4 de agosto
“Al contemplar a nuestro Intercesor en el cielo, que vuestro corazón se enternezca. De esa manera, suavizados y subyugados, podréis hablar a los pecadores arrepentidos como alguien que comprende la verdadera naturaleza del poder del amor redentor”.
Testimonios para la Iglesia, Tomo 6, pág. 73.2