Cuando te sientas tan cansado que estés lleno de preocupaciones, angustia y autocompasión, simplemente apártate y descansa un momento. No te preocupes al punto de salirte de los brazos de Jesús. Cartas y manuscritos, vol. 16, carta 187
El Señor nunca abandona a quien está afligido física y espiritualmente. Mira a Jesús, el autor y consumador de tu fe. Cartas y manuscritos, vol. 16, carta 104
“Que cada uno sea amable y considerado con el otro.” Cartas y manuscritos, vol. 16, carta 104
“Alimentémonos del pan de vida… Su Palabra será para nosotros como las hojas del árbol de la vida si creemos en Cristo como nuestro Salvador personal.” Cartas y manuscritos, tomo 15, manuscrito 144
No te quejes. No llores ni te lamentes. No mires el lado oscuro. Deja que la paz de Dios reine en tu alma. Entonces tendrás fuerza para soportar todos tus sufrimientos, y te regocijarás de tener la gracia para resistir. Cartas y manuscritos, vol. 15, manuscrito 56.
Abre las ventanas del alma hacia el cielo, y deja entrar la luz del Sol de Justicia. Cartas y manuscritos, vol. 15, manuscrito 56
Es nuestro deber dado por Dios amarnos unos a otros como Cristo nos ha amado. El cumplimiento de este deber trae consigo la bienaventuranza de la paz y la quietud en el Señor, así como la ennoblecedora y edificante elevación de todo el ser. Cartas y manuscritos, vol. 15, p. 34
El Señor tiene Su mirada puesta en cada ser humano, y Él tiene Sus planes para cada uno. Cartas y manuscritos, vol. 14, manuscrito 63
La ley de Dios es la transcripción de Su carácter, y cada tilde y cada jota de esa ley fue dada a los hombres y mujeres para su bien, para guardarlos de la corrupción moral. Cartas y manuscritos, tomo 14, manuscrito 150
La religión de Cristo nunca vuelve a quien la recibe grosero, rudo o descortés. Cartas y manuscritos, tomo 14, manuscrito 150