Cristo fue tratado como nosotros merecemos, para que nosotros pudiésemos ser tratados como Él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los cuales no había participado, para que nosotros pudiésemos ser justificados por Su justicia, en la cual no habíamos participado. Él sufrió la muerte que era nuestra, para que pudiésemos recibir la vida que era Suya. ‘Por Su llaga fuimos nosotros curados’.”
— El Deseado de Todas las Gentes, p. 25.