Vd. peca y niega a su Salvador al espaciarse en pensamientos lúgubres, al acumular pesares y tomar prestadas aflicciones. Introduce en el día de hoy las aflicciones de mañana, amarga su corazón, impone cargas y nubes a los que la rodean y se fabrica pruebas. El precioso tiempo de gracia que Dios le ha dado para que haga bien y se enriquezca con buenas obras, Vd. lo emplea imprudentemente en pensamientos de pesar y en edificar castillos en el aire. Deja que su imaginación se espacie en temas que no le traerán alivio ni felicidad. Sus sueños se oponen directamente a que obtenga una experiencia sana e inteligente en las cosas de Dios y una idoneidad moral para una vida mejor. 1JT 340.1
Recibida en el corazón, la verdad de Dios puede hacernos sabios para salvación. Al creerla y obedecerla, recibiremos gracia suficiente para los deberes y las pruebas de hoy. No necesitamos la gracia para mañana. Debemos comprender que hemos de tratar tan sólo con el día de hoy. Venzamos hoy; neguémonos a nosotros mismos; velemos y oremos ahora. Obtengamos victorias en Dios hoy. Las circunstancias y el ambiente que nos rodean, los cambios que se realizan diariamente alrededor nuestro y la Palabra escrita de Dios que discierne y prueba todas las cosas bastan para enseñarnos nuestro deber y lo que debemos hacer día tras día. En vez de permitir que nuestra mente se espacie en pensamientos de los cuales no obtenemos beneficio alguno, debemos escudriñar las Escrituras diariamente y cumplir en la vida cotidiana los deberes que tal vez ahora nos resulten penosos, pero que alguien debe cumplir. 1JT 340.2
Las bellezas de la naturaleza tienen una lengua que habla incesantemente a nuestros sentidos. El corazón abierto puede ser impresionado por el amor y la gloria de Dios, que se notan en las obras de sus manos. El oído atento puede oír y comprender las comunicaciones de Dios mediante las obras de la naturaleza. Hay una lección en el rayo de sol, y en los diversos objetos de la naturaleza que Dios presenta a nuestra vista. Los campos verdes, los altos árboles, los pimpollos y las flores, la nube pasajera, la lluvia que cae, el arroyo que murmura, el sol, la luna y las estrellas del firmamento, todas estas cosas atraen nuestra atención y meditación y nos invitan a conocer al Dios que lo hizo todo. Las lecciones que se pueden aprender de los diversos objetos del mundo natural son las siguientes: Ellos son obedientes a la voluntad de su Creador, nunca niegan a Dios ni rehusan obedecer cualquier indicación de su voluntad. Los seres caídos son los únicos que se niegan a rendir plena obediencia a su Hacedor. Sus palabras y obras están en discrepancia con Dios y se oponen a los principios de su gobierno. … 1JT 341.1
Los profesos cristianos que están siempre quejándose y lamentándose, y que parecen creer que la felicidad y un rostro alegre son un pecado, no profesan la verdadera religión. Los que consideran el escenario hermoso de la naturaleza como si fuese un cuadro muerto, que prefieren contemplar las hojas muertas más bien que recoger las hermosas flores frescas, que se deleitan con morbidez en el lado melancólico del lenguaje que les habla el mundo natural, que no aprecian la belleza de los valles vestidos de verde y de las altas cimas de las montañas, que cierran sus oídos a la voz gozosa de la naturaleza, que es dulce música para el oído que la escucha, los tales no están en Cristo. No andan en la luz, sino que juntan para sí tinieblas y lobreguez, cuando podrían tener alegría y ver nacer en su corazón la bendición del Sol de Justicia con sanidad en sus rayos. 1JT 341.2
El apóstol Pablo afirma claramente que lo experimentado por los israelitas en sus viajes fué registrado para beneficio de los que viven en esta época, aquellos en quienes los fines de los siglos han parado. No consideramos que nuestros peligros sean menores que aquellos que corrieron los hebreos, sino mayores. Seremos tentados a manifestar celos y a murmurar, y habrá rebelión abierta, según se registra acerca del antiguo Israel. Habrá siempre un espíritu tendiente a levantarse contra la reprensión de pecados y males. Pero, ¿deberá callarse la voz de reprensión por causa de esto? En tal caso, no estaremos en mejor condición que las diversas denominaciones del país que temen mencionar los errores y pecados predominantes en el pueblo. 1JT 342.1
Aquellos a quienes Dios apartó como ministros de la justicia tienen solemnes responsabilidades en lo que se refiere a reprender los pecados del pueblo. Pablo ordenó a Tito: “Esto habla y exhorta, y reprende con toda autoridad. Nadie te desprecie.” Tito 2:15. Siempre habrá quienes desprecien al que se atreva a reprender el pecado; pero hay ocasiones en que debe darse la reprensión. Pablo incitó a Tito a que reprendiese severamente a ciertas clases de personas, para que fuesen sanas en la fe. 1JT 342.2
Los hombres y las mujeres de diferentes temperamentos que se reúnen para formar la iglesia, tienen peculiaridades y defectos. A medida que éstos se desarrollen, requerirán reprensión. Si los que se hallan en puestos importantes no los reprendiesen nunca ni exhortasen, pronto se produciría una condición de desmoralización que deshonraría grandemente a Dios. Pero, ¿cómo será dada la reprensión? Dejemos contestar al apóstol: “Con toda paciencia y doctrina.” 2 Timoteo 4:2. Los buenos principios deben aplicarse a la persona que necesite reprensión, pero nunca se deben pasar por alto, con indiferencia, los males que haya entre el pueblo de Dios. 1JT 342.3
Habrá hombres y mujeres que desprecien la reprensión y que siempre se rebelarán contra ella. No es agradable que se nos presenten las cosas malas que hacemos. En casi cualquier caso en que sea necesaria la reprensión, habrá quienes pasen completamente por alto el hecho de que el Espíritu del Señor ha sido contristado y su causa cubierta de oprobio. Estos se compadecerán de los que merecían reprensión, porque se han herido sus sentimientos personales. Toda esta simpatía no santificada hace que los simpatizantes participen de la culpa del que fué reprendido. En nueve casos de cada diez, si se hubiese permitido que la persona reprendida comprendiese su mala conducta, se le habría ayudado a reconocerla y por lo tanto se habría reformado. Pero los simpatizantes entrometidos y no santificados atribuyen falsos motivos al que reprende y a la naturaleza del reproche, y, simpatizando con la persona reprendida, la inducen a pensar que realmente se la maltrató y sus sentimientos se rebelan contra el que no ha hecho sino cumplir con su deber. Los que cumplen fielmente sus deberes desagradables, conociendo su responsabilidad ante Dios, recibirán su bendición. Dios exige que sus siervos estén siempre dispuestos a hacer su voluntad con fervor. En el encargo que da el apóstol a Timoteo, le exhorta así: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” 2 Timoteo 4:2. 1JT 343.1
Los hebreos no estaban dispuestos a someterse a las instrucciones y restricciones del Señor. Querían simplemente hacer su voluntad, seguir los impulsos de su propia mente y ser dominados por su propio juicio. Si se les hubiese concedido esta libertad, no habrían proferido queja contra Moisés; pero se amotinaron bajo la restricción. 1JT 343.2
Dios quiere que su pueblo sea disciplinado y que obre con armonía, a fin de que lo vea todo unánimemente y tenga un mismo sentir y criterio. Para producir este estado de cosas, hay mucho que hacer. El corazón carnal debe ser subyugado y transformado. Dios quiere que haya siempre un testimonio vivo en la iglesia. Será necesario reprender y exhortar, y a algunos habrá que hacerles severos reproches, según lo exija el caso. Oímos el argumento: “¡Oh, yo soy tan sensible que no puedo soportar el menor reproche!” Si estas personas presentasen su caso correctamente, dirían: “Soy tan voluntarioso, tan pagado de mí mismo, tan orgulloso que no tolero que se me den órdenes; no quiero que se me reprenda. Abogo por los derechos del juicio individual; tengo derecho a creer y hablar según me plazca.” El Señor no desea que renunciemos a nuestra individualidad. Pero, ¿qué hombre es juez adecuado para saber hasta dónde debe llevarse este asunto de la independencia individual? 1JT 343.3
Pedro recomienda a sus hermanos: “Igualmente, mancebos, sed sujetos a los ancianos; y todos sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes.” 1 Pedro 5:5. También el apóstol Pablo exhorta a sus hermanos filipenses a tener unidad y humildad: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo; si algún refrigerio de amor; si alguna comunión del Espíritu; si algunas entrañas y misericordias, cumplid mi gozo; que sintáis lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos a los otros: No mirando cada uno a lo suyo propio, sino cada cual también a lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.” Filipenses 2:1-5. Y Pablo vuelve a exhortar así a sus hermanos: “El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos a lo bueno; amándoos los unos a los otros con caridad fraternal; previniéndoos con honra los unos a los otros.” Romanos 12:9, 10. “Sujetaos los unos a los otros en el temor de Dios.” Efesios 5:21. 1JT 344.1
La historia de los israelitas nos presenta el grave peligro del engaño. Muchos no se dan cuenta del carácter pecaminoso de su propia naturaleza ni de lo que es la gracia del perdón. Están en las tinieblas de su naturaleza, sujetos a tentaciones y gran engaño. Viven lejos del Señor: y sin embargo están muy satisfechos de su vida cuando Dios aborrece su conducta. Esta clase de personas guerreará siempre contra la dirección del Espíritu de Dios, especialmente con la reprensión. No quiere ser perturbada. Ocasionalmente experimenta temores egoístas y buenos propósitos y a veces pensamientos de ansiedad y convicción; pero no tiene experiencia profunda porque no está ligada con la Roca eterna. Esta clase de personas no ve nunca la necesidad del testimonio claro. El pecado no le parece tan grave, porque no anda en la luz como Cristo está en la luz. 1JT 345.1
Hay aún otra clase de personas que tiene gran luz y convicción especial, y una verdadera experiencia en la obra del Espíritu de Dios. Pero la han vencido las múltiples tentaciones de Satanás. No aprecia la luz que Dios le ha dado. No escucha las amonestaciones y reprensiones del Espíritu de Dios. Está bajo condenación. Dichas personas resistirán siempre el testimonio recto, porque éste las condena. 1JT 345.2
Dios quiere que su pueblo sea una unidad; que sus hijos tengan un mismo parecer, un mismo ánimo y un mismo criterio. Esto no puede lograrse sin un testimonio claro, recto y vivo en la iglesia. La oración de Cristo era que los discípulos fuesen uno como él era uno con su Padre. “Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa; para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también a mí me has amado.” Juan 17:20-23.
Estimados Jóvenes: De vez en cuando el Señor me ha dado testimonios de amonestación para vosotros. Os alentará si queréis entregarle los mejores y más santos afectos de vuestro corazón. A medida que estas amonestaciones reviven distintamente delante de mí, comprendo vuestros peligros en una forma que yo sé que vosotros no discernís. La escuela situada en Battle Creek* reúne a muchos jóvenes de diferente idiosincrasia. Si estos jóvenes no son consagrados a Dios ni obedientes a su voluntad, y no andan humildemente en los caminos de sus mandamientos, la fundación de una escuela en Battle Creek causará gran desaliento a la iglesia. Esa escuela puede ser una bendición o una maldición. Os suplico a vosotros que habéis tomado el nombre de Cristo que os apartéis de toda iniquidad y que desarrolléis un carácter que Dios pueda aprobar. 1JT 346.1
Pregunto: ¿Creéis que los testimonios de reprensión que os han sido dados provienen de Dios? Si realmente creéis que la voz de Dios os ha hablado, señalando vuestros peligros, ¿prestáis atención a los consejos dados? ¿Mantenéis estos testimonios frescos en vuestra mente leyéndolos a menudo y con oración en vuestro corazón? El Señor os ha hablado, niños y jóvenes, vez tras vez; pero habéis sido tardos en escuchar sus amonestaciones. Si la rebeldía no hubiese endurecido vuestro corazón contra lo que Dios ha dicho acerca de vuestro carácter y de vuestros peligros y contra la conducta que se os ha trazado, algunos de vosotros habríais prestado atención a lo que se requiere de vosotros para que podáis obtener fuerza espiritual y ser una bendición en la escuela, la iglesia y entre todos aquellos con quienes tratáis. 1JT 346.2
Jóvenes y niñas, sois responsables ante Dios por la luz que os ha dado. Esta luz y estas amonestaciones, si no las escucháis, se levantarán en el juicio contra vosotros. Se os han señalado claramente los peligros que corréis; se os han dirigido palabras de cautela y habéis sido guardados por todos lados y rodeados de advertencias. Habéis escuchado en la casa de Dios las verdades más solemnes y escrutadoras del corazón, presentadas por los siervos del Señor con la manifestación de su Espíritu. ¿Qué peso han tenido sobre vuestro corazón estas solemnes súplicas? ¿Qué influencia ejercen sobre vuestro carácter? Se os pedirá cuenta de cada una de estas súplicas y advertencias. Se levantarán en el juicio para condenar a los que viven en la vanidad, liviandad y orgullo. 1JT 347.1
Amados jóvenes amigos, lo que sembráis, segaréis. Ahora es el tiempo de la siembra para vosotros. ¿Cuál será la mies? ¿Qué estáis sembrando? Cada palabra que pronunciáis, cada acto que ejecutáis es una semilla que dará fruto, bueno o malo, y resultará en gozo o pesar para el que la siembre. Según la semilla que se siembre, será la cosecha. Dios os ha dado gran luz y muchos privilegios. Después que ha sido dada esta luz, después que vuestros peligros os han sido presentados claramente, la responsabilidad recae sobre vosotros. La manera en que empleéis la luz que Dios os da, hará inclinar la balanza para vuestra felicidad o desgracia. Vosotros mismos estáis moldeando vuestros destinos. 1JT 347.2
Todos ejercéis influencia para bien o para mal sobre la mente y el carácter de los demás. Y en los registros del cielo queda escrito exactamente qué clase de influencia ejercéis. Un ángel os acompaña, y toma nota de vuestras palabras y acciones. Cuando os levantáis por la mañana, ¿sentís vuestra impotencia y vuestra necesidad de fuerza divina? ¿Y dais a conocer humildemente, de todo corazón, vuestras necesidades a vuestro Padre celestial? En tal caso, los ángeles notan vuestras oraciones, y si éstas no han salido de labios fingidores, cuando estéis en peligro de pecar inconscientemente y de ejercer una influencia que induciría a otros a hacer el mal, vuestro ángel custodio estará a vuestro lado, para induciros a seguir una conducta mejor, escoger las palabras que habéis de pronunciar, y para influir en vuestras acciones. 1JT 347.3
Si no os consideráis en peligro y si no oráis por ayuda y fortaleza para resistir las tentaciones, os extraviaréis seguramente; vuestro descuido del deber quedará anotado en el libro de Dios en el cielo, y seréis hallados faltos en el día de prueba. 1JT 348.1
Hay en derredor de vosotros algunas personas que han recibido instrucción religiosa, y otros que han sido complacidos, mimados, adulados y alabados, hasta el punto de haber quedado literalmente echados a perder para la vida práctica. Hablo de personas a quienes conozco. Su carácter se ha torcido tanto por la indulgencia, la adulación y la indolencia que son inútiles para esta vida. Siendo así, ¿qué se puede esperar de ellos para aquella vida donde todo es pureza y santidad, y donde todos tendrán un carácter armonioso? He orado por estas personas; les he hablado personalmente. Pude ver la influencia que ejercerían sobre otras mentes, al inducirlas a ser vanidosas, a desvivirse por la indumentaria y a descuidar sus intereses eternos. La única esperanza que hay para esta clase de personas consiste en que presten atención a sus caminos, humillen su corazón vano y orgulloso delante de Dios, confiesen sus pecados y se conviertan. 1JT 348.2
La vanidad en el vestir como el amor a la diversión es una gran tentación para los jóvenes. Dios tiene sobre éstos derechos sagrados. Exige todo el corazón, toda el alma, todos los afectos. La respuesta que se da a veces a esta declaración es: “¡Oh, no profeso el cristianismo!” ¿Qué importa si no lo hacéis? ¿No tiene Dios sobre vosotros los mismos derechos que sobre el que profesa ser su hijo? Debido a que os atrevéis a descuidar las cosas sagradas, ¿pasará el Señor por alto vuestro pecado de negligencia y rebelión? Cada día en que despreciéis el derecho de Dios y toda oportunidad de misericordia que menospreciéis, serán cargados a vuestra cuenta y aumentarán la lista de pecados que se presentará contra vosotros en el día en que se investiguen las cuentas de cada alma. Me dirijo a vosotros, jóvenes y niñas, sea que profeséis o no el cristianismo. Dios exige vuestros afectos, vuestra gozosa obediencia y devoción. Tenéis ahora un corto tiempo de gracia y podéis aprovechar esta oportunidad para entregaros incondicionalmente a Dios.