Testimonios para la Iglesia, Vol. 2, p. 270-278, día 101

Los ángeles de Dios han conservado un registro fiel de todo acto suyo, por más secreto que le haya parecido en el momento de cometerlo. Dios discierne los propósitos del hombre, y todas sus obras. Todo hombre será recompensado de acuerdo con sus obras, sean buenas o malas. Lo que el hombre siembra, eso también siega. La cosecha no va a fallar. Es segura y abundante. Usted ha tratado de disimular su conducta a la vista de sus hermanos. ¿Cómo pudo hacerlo, si sabía que era culpable a la vista de Dios? Si valora la salvación de su alma, haga una obra bien completa teniendo en vista la eternidad. 2TI 270.1

Va a tener que limpiar la senda que ha dejado atrás por medio de una confesión completa. Necesita convertirse totalmente; debe producirse en usted una renovación del yo por la transformación de su entendimiento. Su estima propia debe ser vencida. Tiene que aprender a estimar a los demás más que a sí mismo. Deje de lado la exaltada opinión que tiene de lo que ha logrado conseguir, cultive un espíritu humilde y tranquilo que es de gran estima a la vista de Dios. 2TI 270.2

Usted ha asumido una actitud que lo ha alejado de la senda de la rectitud, y ahora se siente perturbado. Las dudas, los temores y la desesperación se apoderan de usted. Sólo hay una manera de salir, y ésta es la confesión. Su única esperanza consiste en caer sobre la Roca y ser quebrantado; si no lo hace, seguramente caerá sobre usted y lo pulverizará. Ahora puede reparar sus errores; ahora puede redimir el pasado. Mediante una vida de bondad y verdadera humildad, todavía puede caminar entre sus familiares de una manera aceptable a Dios. Quiera Dios ayudarle, en vista del juicio venidero, a trabajar como si en ello le fuera la vida. Querido hermano: estoy profundamente interesada en usted. Ha andado en tinieblas por un tiempo. No llegó de repente a la condición tenebrosa en que se encuentra ahora. Se apartó de la luz gradualmente. Primero se exaltó a sí mismo, y después, el Señor le quitó su fortaleza. 2TI 270.3

Ha tenido interés en la música. Esto ha dado oportunidad para que algunas mujeres incautas e insensatas le confiaran sus pesares. Esto halagó su orgullo, pero fue una trampa para usted. Abrió la puerta para las sugerencias de Satanás. Usted no obró como debería haberlo hecho. No tenía derecho a escuchar, al visitar algunas familias, lo que se le dijo. Estas conversaciones corrompieron su mente, aumentaron su estima propia y le sugirieron malos pensamientos. Aceptó ser el confesor de algunas mujeres sentimentales que deseaban simpatía y querían apoyarse en alguien. Si hubieran tenido buen juicio y confianza propia, si hubieran tenido un propósito en la vida, y les hubiera gustado beneficiar a los demás, no habrían llegado a la situación de necesitar de alguien para que les ofreciera simpatía. 2TI 270.4

Usted no sabe cuán engañoso es el corazón humano. No conoce tampoco las artimañas de Satanás. Algunas de las mujeres que han aprovechado bastante de su simpatía, tienen una imaginación enfermiza: están enfermas de amor, son sentimentales, siempre ansiosas de crear sensación y hacer alharaca. Algunas no están satisfechas con su vida matrimonial. No hay suficiente romanticismo en ella. La lectura de novelas ha pervertido todo el buen juicio que alguna vez tuvieron. Viven en un mundo imaginario. Su imaginación ha creado maridos para ellas, de esos que sólo se encuentran en los romances de las novelas. Hablan de amores no correspondidos. Nunca están contentas ni son felices, porque su imaginación les pinta una vida irreal. Cuando enfrenten la realidad, y desciendan a la sencillez de la vida verdadera, y asuman las responsabilidades que les corresponden en el seno de sus respectivas familias, lo que es la suerte de toda mujer, entonces van a encontrar contentamiento y felicidad. 2TI 271.1

Usted ha albergado pensamientos que no eran correctos. Esos pensamientos dieron frutos. “De la abundancia del corazón habla la boca”. Mateo 12:34. Sus palabras no son siempre castas, puras y elevadas. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca”. Efesios 4:29. Demasiado a menudo hay engaño en su boca: expresiones de naturaleza inferior que proceden de un corazón que alberga pensamientos corrompidos y malos deseos. 2TI 271.2

Por un tiempo sus pies se apartaron de la senda de la rectitud y la pureza. Usted sabe que su conducta ha desagradado a Dios; que ha transgredido su santa ley; que estas cosas no se pueden ocultar. Dios no va a permitir que su pueblo sea engañado en su caso. Su gran pecado consiste en atraer la simpatía de los que no comprenden su conducta torcida, y con ello dividir el juicio del pueblo que profesa la verdad. Me da lástima. Me duele el corazón por su causa. No veo nada delante de usted, sino perdición; nada, sino un total naufragio de la fe. 2TI 271.3

¿Cubrirá usted sus pecados y así hará frente al asunto? Dios dice que de ese modo no prosperará. Por lo contrario, el que confiesa sus pecados y se aparta de ellos alcanzará misericordia. ¿Elegirá usted la muerte? ¿Cerrará la puerta del reino de los cielos frente a sí mismo por no someter su malvado orgullo? Su única esperanza consiste en confesar sus apostasías. Dios ha iluminado su senda. ¿Quedará usted con su propia conducta corrompida? ¿Echará la verdad por la borda porque ésta no apoya su conducta impía? ¡Oh, le ruego que rasgue su corazón y no sus vestiduras! Haga una obra completa con la mira puesta en la eternidad. Dios será misericordioso con usted. Alguien rogará a Dios por usted. El no despreciará el corazón quebrantado y contrito. ¿Se convertirá usted? ¿Quiere vivir? Vale la pena que su alma se salve: es preciosa. Queremos ayudarle. 2TI 272.1

Vi que usted no era feliz. No tiene descanso. Se siente perturbado, pero rehusa asumir la única conducta que podría brindarle alivio y esperanza. El que confiesa sus pecados y se aparta de ellos encontrará misericordia. Su condición es deplorable y está causando un gran perjuicio a la obra de Dios. Su influencia va a destruir a otros además de usted mismo. 2TI 272.2

Si no quiere venir a Dios para confesarle sus apostasías de manera que él lo pueda sanar, ni usted ni su pobre familia pueden esperar nada del futuro. La miseria vendrá en la estela del pecado. La mano de Dios estará en su contra, y dejará que Satanás lo domine para que lo lleve cautivo de acuerdo con su voluntad. Usted no sabe hasta dónde puede llegar. Será como alguien que está en alta mar y sin ancla. La verdad de Dios es un ancla. Usted se está separando de esa ancla. Está sacrificando sus intereses eternos en aras de la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. Está a punto de cortar las cuerdas que podrían salvarlo de la destrucción total. Al tratar de salvar su vida mediante el ocultamiento de sus errores, la está perdiendo. Si se humilla ahora delante de Dios, le confiesa sus pecados, y vuelve a él de corazón, con un propósito firme, todavía usted y sus familiares pueden ser felices. Si no quiere hacerlo, y elige su propio camino, su felicidad habrá llegado a su fin. 2TI 272.3

Tiene una gran obra que hacer. Su conducta ha sido demasiado descuidada. Sus palabras no han sido elevadas, ni castas ni puras. Se ha estado separando de lo divino, y ha estado cultivando las pasiones inferiores. Las facultades nobles de su mente han sido sometidas a las pasiones animales. Por algún tiempo no ha seguido una conducta correcta. No se ha apartado de toda apariencia de mal. No debe continuar con ese proceder por más tiempo. 2TI 273.1

No ha amado a su esposa como debería haberlo hecho. Es una mujer buena. Ha visto, en cierta medida, su peligro. Pero usted cerró sus oídos a sus palabras de cautela. Creyó que hablaba impulsada por los celos; pero no es así. Lo ama, va a tolerar sus errores y lo va a perdonar; lo va a seguir amando a pesar del profundo daño que usted le ha hecho, si se apresura a acudir a la luz y limpia su pasado. Tiene que experimentar una conversión completa. A menos que lo haga, todos los esfuerzos realizados en el pasado para obedecer la verdad no lo van a salvar ni van a cubrir sus errores. Jesús requiere de usted una reforma total; entonces le va a ayudar, lo va a bendecir y lo va a amar, y borrará todos sus pecados con su propia preciosa sangre. Usted puede redimir el pasado. Puede corregir sus caminos y ser todavía una honra para la causa de Dios. Puede hacer el bien si se aferra de la fortaleza de Dios y trabaja en su nombre, para su propia salvación y el bien de los demás. 2TI 273.2

Su familia todavía puede ser feliz. Su esposa necesita su ayuda. Se parece a una vid adherida al parrón; necesita apoyarse en su fortaleza. Usted puede ayudarle y conducirla. No debería censurarla jamás. Nunca la reprenda si sus esfuerzos no son lo que usted piensa que deberían ser. Por el contrario, anímela con palabras tiernas y amorosas. Puede ayudarle a conservar su dignidad y su respeto propio. Nunca encomie las acciones de otras personas en su presencia, para que ella no crea que lo hace a fin de que sus deficiencias resalten. Usted ha sido duro e insensible en este sentido. Ha manifestado más cortesía para su servidumbre que para ella; ha puesto a sus servidores por encima de ella en la casa. 2TI 273.3

Dios ama a su esposa. Ella ha sufrido; pero él lo ha notado todo, lo ha visto todo, y no 10 considerará sin culpa por las heridas que le ha inferido. Ni la riqueza ni la inteligencia brindan felicidad. Es el valor moral. Para el Cielo la verdadera bondad es verdadera grandeza. La calidad de los sentimientos morales determina el valor de un hombre. Una persona puede tener propiedades e inteligencia, y sin embargo ser sin valor, porque el fuego resplandeciente de la bondad jamás ha ardido en el altar de su corazón, y porque su conciencia ha sido cauterizada, ennegrecida y deformada por el egoísmo y el pecado. Cuando la concupiscencia de la carne domina al hombre, y se permite que gobiernen las malas pasiones de la naturaleza carnal, se fomenta el escepticismo con respecto a las realidades de la religión cristiana, y se expresan dudas como si dudar constituyera una virtud especial. 2TI 274.1

La vida de Salomón podría haber sido notable hasta el mismo fin, si hubiera conservado la virtud. Pero él sometió esta gracia especial a la pasión y a la concupiscencia. En su juventud le pidió a Dios que lo guiara, y confió en él, y el Señor le dio tal sabiduría que asombró al mundo. Su poder y su sabiduría fueron alabados en toda la tierra. Pero el amor a las mujeres fue su pecado. No dominó esa pasión al llegar a la edad madura, y ésta fue una trampa para él. Sus esposas lo condujeron a la idolatría, y cuando comenzó la curva descendente de la vida, se le quitó la sabiduría que Dios le había dado; perdió su firmeza de carácter y llegó a ser semejante a un joven desatinado que vacila entre el bien y el mal. Al abandonar sus principios, se introdujo en la corriente del mal, y de ese modo se separó de Dios, el fundamento y la fuente de su fortaleza. Se apartó de los principios. La sabiduría había sido más preciosa que el oro de Ofir para él. Pero, por desgracia, las pasiones carnales ganaron la victoria. Las mujeres lo engañaron y lo arruinaron. ¡Qué lección para que nos mantengamos despiertos! ¡Qué testimonio del hecho de que necesitamos la fortaleza de Dios hasta el mismo fin! 2TI 274.2

En la batalla contra la corrupción interna y la tentación externa, hasta el mismo sabio y poderoso Salomón fue derrotado. No es seguro apartarse en lo más mínimo de la más estricta integridad. “Absteneos de toda especie de mal”. 1 Tesalonicenses 5:22. Cuando una mujer habla de las dificultades que hay en el seno de su familia, o se queja de su esposo frente a otro hombre, viola sus votos matrimoniales; deshonra a su esposo y quebranta el muro erigido para preservar la santidad de la relación matrimonial; abre la puerta de par en par, e invita a Satanás a entrar con sus tentaciones insidiosas. Eso es precisamente lo que Satanás quiere. Cuando una mujer acude a un hermano cristiano para contarle sus penas, desilusiones y pruebas, él siempre debería aconsejarle que si tiene que confiarle sus dificultades a alguien, elija a una hermana como confidente, para que no haya apariencia de mal y la causa de Dios no sufra reproche. 2TI 274.3

Recuerde a Salomón. Ante muchas naciones no había otro rey como él, amado por su Dios. Pero cayó. Fue inducido a apartarse de Dios, y se corrompió como resultado de la complacencia de las pasiones carnales. Este es el pecado que prevalece en nuestros días, y su progreso da miedo. Incluso los profesos observadores del sábado no están limpios. Hay quienes profesan creer la verdad, pero tienen el corazón corrompido. Dios los va a someter a prueba, y su insensatez y su pecado quedarán en evidencia. Nadie fuera de los puros y humildes podrán estar en su presencia. “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño”. Salmos 24:3-4. “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia; quien su dinero no dio a usura, ni contra el inocente admitió cohecho. El que hace estas cosas no resbalará jamás”. Salmos 15:1-5. 2TI 275.1

Querido amigo,

En la última visión que se me dio, vi que tenías faltas que corregir. Es necesario que las veas antes de hacer el esfuerzo necesario para corregirlas. Tienes mucho que aprender antes de poder formar un carácter bueno y cristiano que Dios pueda aprobar. Desde la niñez has sido un chico díscolo, dispuesto a hacer tu gusto y a seguir tu propio criterio. No te gustaba someter tus deseos y tu voluntad a los que tenían la responsabilidad de cuidarte. Esta es la experiencia que tienes que lograr. 2TI 276.1

Tu peligro aumenta por el espíritu de independencia y de confianza propia -vinculado, por cierto, con inexperiencia- que los jóvenes de tu edad están propensos a asumir cuando sus amados padres no están para cuidarlos y pulsar las tiernas cuerdas del afecto en sus almas. Crees que ya ha llegado el tiempo para que pienses y decidas por ti mismo. “Soy un joven; ya no soy un niño. Soy capaz de distinguir entre el bien y el mal. Tengo derechos, y los voy a defender. Soy capaz de trazar mis propios planes. ¿Quién tiene autoridad para meterse en mis cosas?” Estos son algunos de los pensamientos que has tenido, y algunos jóvenes, más o menos de tu edad, te han animado a formularlos. 2TI 276.2

Crees que tienes que afirmar tu libertad y actuar como un hombre. Tu actitud no es sumisa. Sabio es el joven -y sumamente bendecido- que cree que es su deber, si tiene padres, de confiar en ellos, y si no los tiene, considerar que sus tutores, o las personas con quienes vive, son sus consejeros, sus consoladores, y en cierto sentido sus gobernantes, y que permite que las restricciones aprendidas en el hogar permanezcan en él. Hay una clase de independencia que merece alabanza. El deseo de depender de sí mismo y no comer el pan de otros es correcto. Es una ambición noble y generosa nacida del deseo de sostenerse a sí mismo. Los hábitos de laboriosidad y frugalidad son necesarios. 2TI 276.3

Has sido puesto en circunstancias desfavorables para que desarrolles un buen carácter cristiano; pero ahora has sido ubicado donde tienes que formar una buena reputación o destruirla. No creemos que vas a hacer esto último. Pero no estás libre de tentación. En una sola hora puedes seguir una conducta que más tarde te puede costar lágrimas amargas y arrepentimiento. Al ceder a la tentación puedes enajenarte algunos corazones, perder el respeto y la estima que te están teniendo los que te rodean, y también puedes manchar tu carácter cristiano. Tienes que aprender la lección de la sumisión. Consideras humillante hacer algunas de las tareas de la casa: mandados y pequeños quehaceres. Esos pequeños requerimientos no te gustan definidamente; pero tienes que cultivar el gusto por esas mismas cosas que te causan tanta aversión. Mientras no lo hagas, no llegarás a ser un ayudante aceptable en ninguna parte. Cuando te dedicas a esas cosas pequeñas pero necesarias, estás prestando un servicio más real que si estuvieras dedicado a grandes negocios y a una tarea difícil. 2TI 276.4

Me viene a la mente en este momento el caso de alguien, que se me presentó en visión, que pasó por alto estas pequeñas cosas, y no pudo interesarse en los deberes humildes, para tratar de alivianar la tarea de algunas personas que no podían salir de sus casas; esa también era una tarea humilde. Ahora tiene familia, pero sigue poseído de la misma indisposición para dedicarse a los deberes pequeños pero importantes. Como resultado de ellos, la gran carga recae sobre su esposa. Tiene que hacer muchas cosas; si no las hace, quedarán sin hacer; y la cantidad de trabajo que recae sobre ella por causa de esta falla de su esposo está minando su salud. El no puede ahora vencer este mal tan fácilmente como podría haberlo hecho durante su juventud. Pasa por alto los deberes pequeños, y no conserva todo en orden y bien arreglado; por lo tanto, no puede ser un granjero de éxito. “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto”. Lucas 16:10. 2TI 277.1

Naamán el sirio consultó al profeta de Jehová en cuanto a cómo podía sanar de esa enfermedad tan horrible: la lepra. Se le indicó que se bañara en el Jordán siete veces. ¿Por qué no siguió inmediatamente las indicaciones de Eliseo, el profeta de Dios? ¿Por qué rehusó hacer lo que el profeta le mandó? Regresó junto a sus siervos, murmurando. En su mortificación y frustración, se enojó, y con ira rehusó seguir el humilde consejo dado por el profeta de Dios. “He aquí -manifestó- yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavase en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado”. 2 Reyes 5:11-12. Sus siervos dijeron: “Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?” vers. 13. Sí, este gran hombre consideraba que estaba por debajo de su dignidad ir al humilde río Jordán y lavarse allí. Los ríos que mencionó y deseaba estaban embellecidos por los árboles y los huertos que los rodeaban, y había ídolos en esos huertos. Muchos acudían a esos ríos para adorar a sus dioses; por lo tanto, no habría tenido necesidad de humillarse. Pero si seguía las indicaciones definidas del profeta tendría que humillar su orgullo y la soberbia de su espíritu. La obediencia voluntaria produce los resultados deseados. Se lavó, y sanó. 2TI 277.2

Tu caso es similar en algunos sentidos al de Naamán. No crees que para perfeccionar el carácter cristiano tienes que aceptar ser fiel en las cosas pequeñas. Aunque las cosas que tienes que hacer sean de poco valor según tu opinión, son deberes que tendrás que cumplir mientras vivas. El descuido de estas cosas significa que tu carácter es sumamente deficiente. Tú, mi querido muchacho, tienes que educarte para ser fiel en las cosas pequeñas. No puedes agradar a Dios mientras no lo hagas. No puedes ganar el amor y el afecto de los demás a menos que hagas exactamente lo que se te pide, bien dispuesto y con satisfacción. Si quieres que te amen los que están contigo, debes manifestarles amor y respetarlos. 2TI 278.1

Es tu deber hacer todo lo posible para alivianar la carga de la hermana con quien vives. Tú has visto que está pálida y debilitada, y que está cocinando para una familia numerosa. Todo trabajo extra que tiene que hacer, la debilita y disminuye su vitalidad. No tiene manos ni pies jóvenes para hacer pequeños mandados. Te recibieron en el seno de la familia, como te lo dijeron a ti y nos lo dijeron a nosotros en su momento, precisamente para que hicieras esas cosas. Pero si tú no haces exactamente las cosas que ellos creen les van a ayudar mucho, y decides hacer tu voluntad siguiendo una conducta independiente que tú mismo has elegido, podrías perder tu alojamiento, y ellos tendrían que buscar otro para que haga esas mismas cosas que tú crees son demasiado insignificantes para ti. Ahora estás haciendo un trabajo más grande y más pesado del que te permiten tus fuerzas. Te gusta hacer el trabajo de un hombre. Tienes una terquedad muy propia de ti, que debes abandonar. Tienes que morir al yo, crucificarlo y vencerlo. No puedes ser un verdadero seguidor de Cristo a menos que emprendas esta tarea resueltamente.