{"id":5416,"date":"2020-12-26T16:49:34","date_gmt":"2020-12-26T16:49:34","guid":{"rendered":"http:\/\/unadeca.net\/cwhite\/?p=5416"},"modified":"2020-12-26T16:49:36","modified_gmt":"2020-12-26T16:49:36","slug":"testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-498-505-dia-057","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/2020\/12\/26\/testimonios-para-la-iglesia-vol-1-p-498-505-dia-057\/","title":{"rendered":"Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 498-505, d\u00eda 057"},"content":{"rendered":"\n<p>El hermano de Nueva York regres\u00f3 con su esposa y su hija a Battle Creek, en un estado mental que no le permit\u00eda dar un informe correcto del buen trabajo hecho en Wright ni estabilizar los sentimientos de la iglesia de Battle Creek. De la manera como los hechos han trascendido, parece que \u00e9l hiri\u00f3 a la iglesia, y la iglesia lo hiri\u00f3 a \u00e9l, al gozarse ambos cuando \u00e9l iba de casa en casa para presentar las opiniones menos favorables de nuestro proceder, y convirtiendo esto en el tema de la conversaci\u00f3n. En la \u00e9poca cuando se desarrollaba esta obra cruel, tuve el siguiente sue\u00f1o:<\/p>\n\n\n\n<p>Visitaba Battle Creek en compa\u00f1\u00eda de una persona con aspecto de autoridad y digna apariencia. En mi sue\u00f1o, visitaba los hogares de nuestros hermanos. Cuando nos dispon\u00edamos a entrar, escuchamos voces ocupadas en animada conversaci\u00f3n. Se mencionaba con frecuencia a mi esposo, y me sent\u00ed apesadumbrada y asombrada al escuchar a los que hab\u00edan sido nuestros amigos m\u00e1s s\u00f3lidos relatar escenas e incidentes que hab\u00edan ocurrido durante la severa aflicci\u00f3n de mi esposo, cuando sus fuerzas f\u00edsicas y mentales estaban casi paralizadas. Me sent\u00ed triste al o\u00edr la voz del as\u00ed llamado hermano de Nueva York, antes mencionado, contando con fervor y en forma exagerada, incidentes que no eran conocidos en Battle Creek, a la vez que nuestros amigos de all\u00ed contaban lo que ellos conoc\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 a sentirme d\u00e9bil y enferma del coraz\u00f3n, y en mi sue\u00f1o ca\u00ed postrada, cuando la mano del que me asist\u00eda me sostuvo, y me dijo: \u201cDebes escuchar. Debes saberlo aunque te sea insoportable\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En cada hogar que visit\u00e1bamos, surg\u00eda el mismo tema. Era su \u201cverdad presente\u201d. Dije: \u201c\u00a1Oh, no sab\u00eda esto! Ignoraba que exist\u00edan tales sentimientos en los corazones de quienes hemos considerado como nuestros amigos en la prosperidad. \u00a1Si tan s\u00f3lo hubiera seguido ignorando esto! Los cre\u00edamos nuestros mejores y m\u00e1s leales amigos\u201d. El que me acompa\u00f1aba repiti\u00f3 estas palabras: \u201cSi tan s\u00f3lo se dedicaran de la misma forma y con el mismo ah\u00ednco y celo a conversar acerca de su Redentor, espaci\u00e1ndose en sus gracias incomparables, su benevolencia desinteresada y su misericordioso perd\u00f3n, su piadosa ternura hacia el que sufre, su paciencia e inexpresable amor, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s preciosos y de valor ser\u00edan sus frutos!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>-499-<\/p>\n\n\n\n<p>Dije entonces: \u201cEstoy apesadumbrada. Mi esposo no se ha escatimado a s\u00ed mismo en la ganancia de almas. Se mantuvo de pie sosteniendo las cargas hasta que \u00e9stas lo aplastaron; estaba postrado, f\u00edsica y mentalmente quebrantado; y ahora, reunir palabras y actos y usarlos para destruir su influencia, despu\u00e9s que Dios ha puesto sus manos debajo de \u00e9l para levantarlo a fin de que su voz pueda o\u00edrse otra vez, es cruel y maligno\u201d. El que me acompa\u00f1aba dijo: \u201cLa conversaci\u00f3n acerca de Cristo y las caracter\u00edsticas de su vida, refrescar\u00e1 el esp\u00edritu y el fruto ser\u00e1 para santidad y vida eterna\u201d. Entonces cit\u00f3 estas palabras: \u201cPor lo dem\u00e1s hermanos, todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad\u201d. Filipenses 4:8. Estas palabras me impresionaron tanto que el s\u00e1bado siguiente habl\u00e9 de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis trabajos en Wright fueron muy agobiadores. Me ocupaba de mi esposo durante el d\u00eda, y algunas veces en la noche. Lo ba\u00f1aba y lo sacaba a pasear en el coche, y ya hiciera fr\u00edo, soplara el viento o brillara el sol, sal\u00eda a caminar con \u00e9l. Usaba la pluma mientras \u00e9l me dictaba sus informes para la Review y tambi\u00e9n escrib\u00ed muchas cartas, adem\u00e1s de numerosas p\u00e1ginas de testimonios personales, y la mayor parte del Testimonio n\u00famero 11, adem\u00e1s de visitar y hablar tan a menudo, por tanto tiempo y tan enf\u00e1ticamente como lo hice. El hermano y la hermana Root simpatizaban enteramente conmigo en mis pruebas y afanes, y vigilaban con el cuidado m\u00e1s tierno para suplir todas nuestras necesidades. Nuestras oraciones eran frecuentes para que el Se\u00f1or les bendijera en todo lo material y en salud, as\u00ed como en gracia y fortaleza espiritual. Sent\u00ed que una bendici\u00f3n especial les seguir\u00eda. Aunque desde entonces la enfermedad ha llegado a su habitaci\u00f3n., a\u00fan s\u00e9 por el hermano Root que gozan de mejor salud que antes. Y entre los asuntos de prosperidad pasajera \u00e9l informa que sus campos de trigo han producido veintisiete medidas por acre [2,2 acres por hect\u00e1rea] y algunas cuarenta, mientras que el promedio de rendimiento del campo de sus vecinos ha sido solamente de siete medidas por acre.<\/p>\n\n\n\n<p>Salimos de Wright el 29 de enero de 1867, y nos fuimos a Greenville, en el Condado de Montcalm, una distancia de sesenta kil\u00f3metros. Era el d\u00eda m\u00e1s severamente fr\u00edo del invierno y est\u00e1bamos felices de encontrar un refugio para protegernos del fr\u00edo y la tormenta en casa del Hno. Maynard. Esta querida familia nos dio la bienvenida tanto a su hogar como a sus corazones. Permanecimos all\u00ed seis semanas, trabajando con las iglesias de Greenville y Orleans, y haciendo del hospitalario hogar de los Maynard nuestro centro de trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>-500-<\/p>\n\n\n\n<p>Dios me otorg\u00f3 libertad para dirigirme a la gente; en cada esfuerzo sent\u00ed su poder sostenedor. Y cuando me convenc\u00ed plenamente que ten\u00eda un testimonio que dar al pueblo, y que pod\u00eda presentarlo en relaci\u00f3n con las labores de mi esposo, se fortaleci\u00f3 mi fe en que \u00e9l recobrar\u00eda su salud para trabajar con aceptaci\u00f3n en la causa y obra de Dios. La gente acept\u00f3 sus esfuerzos, y fue una gran ayuda para m\u00ed en el trabajo. Sin \u00e9l yo pod\u00eda hacer muy poco, pero con su ayuda, en la fortaleza del Se\u00f1or, lograr\u00eda hacer el trabajo que se me hab\u00eda asignado. El Se\u00f1or lo sostuvo en cada esfuerzo en que se empe\u00f1\u00f3. A medida que se esforzaba, confiando en Dios a pesar de sus debilidades, se fortalec\u00eda y mejoraba con cada intento. Al comprender que mi esposo adelantaba en vigor f\u00edsico y mental, mi gratitud desbordaba al pensar en ser de nuevo libre para ocuparme una vez m\u00e1s y con mayor fervor en la obra de Dios, al lado de mi esposo, trabajando ambos unidos en la terminaci\u00f3n de la obra en favor del pueblo de Dios. Antes que la salud de mi esposo se quebrantara, la posici\u00f3n que \u00e9l ocupaba lo manten\u00eda confinado la mayor parte del tiempo. Y como yo no pod\u00eda viajar sin \u00e9l, necesariamente ten\u00eda que quedarme en casa gran parte del tiempo. Sent\u00ed que ahora Dios lo prosperar\u00eda mientras trabajaba en palabra y doctrina, y se dedicaba m\u00e1s a la predicaci\u00f3n. Otros pod\u00edan trabajar en la oficina, y nosotros ten\u00edamos la firme convicci\u00f3n que \u00e9l jam\u00e1s ser\u00eda nuevamente confinado, sino que estar\u00eda libre para viajar conmigo de modo que ambos pudi\u00e9ramos dar el testimonio solemne que Dios nos hab\u00eda encargado para su iglesia remanente.<\/p>\n\n\n\n<p>El estado de deterioro del pueblo de Dios me resultaba penosamente claro, y cada d\u00eda estaba consciente de haber usado mis energ\u00edas hasta su l\u00edmite. Mientras est\u00e1bamos en Wright, hab\u00edamos enviado mi manuscrito n\u00famero 11 a la oficina de publicaci\u00f3n, y yo aprovechaba casi cada momento cuando no hab\u00eda reuniones para redactar el material del n\u00famero 12. Mis energ\u00edas, tanto f\u00edsicas como mentales, hab\u00edan sido severamente gastadas mientras trabajaba por la iglesia en Wright. Sent\u00ed que deb\u00eda tener reposo, pero no pod\u00eda vislumbrar ninguna oportunidad de sosiego. Hablaba a la gente varias veces a la semana, y escrib\u00eda muchas p\u00e1ginas de testimonios personales. Sent\u00eda el peso de las almas sobre m\u00ed, y las responsabilidades que sent\u00eda eran tan grandes que s\u00f3lo pod\u00eda conseguir unas pocas horas de sue\u00f1o cada noche.<\/p>\n\n\n\n<p>-501-<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras laboraba de esa manera hablando y escribiendo, recib\u00ed de Battle Creek cartas de car\u00e1cter desanimador. Al leerlas, sent\u00ed una depresi\u00f3n de esp\u00edritu inexpresable, algo as\u00ed como agon\u00eda mental, la cual pareci\u00f3 paralizar mis energ\u00edas vitales por un corto tiempo. Casi no dorm\u00ed durante tres noches. Mis pensamientos estaban turbados y perplejos. Escond\u00ed mis sentimientos lo mejor que pude, de mi esposo y de la cari\u00f1osa familia en cuyo hogar pos\u00e1bamos. Nadie sab\u00eda de mis faenas, o carga mental cuando me un\u00eda con la familia en devoci\u00f3n matutina y vespertina, y procur\u00e9 colocar mis cargas sobre Aquel que nos ofrece llevarlas. Pero mis peticiones surg\u00edan de un coraz\u00f3n abrumado de angustia y mis oraciones se interrump\u00edan y fragmentaban por causa de mi tristeza incontrolable. La sangre se agolpaba en mi cerebro, haci\u00e9ndome con frecuencia vacilar y casi perder el equilibrio. Mi nariz sangraba a menudo, especialmente al esforzarme por escribir. Fui forzada a dejar de escribir, pero no pod\u00eda quitarme de encima el peso de la ansiedad y responsabilidad que estaba sobre m\u00ed al comprender que ten\u00eda testimonios para otros que no era capaz de presentarles.<\/p>\n\n\n\n<p>Recib\u00ed otra carta, inform\u00e1ndome que hab\u00edan pensado que era mejor diferir la publicaci\u00f3n del Testimonio n\u00famero 11 hasta que yo pudiese escribir lo que se me hab\u00eda mostrado acerca del Instituto de Salud, porque los que estaban a cargo de esa empresa ten\u00edan gran necesidad de fondos y necesitaban la influencia de mi testimonio para motivar a los hermanos. Entonces escrib\u00ed una parte de lo que se me hab\u00eda mostrado en relaci\u00f3n con el Instituto, pero no pude completar el tema debido a la presi\u00f3n sangu\u00ednea que sent\u00eda en mi cerebro. Si hubiese sabido que el n\u00famero 12 se iba a demorar tanto, de ninguna manera hubiera enviado esa parte del asunto publicado en el n\u00famero 11. Pens\u00e9 que despu\u00e9s de descansar unos d\u00edas, podr\u00eda reanudar mi tarea de escribir. Pero descubr\u00ed con gran dolor, que la condici\u00f3n de mi cerebro me lo imped\u00eda. Tuve que desistir de la idea de escribir testimonios generales o personales, y esto me caus\u00f3 mucha angustia.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese estado de cosas, se decidi\u00f3 que regres\u00e1ramos a Battle Creek y permaneci\u00e9ramos all\u00ed mientras las carreteras estuvieran en condiciones precarias por el barro y las aver\u00edas, y que all\u00ed completar\u00eda el Testimonio n\u00famero 12. Mi esposo estaba ansioso de ver a sus hermanos de Battle Creek y hablarles y regocijarse con ellos en la obra que Dios estaba haciendo a trav\u00e9s de \u00e9l. Recog\u00ed mis escritos, y empezamos nuestro viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>-502-<\/p>\n\n\n\n<p>A nuestro regreso en el camino, sostuvimos dos reuniones en Orange y vi evidencias de que la iglesia se hab\u00eda beneficiado y animado. Nosotros mismos fuimos refrigerados por el Esp\u00edritu del Se\u00f1or. Esa noche so\u00f1\u00e9 que estaba en Battle Creek y miraba por el cristal del lado de la puerta. Observ\u00e9 una compa\u00f1\u00eda que se acercaba a la casa de dos en dos. Parec\u00edan decididos y determinados. Los conoc\u00eda bien y me volv\u00ed para abrir la puerta de la sala para recibirles, pero decid\u00ed mirar de nuevo. La escena cambi\u00f3. La compa\u00f1\u00eda ahora parec\u00eda una procesi\u00f3n de cat\u00f3licos. Uno llevaba en su mano una cruz, otro un escapulario. Y a medida que se acercaba, el que llevaba el escapulario hizo un c\u00edrculo alrededor de la casa, repitiendo tres veces: \u201cEsta casa est\u00e1 proscripta; sus pertenencias deben ser confiscadas. Han hablado contra nuestra santa orden\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Me sobrecogi\u00f3 el terror. Atraves\u00e9 la casa corriendo, sal\u00ed por la puerta del norte y me encontr\u00e9 en medio de una compa\u00f1\u00eda, algunos de los cuales conoc\u00eda, pero no me atrev\u00ed a decirles una palabra por miedo a ser traicionada. Trat\u00e9 de encontrar un lugar apartado donde pudiera llorar y orar sin encontrarme con ojos impacientes e inquisitivos. Repet\u00eda a menudo: \u201c\u00a1Si me dijeran qu\u00e9 he dicho o qu\u00e9 he hecho!\u201d Llor\u00e9 y or\u00e9 mucho al ver nuestros bienes confiscados. Trat\u00e9 de leer simpat\u00eda o piedad por m\u00ed en las miradas de aquellos que me rodeaban y not\u00e9 en los rostros de varios que me hablar\u00edan y me consolar\u00edan si no tuvieran miedo de ser observados por otros. Quise escaparme de la multitud, pero comprendiendo que era vigilada, escond\u00ed mis intenciones. Empec\u00e9 a orar en voz alta y a decir: \u201c\u00a1Si tan s\u00f3lo me dijeran qu\u00e9 he hecho, o qu\u00e9 he dicho!\u201d Mi esposo, que dorm\u00eda en una cama en el mismo cuarto, oy\u00f3 mi llanto y me despert\u00f3. Mi almohada estaba empapada de l\u00e1grimas y sobre m\u00ed pesaba una triste depresi\u00f3n de esp\u00edritu. El hermano y la hermana Howe nos acompa\u00f1aron a West Windsor, donde fuimos recibidos y nos dieron la bienvenida el hermano y la hermana Carman. El s\u00e1bado y el domingo conocimos a los hermanos y las hermanas de las iglesias en la vecindad y nos sentimos libres de expresar nuestro testimonio a ellos. El esp\u00edritu refrigerante del Se\u00f1or descans\u00f3 sobre aquellos que sintieron un inter\u00e9s especial en la obra del Se\u00f1or. Nuestras reuniones de asociaci\u00f3n fueron buenas y casi todos dieron testimonio de que estaban fortalecidos y grandemente animados.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocos d\u00edas nos encontr\u00e1bamos de nuevo en Battle Creek despu\u00e9s de una ausencia de cerca de tres meses. El s\u00e1bado 16 de marzo, mi esposo predic\u00f3 a la iglesia un serm\u00f3n sobre santificaci\u00f3n, fonogr\u00e1ficamente informado por el editor de la Review y publicado en el volumen 29, n\u00famero 18. Tambi\u00e9n habl\u00f3 con claridad en la tarde y el domingo en la ma\u00f1ana. Ofrec\u00ed mi testimonio con la libertad usual. El s\u00e1bado 23, hablamos libremente a la iglesia de Newton y trabajamos con la iglesia de Convis el siguiente s\u00e1bado y el domingo. Nos propon\u00edamos regresar al Norte y anduvimos cuarenta y ocho kil\u00f3metros, pero nos vimos obligados a regresar por la condici\u00f3n de las carreteras. Mi esposo se desanim\u00f3 terriblemente por la fr\u00eda recepci\u00f3n que encontr\u00f3 en Battle Creek, y yo tambi\u00e9n me entristec\u00ed. Decidimos que no compartir\u00edamos nuestro testimonio con esa iglesia hasta que dieran mejor evidencia de que deseaban nuestros servicios, y resolvimos trabajar en Convis y Monterrey hasta que las carreteras mejoraran. Los dos s\u00e1bados siguientes los pasamos en Convis y tenemos prueba de haber hecho una buena obra, pues ahora se ven los mejores frutos.<\/p>\n\n\n\n<p>-503-<\/p>\n\n\n\n<p>Regres\u00e9 al hogar en Battle Creek como una hija fatigada y apesadumbrada que ten\u00eda necesidad de palabras de consuelo y \u00e1nimo. Me resulta doloroso declarar que fuimos recibidos con gran indiferencia por nuestros hermanos, de quienes tres meses antes nos hab\u00edamos separado en perfecta uni\u00f3n, excepto en lo referente al punto de nuestra partida. La primera noche que pasamos en Battle Creek, so\u00f1\u00e9 que hab\u00eda estado trabajando arduamente y hab\u00eda estado viajando para asistir a una gran reuni\u00f3n, y que me sent\u00eda muy apesadumbrada. Las hermanas arreglaban mi cabello y ajustaban mi vestido, y me dorm\u00ed. Al despertar, me asombr\u00e9 y me indign\u00e9 al ver que se me hab\u00eda quitado mi ropa y se me hab\u00eda puesto ropa vieja hecha de tiras y pedazos de tela de cubrecamas remendados. Dije: \u201c\u00bfQu\u00e9 es lo que me han hecho? \u00bfQui\u00e9n ha hecho esta vergonzosa obra de quitar mi vestimenta y reemplazarla con andrajos de mendigos?\u201d Rasgu\u00e9 los harapos y me los quit\u00e9. Estaba triste, y con angustia grit\u00e9: \u201cTr\u00e1iganme de nuevo mis vestiduras que he llevado por veintitr\u00e9s a\u00f1os y no he deshonrado ni un solo instante. Si no me devuelven mi ropa, apelar\u00e9 al pueblo. Ellos contribuir\u00e1n y me devolver\u00e1n mis vestiduras que he llevado por veintitr\u00e9s a\u00f1os\u201d. He visto el cumplimiento de este sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos encontramos con informes en Battle Creek que hab\u00edan sido puestos en circulaci\u00f3n para perjudicarnos, pero no ten\u00edan fundamento. Algunos estacionados temporariamente en el Instituto de Salud y otros que serv\u00edan en Battle Creek hab\u00edan escrito cartas, a iglesias en M\u00edchigan y otros estados, expresando temores, dudas, e insinuaciones respecto a nosotros. Me embarg\u00f3 el pesar al escuchar un cargo procedente de un compa\u00f1ero de labor a quien hab\u00eda respetado, seg\u00fan el cual estaban llegando de todas partes informes de lo que yo habr\u00eda hablado en contra de la iglesia de Battle Creek. Me sent\u00eda tan pesarosa que no sab\u00eda que decir. Encontramos un fuerte esp\u00edritu de acusaci\u00f3n contra nosotros. Cuando nos convencimos plenamente de que este esp\u00edritu era real, sentimos nostalgia por nuestro hogar. Est\u00e1bamos tan desanimados y acongojados que les dije a dos de nuestros principales hermanos que no nos sent\u00edamos bienvenidos, al enfrentar falta de confianza y frialdad en vez de bienvenida y \u00e1nimo, y que no comprend\u00eda c\u00f3mo podr\u00eda ser correcto seguir una conducta as\u00ed hacia los que se hab\u00edan deteriorado por esforzarse entre ellos m\u00e1s all\u00e1 de sus energ\u00edas en su devoci\u00f3n a la obra de Dios. Dije entonces que pens\u00e1bamos que deber\u00edamos salir de Battle Creek y procurar un hogar m\u00e1s alejado.<\/p>\n\n\n\n<p>-504-<\/p>\n\n\n\n<p>Atribulada en esp\u00edritu m\u00e1s all\u00e1 de lo que es posible expresar, permanec\u00ed en casa, temiendo ir a los hogares de los miembros por temor a ser herida. Finalmente, como nadie se acercara para ofrecer sosiego a mis sentimientos, sent\u00ed que era mi deber reunir un n\u00famero de hermanos y hermanas de experiencia y refutar los informes que circulaban respecto a nosotros. Abrumada y deprimida hasta la angustia, me enfrent\u00e9 a los cargos contra m\u00ed, haciendo un recuento de mi viaje por el este, hac\u00eda un a\u00f1o, y las penosas circunstancias que afrontamos en ese viaje. Rogu\u00e9 a los presentes que juzgaran si mi conexi\u00f3n con la obra y la causa de Dios me conducir\u00eda a despreciar la iglesia de Battle Creek, por cuyos miembros jam\u00e1s he tenido ning\u00fan sentimiento negativo. \u00bfNo era mi inter\u00e9s por la obra y la causa de Dios tan grande como el mayor que ellos mismos pudieran tener? Toda mi experiencia y existencia estaban entretejidas con \u00e9stas. No abrigaba inter\u00e9s alguno que no fuera el de la obra. Hab\u00eda invertido todo en esta causa, y no hab\u00eda estimado ning\u00fan sacrificio demasiado grande a fin de adelantarla. No hab\u00eda permitido que mi afecto por mis amados beb\u00e9s me detuviera de realizar mi deber, seg\u00fan Dios lo requer\u00eda en su causa. El amor maternal floreci\u00f3 tan fuerte en mi coraz\u00f3n como en el de cualquier madre viviente; sin embargo, me hab\u00eda separado de mis peque\u00f1os hijos permitiendo que otra persona actuara como madre para ellos. Hab\u00eda dado inconfundibles evidencias de mi inter\u00e9s y devoci\u00f3n por la causa de Dios. He demostrado por mis obras cu\u00e1n cara es ella a mi coraz\u00f3n. \u00bfPodr\u00eda otro producir una prueba m\u00e1s fuerte que la m\u00eda? \u00bfEran celosos en la causa de la verdad? Yo era m\u00e1s celosa. \u00bfEran devotos a ella? Yo pod\u00eda probar mayor devoci\u00f3n que cualquier otro de los obreros. \u00bfHab\u00edan ellos sufrido por amor a la verdad? Mi sufrimiento era mayor. No hab\u00eda considerado mi vida preciosa para m\u00ed misma. No hab\u00eda esquivado reproches, sufrimiento o penurias. Cuando mis amigos y familiares hab\u00edan perdido la esperanza de preservar mi vida, por haber yo ca\u00eddo presa de la enfermedad, mi esposo me hab\u00eda llevado en brazos al barco o al tren. En una ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de viajar hasta la media noche, nos encontr\u00e1bamos sin recursos en la ciudad de Boston. En dos o tres ocasiones, caminamos por fe once kil\u00f3metros. Viaj\u00e1bamos hasta donde mis esfuerzos me lo permit\u00edan y entonces ca\u00edamos de rodillas al suelo y ped\u00edamos fuerzas para seguir. La fuerza fue suplida y fuimos capacitados para trabajar esforzadamente por el bien de las almas. No permit\u00edamos que ning\u00fan obst\u00e1culo nos distrajera del deber o nos separara de la obra.<\/p>\n\n\n\n<p>-505-<\/p>\n\n\n\n<p>El esp\u00edritu manifestado en estas reuniones me inquiet\u00f3 profundamente. Volv\u00ed al hogar todav\u00eda preocupada, porque los que asistieron no hicieron esfuerzo alguno por aliviarme reconociendo que estaban convencidos de haberme juzgado equivocadamente, y de que sus sospechas y acusaciones contra m\u00ed eran injustas. No pod\u00edan condenarme, pero tampoco hicieron un esfuerzo por absolverme.<\/p>\n\n\n\n<p>Por quince meses mi esposo hab\u00eda estado tan d\u00e9bil que no hab\u00eda podido llevar consigo ni el reloj ni su cartera, ni manejar por s\u00ed mismo los caballos cuando sal\u00eda en coche. Pero este a\u00f1o, \u00e9l hab\u00eda tomado su reloj y cartera\u2014esta \u00faltima vac\u00eda como consecuencia de nuestros cuantiosos gastos\u2014y hab\u00eda podido conducir por s\u00ed mismo al viajar en coche. Durante su enfermedad hab\u00eda rehusado en varias ocasiones aceptar dinero de sus hermanos por valor de casi mil d\u00f3lares, dici\u00e9ndoles que cuando estuviera en necesidad les notificar\u00eda. Finalmente nos vimos en necesidad. Mi esposo sinti\u00f3 que era su deber, antes de llegar a ser dependiente, vender primero todo aquello de lo cual pod\u00edamos prescindir. Ten\u00eda unas pocas cosas de menor valor en la oficina y distribuidas en las casas de algunos hermanos de Battle Creek, las cuales recogi\u00f3 y vendi\u00f3. Nos desprendimos de muebles por valor de cerca de ciento cincuenta d\u00f3lares. Mi esposo trat\u00f3 de vender nuestro sof\u00e1 para el lugar de reuni\u00f3n, ofreciendo dar diez d\u00f3lares de su valor como ofrenda, pero no pudo. Por entonces muri\u00f3 nuestra \u00fanica y valiosa vaca. Por primera vez mi esposo sinti\u00f3 que necesitar\u00eda ayuda, y le envi\u00f3 una nota a un hermano dici\u00e9ndole que si a la iglesia le complac\u00eda ayudarle a reponer la p\u00e9rdida de la vaca, pod\u00eda hacerlo. Pero no se hizo nada al respecto; m\u00e1s bien lo acusaron de haber enloquecido por la codicia. Los hermanos lo conoc\u00edan suficientemente para saber que jam\u00e1s solicitar\u00eda ayuda a menos que se viera obligado por extrema necesidad. Y ahora que lo hab\u00eda hecho, imaginen los lectores sus sentimientos y los m\u00edos al ver que nadie se preocupaba del asunto excepto para herirnos en nuestra necesidad y profunda aflicci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p> El hermano de Nueva York regres\u00f3 con su esposa y su hija a Battle Creek, en un estado mental que no le permit\u00eda dar un informe correcto del buen trabajo hecho en Wright ni estabilizar los sentimientos de la iglesia de Battle Creek.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":5417,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[76],"tags":[],"class_list":["post-5416","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-plan-de-reavivamiento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5416","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5416"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5416\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5418,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5416\/revisions\/5418"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5417"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5416"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5416"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/unadeca.net\/cwhite\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5416"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}