LEAMOS HOY 27 DE AGOSTO ISAÍAS 6.
VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. (Ver. 5).
COMENTARIO HISTÓRICO.-
La visión del capítulo seis, ocurrió el año que murió Uzías (735 a. C.), cuando el profeta tendría entre veinte a veinticinco años. Muchos estudiosos bíblicos, aseguran erróneamente que este fue el año que Isaías fue llamado al ministerio. Sin embargo, este episodio ocurre cuando Isaías estaba dudando de su misión: “¿Debía renunciar descorazonado a su misión y abandonar a Judá en su idolatría? ¿Habrían de gobernar la tierra los dioses de Nínive, en desafío del Rey de los cielos? Pensamientos como éstos embargaban a Isaías mientras se hallaba bajo el pórtico del templo. De repente la puerta y el velo interior del templo parecieron alzarse o retraerse, y se le permitió mirar al interior, al lugar santísimo” (PR 228). Cuando Isaías ve la majestuosa gloria de Dios, declara pecador, por esa razón debemos COMPARARNOS CON DIOS, NO CON LOS HOMBRES.- Cuando comparamos nuestra conducta con los otros hermanos, hermanas y dirigentes de iglesia, podríamos llegar a la conclusión que solo nos “faltan las alas para ir al cielo”. Sin embargo, el desafío para hoy es: comparar nuestra justicia con la de Dios, nuestra pecaminosidad con la santidad de Dios, nuestras palabras con las palabras de Dios. Así reconoceremos que somos pecadores.
CITA SELECTA.-
“Se le presentó una visión de Jehová sentado en un trono elevado, mientras que el séquito de su gloria llenaba el templo: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:3), hasta que el sonido parecía estremecer las columnas y la puerta de cedro y llenar la casa con su tributo de alabanza. Mientras Isaías contemplaba esta revelación de la gloria y majestad de su Señor, se quedó abrumado por un sentido de la pureza y la santidad de Dios. ¡Cuán agudo contraste notaba entre la incomparable perfección de su Creador y la conducta pecaminosa de aquellos que, juntamente con él mismo, se habían contado durante mucho tiempo entre el pueblo escogido de Israel!
(PR 228).
ORACIÓN:
DIOS NUESTRO. AL LEER ESTA VISIÓN, EXCLAMAMOS COMO ISAÍAS QUE SOMOS PECADORES Y PECADORAS, TE CONFESAMOS QUE TENEMOS PENSAMIENTOS IMPUROS Y NUESTROS ACTOS SON PECAMINOSOS. TE PEDIMOS QUE LA SANGRE DE CRISTO NOS LIMPIE DE PECADO. POR JESÚS, AMÉN.