habla. Si personas de edad y de larga experiencia advierten errores en un ministro y le sugieren que mejore sus modales, el tono de su voz o sus gestos, \u00e9ste a veces se ha sentido herido y ha razonado que Dios lo llam\u00f3 tal como es, que el poder es de Dios y no de s\u00ed mismo, y que Dios debe realizar el trabajo por \u00e9l, que \u00e9l no predica seg\u00fan sabidur\u00eda humana, etc. Es un error considerar que un hombre no puede predicar a menos que algo lo ponga en un fuerte estado de exaltaci\u00f3n. Los hombres que as\u00ed dependen de sus sentimientos, pueden resultar \u00fatiles cuando se trata de presentar exhortaciones, si es que sienten que se encuentran en un estado que les permita hacerlo, pero nunca llegar\u00e1n a ser obreros eficaces y capaces de soportar el peso del trabajo. Cuando la obra encuentra dificultades y todo parece desanimador, los que se exaltan con facilidad y los que dependen de sus sentimientos no est\u00e1n preparados para llevar su parte de la carga. En tiempo de des\u00e1nimo y tinieblas, cu\u00e1n importante es tener hombres calmados que sepan pensar y que no dependan de las circunstancias, sino que conf\u00eden en Dios y que trabajen tanto en la oscuridad como en la luz. Los hombres que sirven a Dios por principio, aunque su fe sea severamente probada, se apoyan con seguridad en el infalible brazo de Jehov\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Los predicadores j\u00f3venes, y los hombres que una vez fueron ministros, que han sido \u00e1speros y vulgares en sus maneras, que han usado en su conversaci\u00f3n expresiones inmodestas y sin castidad, no est\u00e1n preparados para dedicarse a la obra hasta dar evidencia de una completa reforma. Una palabra hablada por ellos con imprudencia puede causar m\u00e1s perjuicio que el bien que podr\u00eda hacer una serie de reuniones efectuadas por ellos. En los lugares donde act\u00faan dejan por el suelo la norma de la verdad, la que siempre debiera ser exaltada. Sus conversos generalmente no llegan m\u00e1s alto que la norma elevada ante ellos por estos ministros. Los hombres que se encuentran entre los vivos y los muertos debieran actuar correctamente. El ministro no debe bajar la guardia ni por un instante. Est\u00e1 trabajando para elevar a otros haci\u00e9ndolos subir a la plataforma de la verdad. Que muestren a otros que la verdad ha realizado algo por ellos. Debieran ver el mal de estas expresiones descuidadas, \u00e1speras y vulgares; debieran descartar y despreciar todo lo que sea de esa \u00edndole. A menos que lo hagan, sus conversos los imitar\u00e1n. Y cuando los ministros fieles vayan en pos de ellos y de sus conversos para corregir las equivocaciones que han cometido, ellos se disculpar\u00e1n culpando a los ministros. Si alguien desaprueba su proceder, ellos se volver\u00e1n contra \u00e9l y preguntar\u00e1n: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 apoya y da influencia a hombres envi\u00e1ndolos a predicar a los pecadores cuando ellos mismos son pecadores?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>-393-<\/p>\n\n\n\n<p>La obra en la que nos ocupamos es una obra exaltada y de responsabilidad. Los que ministran mediante palabra y doctrina debieran ser ellos mismos ejemplos de buenas obras. Debieran convertirse en dechados de santidad, limpieza y orden. La apariencia exterior del siervo de Dios, tanto cuando est\u00e1 fuera del p\u00falpito como cuando habla desde \u00e9l, debiera ser la que corresponde a un predicador profesional. Puede realizar mucho m\u00e1s mediante su ejemplo piadoso, que s\u00f3lo con su predicaci\u00f3n desde el p\u00falpito cuando su influencia fuera del mismo no es digna de imitaci\u00f3n. Los que trabajan en esta causa est\u00e1n dando al mundo la verdad m\u00e1s elevada que se haya encomendado a los mortales.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres que Dios elige para que trabajen en su obra dar\u00e1n prueba de su elevado llamamiento y considerar\u00e1n que es su deber m\u00e1s eminente desarrollarse y mejorar hasta convertirse en obreros eficientes. Luego, cuando manifiesten entusiasmo y dedicaci\u00f3n por mejorar el talento que Dios les ha confiado, entonces hay que prestarles ayuda juiciosamente. Pero el aliento que se les proporcione no debiera tener apariencia de lisonja, porque Satan\u00e1s mismo se encargar\u00e1 de llevar a cabo esa clase de obra. Los hombres que consideran que tienen el deber de predicar no debieran ser animados a depender ellos y su familia en forma inmediata y total de los hermanos para obtener recursos econ\u00f3micos. No tienen derecho a esto hasta que puedan mostrar buenos frutos producidos por su trabajo. Existe actualmente el peligro de perjudicar a los predicadores j\u00f3venes y a los que tienen escasa experiencia por causa de la lisonja y por aliviarlos de los cuidados y las aflicciones de la vida. Cuando no est\u00e1n predicando, debieran dedicarse a trabajar en otra cosa para su propio sost\u00e9n. Esta es la mejor forma de probar la naturaleza de su llamamiento a predicar. Si desean predicar s\u00f3lo para obtener beneficios econ\u00f3micos, y si la iglesia act\u00faa con buen juicio, pronto perder\u00e1n su inclinaci\u00f3n a predicar, y dejar\u00e1n de hacerlo para buscar un trabajo m\u00e1s provechoso. El ap\u00f3stol Pablo, un predicador muy elocuente, convertido milagrosamente por Dios para realizar una obra especial, no rehu\u00eda el trabajo. Dice: \u201cHasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecuci\u00f3n, y la soportamos\u201d. 1 Corintios 4:11-12. \u201cNi comimos el pan de ninguno de balde. Antes trabajamos con esfuerzo y fatiga d\u00eda y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros\u201d. 2 Tesalonicenses 3:8.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando se encuentre entre hermanas, act\u00fae con reserva. No importa que piensen que carece de cortes\u00eda. Si las hermanas, casadas o solteras, manifiestan actitudes familiares hacia usted, rech\u00e1celas. Sea \u00e1spero y decidido para que ellas finalmente entiendan que usted no adolece de esa debilidad. 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