“Todos nuestros ministros deberían saber articular con claridad y realizar inspiraciones profundas al respirar… Hablen despacio. Hagan las pausas adecuadas respetando los puntos, los dos puntos y los puntos y coma; así lograrán más con un solo sermón que con tres o cuatro en los que las palabras se atropellan unas a otras”.
Carta 98, 1901.
