ACEPTAR A CRISTO COMO NUESTRO JUEZ, REY Y SALVADOR

LEAMOS HOY 23 DE SEPTIEMBRE ISAÍAS 33.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Porque el Señor es nuestro juez, nuestro legislador y nuestro rey, y él nos salvará” (Ver. 22).

COMENTARIO HISTÓRICO DE ISAÍAS 33.-

En este capítulo, se presenta la última profecía sobre el imperio Asirio encabezado por su rey Senaquerib. En esos días, se vivían momentos de angustia, y el profeta junto con los creyentes claman a Jehová: “Ten misericordia de nosotros, porque en ti hemos confiado”. Isaías, no se sume en la derrota y el fracaso, sino que avista la victoria de Dios: Jehová traerá salvación. Isaías desafía a sus lectores a: caminar en justicia; hablar lo recto; no participar de ganancias deshonestas; no aceptar sobornos; y no participar de actos malvados; si nos alejamos del mal, podremos respirar de la atmósfera celestial y disfrutar de las alturas celestiales. El profeta hace tres declaraciones sobre el Mesías: 1) CRISTO: NUESTRO JUEZ.- “Cristo aceptó la humanidad y vivió en esta tierra una vida pura y santificada. Por esta razón ha recibido la designación de Juez. El que ocupa la posición de juez es Dios manifestado en la carne. Qué gozo será reconocer en él a nuestro Maestro y Redentor”; 2) CRISTO: NUESTRO REY.- Aceptemos a Cristo como nuestro supremo rey y gobernante. Qué privilegio tendremos al compartir el reino eterno con Cristo; 3) CRISTO: NUESTRO SALVADOR.- ¿Hemos aceptado a Cristo como nuestro Salvador Personal? La fe en Cristo como Salvador personal dará fuerza y solidez para vencer las tentaciones satánicas. Desarrollemos la verdadera fe en Cristo, para confiar que su muerte y resurrección es la garantía de la salvación eterna.

CITA SELECTA.-

Quede este punto completamente aclarado en cada mente: Si aceptamos a Cristo como Redentor, debemos aceptarlo como Soberano. No podemos tener la seguridad y perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador hasta que lo reconozcamos como nuestro Rey y seamos obedientes a sus mandamientos. Así demostramos nuestra lealtad a Dios. Entonces nuestra fe sonará genuina, porque es una fe que obra. Obra por amor. Digan de corazón: “Señor, creo que tú moriste para redimir mi alma. Si tú le has dado tal valor al alma como para ofrecer tu vida por la mía, yo voy a responder. Entrego mi vida y todas sus posibilidades, con toda mi debilidad, a tu cuidado”

(FO 13).

OREMOS:

DIOS DE MARAVILLAS. TE AGRADECEMOS PORQUE TU AMOR SE MANIFIESTA CADA DÍA SOBRE NUESTRAS VIDAS. HOY DECLARAMOS QUE ACEPTAMOS A CRISTO COMO NUESTRO JUEZ, REY Y SALVADOR, LE ENTREGAMOS NUESTRAS VIDAS, PORQUE QUEREMOS SER SUS SÚBDITOS, POR JESÚS, AMÉN.