LO TEMPORAL HUMANO Y LA ATEMPORALIDAD DIVINA

LEAMOS HOY 2 DE MAYO SALMOS 90.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Mil años, para ti, son como el día de ayer, que ya pasó; son como unas cuantas horas de la noche… Algunos llegamos hasta los setenta años, quizás alcancemos hasta los ochenta, si las fuerzas nos acompañan”. (Vers. 4, 10).

COMENTARIO HISTÓRICO DE SALMOS 90.-  

El salmo 90, es el único salmo del salterio que lleva el nombre de Moisés. Algunos eruditos sostienen que el salmo fue escrito al final de su vida Moisés. Moisés alaba a Dios como Creador, del universo, de la tierra y de los seres humanos. Luego, hace un contraste en la eternidad y firmeza de Dios con la vida inestable y pasajera del ser humano: 1) LOS SERES HUMANOS SOMOS TEMPORALES.- Todos los proyectos que el ser humano planifica en el ámbito profesional, familiar o personal, está condicionado al tiempo de vida. Moisés nos recuerda que la vida es corta y para su tiempo, la mayoría de las personas bordeaban los 70 años de edad, los más fuertes llegaban a los 80 años, en la actualidad los casos son excepcionales que se sobrepase los 95 años. Además, la vida se trunca por muertes prematuras, enfermedades que limitan el ejercicio profesional o por otra índole de circunstancias que interrumpen los planes de vida. Por esas razones, debemos orar: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría”. LA ATEMPORALIDAD DIVINA.- A diferencia de nuestra vida corta y limitada, nuestro Dios creador, es eterno: “Mil años es… como un día”. No es que Dios no tenga consciencia del tiempo o de la sucesión de hechos, el salmista dice que nuestros tiempos están en su mano; él está consciente de nuestro tiempo. Pensemos por un instante en vivir, vivir, vivir y nunca morir, eso es lo que Dios nos ofrece.

CITA SELECTA.-

“No transcurrirá mucho tiempo antes de que veamos a Aquel en quien ciframos nuestras esperanzas de vida eterna. “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”. Alzad los ojos, sí, alzad los ojos, y permitid que vuestra fe aumente de continuo. Dejad que esta fe os guíe a lo largo de la senda estrecha que, pasando por las puertas de la ciudad de Dios, nos lleva al gran más allá, al amplio e ilimitado futuro de gloria destinado a los redimidos”.

(CPI 652).

ORACIÓN:

PADRE. RECONOCEMOS QUE NUESTROS PLANES SE DISIPAN POR LA BREVEDAD DE NUESTRAS VIDAS. TE PEDIMOS QUE NOS CONCEDAS EL VIVIR ETERNAMENTE CON NUESTRAS FAMILIAS Y AMIGOS EN TU PRESENCIA, POR JESÚS, AMÉN.