“Que Dios nos ayude para que podamos ser santificados a través de la verdad y que esa santificación tenga su influencia a fin de leudar a aquellos que están a nuestro alrededor. No con la levadura de la malicia; no con levadura de los celos; no con la levadura de sospechas malvadas, sino con la levadura del Espíritu de Jesucristo, el enviado del cielo, el Espíritu Santo”.
Sermones Escogidos Tomo 1, pág. 188.2