LECCIÓN: NADA TIENE VALOR EN LA TIERRA CUANDO SE COMPARA CON LAS PROMESAS CELESTIALES

LEAMOS HOY 15 DE ABRIL SALMOS 73.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra”. (Ver. 25).

COMENTARIO HISTÓRICO DE SALMOS 73.-

Este salmo trata del conflicto que existe en la mente cuando se observa que los impíos prosperan, no tienen aflicciones, no pasan trabajo como las otras personas, tienen mucho vigor, mientras que se persigue a los justos. Después de buscar honradamente la solución al problema, el salmista Asaf se proyectó, de la vida presente, a la gloriosa eternidad, por eso exclamó: ¿A QUIÉN TENGO EN EL CIELO SINO A TI? No hay nadie en la tierra, ni en el cielo que pueda compararse con Dios. Tenemos en los cielos a un Dios creador, sustentador, salvador y redentor. Barnes dijo: “Nadie puede ser para mí lo que Dios es”. La segunda frase se refiere a nuestro entorno: “SI ESTOY CONTIGO, YA NADA QUIERO EN LA TIERRA”.- El salmista reconoce que, si tiene a Dios, no tiene necesidad de nada más, porque Él le satisface plenamente todas sus necesidades en la tierra. Si Dios está con nosotros, nada nos atraerá de este mundo. Lo más preciado que pueda ofrecer Satanás, lo valoraremos como basura. Los placeres efímeros que el mundo nos encandila, lo consideraremos como algo insignificante comparado con lo que Dios tiene preparado para vivir eternamente.

CITA SELECTA.-  

“Si confiamos en Dios constantemente, estaremos seguros, sin ese temor permanente de futuros males. Terminarán esa preocupación y esa ansiedad que carecen de sentido. Tenemos un Padre celestial que cuida de sus hijos, y que pone a su disposición una medida suficiente de su gracia en cada momento de necesidad. Cuando tomamos en nuestras propias manos la administración de lo que nos concierne, y dependemos de nuestra propia sabiduría para lograr el éxito, muy bien podemos experimentar ansiedad y esperar peligros, porque ciertamente recaerán sobre nosotros. Se requiere de nosotros una completa consagración a Dios. Cuando el Redentor de los pecadores mortales trabajaba y sufría por nosotros, se negó a sí mismo, y su vida entera era una escena constante de trabajo y privaciones”. 

(TI 266).

OREMOS:

GRACIAS PADRE PORQUE TE TENEMOS EN LOS CIELOS, Y DESDE TU SANTA MORADA MANDA A TUS ÁNGELES PARA QUE NOS CUIDEN. TE PEDIMOS QUE TU PRESENCIA ESTÉ CONTINUAMENTE A NUESTRO LADO, Y AL SENTIR TU SANTIDAD Y AMOR, NADA ANHELEMOS DE ESTE MUNDO. POR JESÚS, AMÉN.