Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 249-257, día 027

El poder del ejemplo

En la epístola de Pablo a Tito (2:13-14), leemos: “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”. Esta gran obra se realizará únicamente para los que estén dispuestos a ser purificados, que deseen ser diferentes y que manifiesten celo por las buenas obras. ¡Cuántos se apartan del proceso purificador! No están dispuestos a vivir la verdad, no quieren aparecer diferentes ante los ojos del mundo. Es esta mezcla con el mundo lo que destruye nuestra espiritualidad, pureza y celo. Satanás ejerce constantemente su poder para adormecer las sensibilidades del pueblo de Dios, a fin de que sus conciencias no disciernan el mal, y para que la señal distintiva entre ellos y el mundo pueda ser destruida. Con frecuencia he recibido cartas en las que se me preguntaba acerca del vestido, y algunas personas no habían comprendido correctamente lo que yo había escrito. El mismo grupo de personas que se me había presentado como imitadoras de las modas del mundo han sido muy lentas, y las últimas en aceptar la reforma. Otro grupo de personas que no tenían gusto ni buen sentido para vestirse se han aprovechado de lo que yo he escrito y se han ido al extremo opuesto; considerando que estaban libres de orgullo, han supuesto que los que se visten adecuadamente y con buen gusto son orgullosos. Algunos han considerado que el mal gusto y el descuido en la manera de vestirse constituyen una virtud especial. Tales personas han adoptado un comportamiento que destruye su influencia sobre los incrédulos. Causan disgusto en las personas a quienes podrían beneficiar.

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Si bien es cierto que en las visiones se ha reprobado el orgullo y la imitación de las modas mundanas, también es cierto que se ha reprobado a los que son descuidados con respecto a su vestimenta y que no eran aseados en su persona y vestido. Se me ha mostrado especialmente que los que profesan presentar la verdad debieran tener cuidado especial en presentarse delante de Dios el sábado de una manera que revelara su respeto hacia el Creador que ha santificado y colocado honor especial en aquel día. Todos los que sienten consideración por el sábado debieran asear su persona y vestirse con propiedad y buen gusto; porque tienen que presentarse delante de un Dios celoso, que se ofende debido a la falta de aseo y al desorden, y que nota todas las manifestaciones de falta de respeto. Algunas damas han pensado que era incorrecto llevar sobre la cabeza ninguna cosa que no fuera una cofia para protegerse del sol. Estas personas son extremistas. No se puede calificar de orgullosa a la dama que lleva un sencillo sombrero de paja o de seda. Si pusiéramos en práctica nuestra fe, nos conduciría a vestirnos con sencillez y a realizar celosamente buenas obras, para que se nos considere un pueblo peculiar. Pero cuando perdemos el gusto por el orden y la pulcritud en el vestir, virtualmente dejamos la verdad, porque la verdad nunca degrada sino que siempre eleva. Hay incrédulos que consideran toscos y vulgares a los observadores del sábado, y cuando éstos descuidan su manera de vestir, o bien cuando se comportan con aspereza y vulgaridad, su influencia fortalece a los incrédulos en su conclusión.

Los que profesan ser cristianos en medio de los peligros de los últimos días, y no imitan al Modelo humilde y abnegado, se colocan en las filas del enemigo. El los considera súbditos suyos, y cumplen para él un propósito tan importante como cualquiera de sus otros súbditos, porque tienen un nombre para vivir, pero están muertos. Otros los toman como ejemplo y al seguir en pos de ellos pierden el cielo; pero si éstos no hubieran profesado ser cristianos, los demás hubieran rechazado su ejemplo. Estos cristianos profesos que no están consagrados no se dan cuenta del peso de su influencia. Hacen más difícil el conflicto para los que llegarían a ser un pueblo peculiar de Dios. Pablo, en (Tito 2:15), se refiere a los que están esperando la venida de Cristo. Dice: “Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie”.

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Al presentar nuestro testimonio contra el orgullo y la imitación de las modas mundanas, encontramos toda clase de excusas e intentos de justificación. Algunos hablan del ejemplo de los demás. Tal hermana lleva aros en sus vestidos; si es incorrecto que yo los lleve, también es incorrecto para ella. Los niños presentan el ejemplo de otros niños, cuyos padres son observadores del sábado. El hermano A es diácono de la iglesia. Sus hijas usan aros en sus vestidos, ¿y por qué sería malo que yo también los usara?

Las personas que por su ejemplo proporcionan a las personas que profesan la verdad pero que carecen de consagración, argumentos contra los que procuran ser peculiares en su manera de ser, están colocando piedras de tropiezo en el camino de los débiles; tendrán que rendir cuenta a Dios por su ejemplo. Con frecuencia se me pregunta: “¿Qué piensa usted de los aros en los vestidos?” Replico: Os he dado la luz que me ha sido dada. Se me ha mostrado que los aros en los vestidos son algo vergonzoso, y que no debiéramos favorecer en lo mínimo una moda que ha llegado a extremos tan ridículos.

Con frecuencia me siento sorprendida al oír decir: “La hermana White dice que no es incorrecto usar aros pequeños en los vestidos”. Nadie me ha escuchado nunca decir tal cosa. Después de haber visto lo que se me ha mostrado concerniente a los aros en los vestidos, no hay nada que me induciría a prestar el mínimo apoyo a ninguna dama que los use. Los vestidos pesadamente acolchados y los aros son igualmente innecesarios. El que nos formó nunca se propuso que fuésemos deformados con aros o ninguna otra cosa que se les parezca. Pero el pueblo de Dios ha sido guiado durante tanto tiempo por las invenciones y las modas del mundo que no está dispuesto a independizarse de ellas. Cuando estudio las Escrituras, me siento alarmada por el Israel de Dios en estos últimos días. Se los exhorta a huir de la idolatría. Temo que estén dormidos y conformados de tal manera al mundo que sería difícil discernir entre los que sirven a Dios y los que no le sirven. Se está acortando la distancia entre Cristo y su pueblo y también la distancia entre ellos y el mundo. Casi han desaparecido las marcas que distinguen del mundo al profeso pueblo de Cristo. Tal como el pueblo de Israel de la antigüedad, ellos siguen tras las abominaciones de las naciones que los rodean.

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Según lo que se me ha mostrado, los aros en los vestidos son una abominación. Son indecentes; y el pueblo de Dios yerra cuando en mínimo grado sigue esta moda o la aprueba. Los que profesan ser elegidos de Dios, un pueblo peculiar, debieran descartar los aros en los vestidos, y su práctica debiera ser un reproche constante para quienes los usan. Algunos podrán sostener que son convenientes. Yo he viajado mucho y he visto mucha inconveniencia para las mujeres que utilizan los aros en los vestidos. Las que sostienen que son necesarios a causa de la salud, los usan en el invierno, cuando resultan más perjudiciales que las faldas acolchadas. Mientras viajaba en trenes y diligencias, con frecuencia me he sentido inducida a exclamar: ¡Oh, Modestia, donde está tu recato!

He visto a mucha gente apretujada en los vagones de ferrocarril, y las mujeres, con el fin de abrirse paso, levantaban los aros de sus vestidos y los colocaban en una posición que resultaba indecente. Y al hacerlo exponían su figura diez veces más que las mujeres que no usaban vestidos con aros. Si no fuera por la moda, las mujeres que se exponían con tanta inmodestia hubieran sido reprobadas; pero la modestia y la decencia son sacrificadas en el altar del dios de la moda. ¡Que el Señor libre a su pueblo de este gravoso pecado! Dios no se apiadará de los esclavos de la moda.

Pero supongamos que existiera algo de conveniencia en llevar vestidos con aros, ¿demostraría esto que es correcto llevarlos? Una vez que cambia la moda, ya no se menciona la conveniencia. Cada hijo de Dios tiene el deber de preguntarse: “¿En qué me encuentro separado del mundo?” Experimentemos un poco de inconveniencia y con ello coloquémonos en el lado seguro. ¿Cuáles son las cruces que lleva el pueblo de Dios? Se mezclan con el mundo y participan de su espíritu, de su manera de vestir, de su conversación y hasta obran como ellos.

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Leed 1 Timoteo 2:9-10: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras” (lo que conviene a las mujeres que profesan santidad). Leed también (1 Pedro 3:3-5): “Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en otro tiempo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos”.

El poder del ejemplo es grande. La hermana A usa vestidos con aros pequeños. La hermana B dice: si yo uso vestidos con aros no estaré haciendo peor que la hermana A, de modo que usa vestidos con aros un poco más grandes. La hermana C imita el ejemplo de las hermanas A y B, y usa vestidos con aros aún más grandes que A y B, pero todas sostienen que sus aros son pequeños.

Los padres que desean enseñar a sus hijos el mal que hay en seguir las costumbres mundanales, tienen una dura batalla ante ellos. Sus hijas les dicen: “Pero, mamá, las hermanas A, B y C usan vestidos con aros; si eso es malo para mí, también es malo para ellas”. ¿Y qué pueden decir los padres? Debieran dar un ejemplo correcto a sus hijos, y aunque el ejemplo de profesos seguidores de Cristo les haga pensar que sus padres son demasiado cuidadosos y severos en sus restricciones, sin embargo Dios bendecirá los esfuerzos de esos padres concienzudos. Si los padres no adoptan una conducta firme y decidida, sus hijos serán arrastrados con la corriente, porque Satanás y sus ángeles malignos obran sobre sus mentes, y el ejemplo de los cristianos profesos no consagrados hace que la obra de vencer resulte mucho más difícil para ellos. Sin embargo, con fe en Dios y oración ferviente los padres creyentes debieran continuar en su marcha por el áspero camino del deber. El camino de la cruz es ascendente. Y mientras lo recorremos buscando las cosas que son de arriba, debemos dejar cada vez más lejos las cosas que pertenecen al mundo. Mientras el mundo y los cristianos profesos descienden presurosos hacia la muerte, los que suben la montaña tendrán que desplegar esfuerzos especiales porque en caso contrario serán arrastrados hacia abajo con ellos.

Los hijos del mundo son llamados hijos de las tinieblas. Están enceguecidos por el dios de este mundo y son conducidos por el espíritu del príncipe de las tinieblas. No pueden disfrutar de las cosas celestiales. Los hijos de la luz tienen sus afectos puestos en las cosas de arriba. Dejan detrás de ellos las cosas de este mundo. Cumplen el mandamiento: “Salid de en medio de ellos y apartaos”. Y se les da esta promesa condicional: “Yo os recibiré”. Desde el comienzo, Cristo ha elegido a su pueblo para que salga del mundo y requiere que se separe de él, y que no tengan comunión con las obras infructuosas de las tinieblas. Si aman a Dios y guardan sus mandamientos distarán mucho de tener amistad con el mundo y de amar sus placeres. No hay concordia entre Cristo y Belial.

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El profeta Esdras, y otros fieles siervos de la iglesia judía, se asombraron cuando los príncipes acudieron a ellos diciendo: “El pueblo de Israel, y los sacerdotes y levitas, no se han apartado de los pueblos… y hacen conforme a sus abominaciones” Esdras 9:1. “Mas después de todo lo que nos ha sobrevenido a causa de nuestras malas obras, y a causa de nuestro gran pecado, ya que tú, Dios nuestro, no nos has castigado de acuerdo con nuestras iniquidades, y nos diste un remanente como éste, ¿hemos de volver a infringir tus mandamientos, y a emparentar con pueblos que cometen estas abominaciones? ¿No te indignarías contra nosotros hasta consumirnos, sin que quedara remanente ni quien escape? Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto”. Esdras 9:13-15.

2 Crónicas 36:14-16: “También todos los principales sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la iniquidad, siguiendo todas las abominaciones de las naciones, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalén. Y Jehová el Dios de sus padres envió constantemente palabra a ellos por medio de sus mensajeros, porque él tenía misericordia de su pueblo y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió la ira de Jehová contra su pueblo, y no hubo ya remedio”.

Levítico 18:26-27: “Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada)”.

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Deuteronomio 32:16-22: “Le despertaron a celos con los dioses ajenos; lo provocaron a ira con abominaciones. Sacrificaron a los demonios, y no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no habían temido vuestros padres. De la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu creador. Y lo vio Jehová, y se encendió en ira por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas. Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin; porque es una generación perversa, hijos infieles. Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos; yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata. Porque fuego se ha encendido en mi ira, y arderá hasta las profundidades del Seol; devorará la tierra y sus frutos, y abrasará los fundamentos de los montes”.

En estos párrafos hemos leído las advertencias que Dios ha dado al Israel de la antigüedad. No había sido la voluntad de Dios que vagaran durante tanto tiempo por el desierto; él los habría introducido inmediatamente en la tierra prometida si ellos se hubieran sometido y hubieran estado dispuestos a dejarse guiar por él; pero debido a que lo afligieron con tanta frecuencia en el desierto, él juró en su ira que no entrarían en su reposo, a no ser los que lo siguieron plenamente. Dios requiere que su pueblo confíe solamente en él. El no desea que reciban ayuda de aquellos que no le sirven.

Leed (Esdras 4:1-5): “Oyendo los enemigos de Judá y de Benjamín que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel, vinieron a Zorobabel y a los jefes de casas paternas, y les dijeron: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y a él ofrecemos sacrificios desde los días de Esar-hadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí. Zorobabel, Jesúa, y los demás jefes de casas paternas de Israel dijeron: No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos a Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia. Pero el pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Sobornaron además contra ellos a los consejeros para frustrar sus propósitos, todo el tiempo de Ciro rey de Persia y hasta el reinado de Darío rey de Persia”.

Esdras 8:21-23: “Y publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo que nos defendiesen del enemigo en el camino; porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan. Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio”.

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El profeta y estos padres no consideraban a los habitantes de la tierra como adoradores del Dios verdadero, y aunque profesaron amistad y trataron de ayudarlos, no se atrevieron a unirse con ellos en ninguna cosa relacionada con el culto de Dios. Cuando fueron a Jerusalén para edificar el templo de Dios y restaurar su culto, no quisieron pedir ayuda al rey para que los asistiera en el camino, sino que buscaron la ayuda de Dios mediante el ayuno y la oración. Creían que Dios defendería y prosperaría a sus siervos en sus esfuerzos por servirle. El Creador de todas las cosas no necesita la ayuda de sus enemigos para establecer su culto de adoración. No pide el sacrificio de los impíos, ni acepta las ofrendas de los que tienen otros dioses delante de él.

Hemos escuchado la observación: “Usted es demasiado exclusivista”. Como pueblo estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio para salvar las almas o conducirlas a la verdad. Pero no debemos atrevernos a unirnos con las personas mundanas, a amar las cosas que ellas aman ni a tener amistad con el mundo, porque en ese caso estaríamos en enemistad con Dios.

La lectura de los siguientes pasajes bíblicos nos mostrará cómo consideraba Dios al Israel antiguo:

Salmo 135:4: “Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya”.

Deuteronomio 14:2: “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra”.

Deuteronomio 7:6-7: “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos”.

Éxodo 33:16: “¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?”

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¡Con cuánta frecuencia se rebeló el Israel antiguo, y cuán a menudo tuvieron que soportar los juicios, y miles de ellos fueron muertos, debido a que no obedecían los mandamientos de Dios, quien los había elegido! El Israel de Dios que vive en estos últimos días se encuentra constantemente en peligro de mezclarse con el mundo y perder todas las características que los señalan como pueblo elegido de Dios. Leed nuevamente Tito 2:13-15. Aquí se nos trae a los últimos días, cuando Dios está purificando para sí un pueblo peculiar. ¿Lo provocaremos como lo hizo el Israel antiguo? ¿Acarrearemos sobre nosotros su ira apartándonos de él y mezclándonos con el mundo, y siguiendo las abominaciones de las naciones que nos rodean?

El Señor ha apartado para sí a los que son piadosos; esta consagración a Dios y separación del mundo se ordena definitivamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Existe una muralla de separación que el Señor mismo ha establecido entre las cosas del mundo y las cosas que ha apartado del mundo para sí mismo. La vocación y el carácter del pueblo de Dios son peculiares, sus perspectivas son peculiares, y estas peculiaridades los distinguen de todos los demás pueblos. Todo el pueblo de Dios que se encuentra en el mundo constituye un solo cuerpo, desde el comienzo hasta el final del tiempo. Tienen una sola Cabeza que dirige y gobierna el cuerpo. Las mismas órdenes que se le dieron a Israel antiguo se dan también al pueblo de Dios de la actualidad: que se aparten del mundo. La gran Cabeza de la iglesia no ha cambiado. La experiencia de los cristianos de estos días es semejante a los viajes del Israel antiguo. Leed (1 Corintios 10), especialmente los versículos 6-15:

“Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”

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1 Juan 3:1: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él”.

1 Juan 2:15-17: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.

2 Pedro 2:20: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero”.

Santiago 4:4: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios”.

Santiago 1:27: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”.

Tito 2:12: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”.

Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Lucas 6:22-23: “Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas”.

Juan 15:16-19: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros. Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”.