Dios no exige perfección por nuestras propias fuerzas, sino disposición y entrega a Su poder transformador. A través de la dependencia en Su gracia, somos capacitados para vivir conforme a Su voluntad, confiando que Él obrará en nosotros y nos guiará hacia el cumplimiento de Su propósito.
El Ministerio de Curación, pg. 482