Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 222-230, día 024

Estimados hermanos, velad sobre vuestros hijos con cuidado celoso. El espíritu y la influencia del mundo están destruyendo en ellos todo deseo de ser verdaderos cristianos. Sea vuestra influencia tal que los aparte de los compañeros jóvenes que no tienen interés en las cosas divinas. Deben hacer un sacrificio si quieren ganar el cielo.

Experiencia personal

El 20 de septiembre de 1860 nació mi cuarto hijo, John Herbert White. Cuando tenía tres semanas de edad, mi esposo sintió que era su deber salir de viaje. En la Asociación se decidió que el Hno. Loughborough debía viajar al oeste y mi esposo al este del país. Pocos días antes de su partida, mi esposo se sentía muy deprimido. En un momento pensó que debía desistir del viaje, y sin embargo temía tomar esa decisión. Sentía que había algo que debía hacer, pero se veía envuelto en nubes de tinieblas. No podía descansar ni dormir. Tenía la mente continuamente agitada. Relató su aflicción mental a los Hnos. Loughborough y Cornell, con quienes se postró delante del Señor para buscar su consejo. Después de eso desaparecieron las nubes y brilló la luz. Mi esposo comprendió que el Espíritu del Señor lo estaba dirigiendo a él hacia el oeste y al Hno. Loughborough hacia el este. Después de esto vieron claramente cuál era su deber y actuaron en conformidad con eso.

Durante la ausencia de mi esposo orábamos para que el Señor lo sustentara y fortaleciera, y recibimos la seguridad de que él lo acompañaría. Cerca de una semana antes de visitar Mauston, Wisconsin, recibió cartas de la hermana G enviadas con el propósito de que fueran publicadas, en las cuales relataba algunas visiones que ella decía que el Señor le había dado. Al leerlas nos sentimos preocupados, porque sabíamos que no procedían de la fuente que ella pretendía. Y como mi esposo no sabía nada de lo que encontraría en Mauston, temíamos que no estuviera preparado para soportar el fanatismo que encontraría y que éste tuviera una influencia desanimadora en su mente. En nuestra experiencia anterior habíamos pasado por tantas situaciones semejantes, y habíamos sufrido tanto a causa de personas indisciplinadas e ingobernables, que temíamos entrar en contacto con ellas. Envié un pedido a la iglesia de Battle Creek para que orara por mi esposo, y en el altar de la familia orábamos fervientemente para que el Señor lo ayudara. Con espíritu contrito y muchas lágrimas procuramos afirmar nuestra fe temblorosa en las promesas de Dios, y tuvimos la evidencia de que él escuchó nuestras oraciones y que ayudaría a mi esposo y le impartiría consejo y sabiduría.

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Mientras buscaba en la Biblia un versículo para que mi hijo Guillermito memorizara a fin de repetirlo en la escuela sabática, el siguiente pasaje atrajo mi atención: “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”. Nahúm 1:7. Estas palabras me hicieron llorar porque parecían tan apropiadas para nuestra situación. Sentía una gran preocupación por mi esposo y por la iglesia de Wisconsin. Mi esposo comprendió que había recibido la bendición de Dios mientras se encontraba en Wisconsin. El Señor fue una fortaleza para él en el tiempo de angustia y lo sostuvo mediante su Espíritu mientras él daba un testimonio definido contra el fanatismo desatado que reinaba en ese lugar.

Mientras mi esposo se encontraba en Mackford, Wisconsin, me escribió una carta en la que me decía: “Temo que no todo esté bien en casa. He tenido algunas impresiones acerca del bebé”. Mientras oraba por la familia en el hogar, tuvo un presentimiento de que el bebé se encontraba enfermo. Le pareció verlo con la cara y la cabeza muy hinchadas. Cuando recibí la carta, la criatura estaba bien como de costumbre; pero a la mañana siguiente cayó enfermo. Se trataba de un caso de erisipela de gravedad extrema que le había afectado la cara y la cabeza. Cuando mi esposo llegó a la casa del hermano Wick, cerca de Round Grove, Illinois, recibió un telegrama en que se le informaba de la enfermedad de la criatura. Después de leerlo, dijo a los presentes que esas noticias no lo habían tomado por sorpresa, porque el Señor había preparado su mente para recibirla, y añadió que oirían que la cabeza y la cara del niño estaban muy afectadas.

Mi querido bebé sufrió mucho. Durante 24 días y noches velamos ansiosamente sobre él y utilizamos todos los medios posibles para lograr su recuperación, y presentamos su caso fervorosamente ante el Señor. A veces no podía controlar mis sentimientos al verlo sufrir. Pasé gran parte de mi tiempo en lágrimas y en humilde súplica a Dios. Pero nuestro Padre celestial consideró conveniente quitar de nuestro lado a nuestro amado hijito.

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El niño empeoró el 14 de diciembre y me llamaron a su lado. Al sentir su respiración trabajosa y la falta de pulso, supe que moriría. Ya se había posado sobre él la gélida mano de la muerte. Ese fue un momento de angustia para mí. Seguí su respiración débil y entrecortada hasta que cesó, y entonces experimenté agradecimiento porque había concluido su sufrimiento. No pude llorar mientras mi hijo agonizaba. Me dolía el corazón como si se me fuera a quebrantar, pero no pude derramar una lágrima siquiera. En el funeral me desmayé. Nos sentimos frustrados porque el Hno. Loughborough no pudo dirigir los servicios fúnebres, y mi esposo habló en esa ocasión a una congregación que llenaba completamente la iglesia. Después de eso acompañamos a nuestro hijo al cementerio de Oak Hill, donde lo dejamos hasta que el Dador de la vida venga para quebrantar las cadenas de la tumba y llamarlo a la vida inmortal.

Al regresar del funeral encontré un gran vacío en mi hogar. Me sentí reconciliada con la voluntad de Dios, pero a pesar de eso me invadieron la tristeza y el abatimiento. No pude sobreponerme a los desánimos del verano pasado. Al considerar la condición del pueblo de Dios no sabíamos qué podíamos esperar. Satanás había obtenido control de las mentes de algunas personas que estaban estrechamente relacionadas con nosotros en la obra, y aun de algunos que habían estado familiarizados con nuestra misión y habían visto los frutos en nuestras labores y que no sólo habían sido testigos de la frecuente manifestación del poder de Dios, sino también habían experimentado su influencia sobre sus propios cuerpos. ¿Qué podíamos esperar del futuro? Mientras mi hijo vivía, pensé que comprendía cuál era mi deber. Estreché a mi querido bebé contra mi corazón y me alegré de que por lo menos durante un invierno quedaría libre de grandes responsabilidades, porque no era posible que fuera mi deber viajar en invierno con mi criatura. Pero cuando me fue quitado, nuevamente quedé sumida en gran perplejidad.

La condición de la obra y del pueblo de Dios casi nos abrumó. Nuestra felicidad depende siempre de la condición de la obra de Dios. Cuando su pueblo se encuentra en prosperidad, nos sentimos libres, pero cuando hay apostasía y discordia entre ellos, no hay nada que pueda hacernos sentir felices. Todo nuestro interés y nuestra vida han estado entretejidos con el surgimiento y el progreso del mensaje del tercer ángel. Estamos unidos a él, de manera que cuando no prospera experimentamos gran sufrimiento mental.

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Por este tiempo mi esposo al repasar el pasado, comenzó a perder confianza en casi todos. Muchas personas con quienes había tratado de establecer amistad se habían convertido en enemigos, y algunos a quienes había ayudado mucho mediante su influencia y también con los escasos recursos que poseía, trataban continuamente de perjudicarlo y de echar cargas sobre él. Un sábado de mañana, mientras se dirigía a nuestro lugar de culto, fue sobrecogido por un sentimiento de injusticia tan abrumador, que se apartó hacia un lado y lloró en voz alta, mientras la congregación lo esperaba.

Desde el comienzo de nuestro trabajo hemos sido llamados a dar un testimonio claro y definido, a fin de censurar lo malo sin exceptuar nada. Y en todo tiempo ha habido quienes se han opuesto a nuestro testimonio, y después han dicho de nosotros cosas halagadoras, recubiertas con un suave enlucido de mortero, con lo cual han destruido la influencia de nuestras labores. El Señor nos ha ordenado presentar reproches, pero hay personas que se han interpuesto entre nosotros y el pueblo para dejar sin efecto nuestro testimonio. Hemos recibido muchas visiones en las que se nos ha indicado que no debíamos dejar de declarar el consejo de Dios, sino que debíamos ocupar una posición desde la cual pudiéramos conmover al pueblo de Dios, porque éste se encuentra dormido en sus pecados. Pero pocas personas han simpatizado con nosotros, mientras muchas han simpatizado con el error y con los que han sido reprobados. Estas cosas nos han abrumado, y hemos sentido que no teníamos ningún testimonio que dar en la iglesia. No sabíamos en quién confiar. Cuando todas estas cosas se amontonaron sobre nosotros, perdimos la esperanza. Nos retiramos a descansar cerca de la medianoche, pero yo no pude dormir. Un severo dolor me afligía el corazón; no pude encontrar alivio, de modo que me desmayé varias veces. Mi esposo mandó a buscar a los hermanos Amadon, Kellogg y C. Smith. Sus fervientes oraciones fueron escuchadas, experimenté alivio y fui tomada en visión. Se me mostró que tenemos una obra que llevar a cabo, que debemos dar nuestro testimonio en forma directa y al punto. Se me presentaron algunas personas que habían descartado el testimonio definido. Vi la influencia de sus enseñanzas sobre el pueblo de Dios.

Se me presentó la condición del pueblo de Dios en _____. Poseen la teoría de la verdad, pero no han sido santificados por ella. Vi que cuando los mensajeros entran en un nuevo lugar, su trabajo se perderá completamente a menos que presenten un testimonio claro y definido. Debieran mantener la distinción entre la iglesia de Cristo y los profesantes formalistas y sin vida. Hubo una falla en ese sentido en _____. El pastor N temía ofender y sentía temor de que se destacaran las peculiaridades de nuestra fe, y debido a esto se rebajaron las normas a fin de ponerse a la misma altura de su gente. En vez de eso, debiera haberse destacado claramente que poseemos verdades de importancia vital, y que los intereses eternos de la gente dependían de la decisión que efectuaran; que a fin de ser santificados mediante la verdad tendrían que abandonar sus ídolos, confesar sus pecados y producir frutos dignos de arrepentimiento.

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Los que se ocupan en la solemne obra de presentar el mensaje del tercer ángel deben avanzar decididamente, y con el Espíritu y el poder de Dios predicar sin temor la verdad y dejar que ésta corte. Debieran levantar el estandarte de la verdad e instar a la gente a reunirse en torno a él. Este ha sido rebajado con demasiada frecuencia para colocarlo a la misma altura que la gente en su condición de tinieblas y pecado. El testimonio definido elevará a la gente y la ayudará a decidir. Un testimonio pacífico no llevará a cabo esto. La gente tiene el privilegio de escuchar esta clase de enseñanza desde los púlpitos populares; pero los siervos a quienes Dios ha confiado el mensaje solemne y alarmante que debe reunir a un pueblo y prepararlo para la venida de Cristo, debieran dar un testimonio claro y definido. Nuestra verdad es tanto más solemne que la de los profesantes nominales, cuanto más alto es el cielo que la Tierra.

La gente está dormida en sus pecados y necesita que se haga sonar la alarma ante ella antes de que pueda sacudir su letargo. Sus ministros han predicado cosas placenteras; pero los siervos de Dios, que son portadores de verdades sagradas y vitales, debieran proclamar el mensaje en alta voz para que la verdad arranque el ropaje de seguridad y se abra paso hasta el corazón. El testimonio directo que debiera haberse dado a la gente en la localidad de _____ no fue aceptado por los ministros; la semilla de la verdad se sembró entre espinas y fue ahogada por ellas. Algunos han sido asediados por dificultades malignas que han hecho morir las gracias celestiales.

Los siervos de Dios deben dar un testimonio definido que traspasará el corazón natural y desarrollará el carácter. Los Hnos. N y O actuaron con mucha reserva mientras se encontraban en la localidad de _____. Una predicación como la que se hizo en ese lugar nunca hará la obra que Dios se propone que se lleve a cabo. Ya basta con la actitud servil de los ministros nominales, y con el atenuamiento de las verdades definidas que reprochan el pecado.

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A menos que la gente acepte el mensaje de todo corazón, y tenga el corazón preparado para recibirlo, harían mejor en no ocuparse de él. Se me mostró que la iglesia de _____ tiene que desarrollar una experiencia cristiana; pero será para ellos más difícil obtenerla ahora que si se les hubiera dado el testimonio definido al comienzo, cuando acababan de descubrir que se encontraban en error. Entonces habría sido más fácil arrancar las espinas. Sin embargo vi que había hombres de valor moral en _____, algunos de los cuales todavía serán probados mediante la verdad presente. Si la iglesia se levantara y se convirtiera, el Señor regresaría a ellos y les daría el Espíritu Santo. Entonces podrían ejercer influencia definida en favor de la verdad.

La obra en el oeste

Vi que en el Oeste hay hombres de dignidad que han abrazado la verdad, quienes llegarán a ser columnas en la causa. Cuando logren disponer de sus asuntos temporales de tal manera que se encuentren en una condición en la que puedan utilizar parte de sus recursos, harán su parte y sustentarán la causa. Vi también que algunos estaban dispuestos a recibir la verdad, la que fue puesta a su alcance gracias a la liberalidad de sus hermanos del este, sin que les costara nada. Los hermanos del Oeste debieran levantarse y sufragar los gastos de su propio bolsillo. Dios así lo requiere y ellos debieran considerar un privilegio hacer así. El Señor los probará para ver si están dispuestos a retirar sus afectos del mundo a fin de perfeccionar su fe mediante sus obras.

Vi que la mano de Dios se encontraba extendida para reunir las almas en el oeste. Ha estado llevando hombres que puedan enseñar la verdad a otros, cuyo deber consistirá en introducir el mensaje en nuevos territorios. Vi que si estos hombres que se habían trasladado del este al oeste y han experimentado los rigores de establecerse en una nueva región, reciben la verdad presente con entendimiento, manifestarán una perseverancia y decisión de carácter concerniente a la verdad, similares a las que manifestaron en su esfuerzo por asegurarse posesiones temporales, y se dedicarán con el mismo empeño a la obra de promover la verdad. Si falta este celo correspondiente, significa que la verdad todavía no ha ejercido sobre ellos su influencia salvadora y santificadora.

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Se me mostró una reunión que se llevó a cabo en _____. El hermano P sentía preocupación por la causa, pero R tenía un espíritu de oposición. Su testimonio no mostraba unidad con la obra de Dios, y acarreó aflicción y sufrimiento sobre los que trabajaban para hacerla avanzar. Pero habría sido mejor para la causa que lo hubieran tolerado durante un poco más de tiempo y que los hermanos hubieran soportado la confusión que él causó. Vi que el hermano P actuaba sin sabiduría en este caso. Eso les dio ventaja a R y a los enemigos de nuestra fe. El hermano P debió haber esperado que el carácter religioso de R se desarrollara más plenamente. Pronto se habría unido con el pueblo remanente de Dios o bien habría sido dejado de lado. Pero R obtuvo simpatía debido a su edad. Había participado del espíritu del grupo que publicaba la revista The Messenger, que afectó negativamente todo su comportamiento. Su esposa tiene una disposición nerviosa y desagradable, y ha trabajado activamente para esparcir informes falsos. Ella ha desempeñado en relación con su esposo la parte que Jezabel desempeñó con Acab, y lo incita a que pelee con los siervos de Dios, quienes dan un testimonio claro y definido.

La influencia que ellos han ejercido en el este ha sido definidamente contra el Espíritu de verdad y contra los que han dedicado sus vidas a trabajar por su progreso. En el este hay un grupo que profesa creer en la verdad, pero que mantiene sentimientos secretos de insatisfacción contra los que soportan la carga de la obra. Los verdaderos sentimientos de los tales no se manifiestan con claridad hasta que surge alguna influencia en oposición a la obra de Dios, y entonces demuestran su verdadero carácter. Esas personas reciben de buena gana y hacen circular informes falsos para destruir la influencia de los que participan en esta obra. Todos los que deseen retirarse de la iglesia tendrán oportunidad para hacerlo. De alguna manera surgirá algo para probar a todos. El gran período del zarandeo está próximo. Los que manifiestan celos y los que critican a los demás, que andan buscando el mal, serán sacudidos y dejados afuera. Detestan el reproche y desprecian la corrección. Quienes aman el espíritu del mensaje del tercer ángel no pueden participar del espíritu de R y de su esposa.

Una pregunta contestada

Los que experimentan la influencia de mis enemigos hacen con frecuencia esta pregunta: “¿Se está poniendo orgullosa la Sra. White? He oído decir que usa un sombrero lleno de moños y cintas”.

Espero no estar poniéndome orgullosa. Mi manera de vestir es la misma que he usado durante varios años. Me opongo al uso de miriñaques o refajos huecos con armadura de alambre y de moños y cintas innecesarios. He usado durante dos años un sombrero de terciopelo sin cambiarle los lazos, excepto para limpiarlos con agua y jabón. Puse el mismo terciopelo sobre una nueva armadura, y volveré a usarlo este invierno. Creo que los observadores del sábado deben vestirse con sencillez y economía. Los que desean hablar, lo harán aunque no les demos ocasión de hacerlo. No espero satisfacer a todos con mi manera de vestir, pero creo que es mi deber usar ropa durable, vestirme con buen gusto y con pulcritud, y satisfacer mi propio gusto si éste no se halla en desacuerdo con la Palabra de Dios.

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Número 7—Testimonio para la iglesia

El norte y el sur

El 4 de enero de 1862 se me mostraron algunas cosas acerca de nuestra nación. Se me llamó la atención a la rebelión del Sur. El Sur se había preparado para sostener un terrible conflicto, mientras el Norte se encontraba dormido con respecto a sus verdaderas intenciones. Antes de que comenzara la administración del presidente Lincoln, el Sur aprovechó grandes ventajas. La administración anterior planeó y dispuso las cosas para que el Sur despojara al Norte de sus materiales de guerra. Tenían dos objetivos al hacerlo: (1) planeaban una rebelión definida y debían prepararse para ella; (2) en el momento de efectuarse la rebelión, el Norte debía encontrarse completamente sin preparación. En esta forma ganaría tiempo, y mediante sus violentas amenazas y sus actos despiadados pensaron que podían intimidar al Norte para que se sintieran obligados a ceder y a conceder todo lo que ellos querían.

El Norte no entendió el odio terrible y enconado que el Sur sentía hacia él y no se encontraba preparado para sus maquinaciones bien planeadas. El Norte se había jactado de su fortaleza y ridiculizaba la idea de que el Sur pudiera separarse de la Unión. Consideraba eso como amenazas de un niño voluntarioso y terco, y supuso que el Sur pronto volvería a pensar con cordura, y arrepentido de querer salirse de la Unión, pediría disculpas y volvería a manifestar fidelidad. El Norte no tenía una idea clara del poder del detestable sistema de esclavitud. Es esto, únicamente esto, lo que constituye el fundamento de la guerra. El Sur se ha puesto cada vez más exigente. Considera perfectamente justo dedicarse al tráfico humano, negociar con los esclavos y las almas de los hombres. Se encuentran disgustados y se exasperan completamente cuando no pueden obtener para sí todo el territorio que desean. Destruyen los límites y llevan sus esclavos a cualquier lugar que desean, y maldicen el suelo con el trabajo forzado. El lenguaje del Sur ha sido imperioso y el Norte no ha adoptado las medidas necesarias para silenciarlo.

La rebelión se manejó con tanto cuidado, tan lentamente, que muchas personas que al comienzo se horrorizaron ante el pensamiento de la rebelión, fueron influenciadas por los rebeldes para que llegaran a considerarla recta y justa, con lo que miles de personas se unieron a la Confederación del Sur. Estos simpatizantes influyeron para que el gobierno actuara con prontitud y firmeza al comienzo de la rebelión, aunque entonces no se encontrara preparado para hacer frente a una guerra. El Norte se ha estado preparando para la guerra desde entonces, pero la rebelión ha ido en constante aumento, por lo que ahora no hay mejores perspectivas de someterla que hace algunos meses. Miles han perdido la vida, y muchos han regresado a sus hogares baldados y lisiados para toda la vida, habiendo perdido la salud y las posibilidades de surgir en la vida; ¡Y sin embargo cuán poco se ha ganado! Miles de hombres han sido inducidos a alistarse con el entendimiento de que esa guerra tenía el propósito de terminar con la esclavitud; pero ahora que se encuentran en el ejército, han descubierto que fueron engañados, que el objeto de esta guerra no es abolir la esclavitud sino preservarla en su estado actual.