DESAFÍO: DISTRIBUIR LAS GANANCIAS EN TRES PARTES

LEAMOS HOY 13 DE SEPTIEMBRE ISAÍAS 23.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Pero sus negocios y ganancias serán consagrados a Jehová; no se guardarán ni se atesorarán, porque sus ganancias serán para los que estuvieren delante de Jehová, para que coman hasta saciarse, y vistan espléndidamente” (Vers. 18).

COMENTARIO HISTÓRICO DE ISAÍAS 23.-

Tiro era una ciudad portuaria sobre el mediterráneo, y era la más importante de Fenicia. Probablemente la ciudad fue edificada el año 2.700 a. C. y tenía una población como de 40.000 habitantes. Tiro era el mercado de las naciones y cuando fue destruida y saqueada, los mercaderes la abandonaron. Las desolaciones de Tiro no iban a ser para siempre, Dios los visitaría y restituiría su esplendor. Como gratitud, sus habitantes consagrarían sus tesoros a Dios. De la misma manera como hicieron los habitantes de Tiro, debiéramos dividir nuestras entradas o ganancias en tres partes: 1) PRIMERA PARTE.– Como primera actividad financiera, debemos separar lo que corresponde a Dios, que son los diezmos y las ofrendas, porque Él hace nos otorga la fortaleza para trabajar y la inteligencia para hacer prosperar nuestros negocios o emprendimientos; 2) SEGUNDA PARTE.- Satisfacer las necesidades de todos los miembros de la familia: ahorro, vivienda, alimentación, vestuario, estudios, inversión y recreación; 3) TERCERA PARTE.- Hoy más que nunca, se debiera asignar una partida de nuestros ingresos para compartir con las personas que han quedado sin trabajo o han disminuido sus ingresos. Compartamos con los pobres y necesitados, tanto de la iglesia, como de la comunidad.

CITA SELECTA.-

Los requerimientos de Dios ocupan el primer lugar. No estamos haciendo su voluntad si le consagramos lo que queda de nuestra entrada después que han sido suplidas todas nuestras necesidades imaginarias. Antes de consumir cualquier parte de nuestras ganancias, debemos sacar y presentar a Dios la porción que él exige. En la antigua dispensación, se mantenía siempre ardiendo sobre el altar una ofrenda de gratitud, para demostrar así la infinita obligación del hombre hacia Dios. Cuando se le devuelve a Dios lo que él pide, el resto será santificado y bendecido para nuestro propio uso. Pero cuando un hombre roba a Dios reteniendo lo que él requiere, su maldición recae sobre el conjunto”

(HC 334).

OREMOS:

PADRE. RECONOCEMOS QUE TE DEVOLVEMOS LO QUE ES TUYO. TE SUPLICAMOS QUE NOS BENDIGAS POR DARTE LOS DIEZMOS Y LAS OFRENDAS. GRACIAS POR DARNOS LO SUFICIENTE, PARA CUBRIR LOS GASTOS DE NUESTRA FAMILIA Y PARA COMPARTIR CON LOS POBRES. POR JESÚS, AMÉN.