Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 349-357, día 039

La obediencia y la sumisión a los requerimientos de Dios son las condiciones que expone el apóstol inspirado, por las cuales llegamos a ser hijos de Dios y miembros de la familia real. Jesús ha rescatado por su propia sangre, del abismo y la ruina a la cual Satanás los obligaba a ir, a todo niño y joven, y a todo hombre y mujer. Debido a que los pecadores no aceptarán la salvación que se les ofrece gratuitamente, ¿quedarán libres de sus obligaciones? El hecho de que decidan permanecer en pecado y audaz transgresión, no reduce su culpabilidad. Jesús pagó un precio por ellos y le pertenecen. Son su propiedad; y si no quieren obedecer a Aquel que dió su vida por ellos, y dedican su tiempo, fortaleza y talento al servicio de Satanás, están ganando su salario, que es la muerte. 1JT 349.1

La gloria inmortal y la vida eterna son la recompensa que nuestro Redentor ofrece a los que quieran obedecerle. Gracias a él, es posible que ellos perfeccionen su carácter cristiano mediante su nombre y venzan por su cuenta como él venció en su favor. Les ha dado un ejemplo en su propia vida, mostrándoles cómo pueden vencer. “Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6:23. 1JT 349.2

Los derechos de Dios son igualmente válidos para todos. Los que prefieren descuidar la gran salvación que se les ofrece gratuitamente; los que prefieren servirse a sí mismos y permanecer siendo enemigos de Dios, enemigos del Redentor que se sacrificó a sí mismo, están ganando su paga. Están sembrando para la carne y de la carne cosecharán corrupción. 1JT 349.3

Los que se han revestido de Cristo por el bautismo, demostrando por este acto que se separan del mundo y que se han comprometido a andar en novedad de vida, no deben levantar ídolos en su corazón. Los que se regocijaron una vez en la evidencia de que sus pecados eran perdonados, que gustaron el amor del Salvador, y que luego persisten en unirse con los enemigos de Cristo, rechazando la perfecta justicia que Jesús les ofrece y escogiendo los caminos que él ha condenado, serán juzgados más severamente que los paganos que nunca tuvieron la luz, y que nunca conocieron a Dios ni su ley. Los que se niegan a seguir la luz que Dios les ha dado, prefiriendo las diversiones, vanidades y locuras del mundo y negándose a conformar su conducta con los santos y justos requerimientos de la ley de Dios, son culpables de los más graves pecados a la vista de Dios. Su culpabilidad y su paga serán proporcionales a la luz y a los privilegios que tuvieron. 1JT 350.1

Vemos al mundo absorto en sus propias diversiones. Los primeros y principales pensamientos de la gran mayoría, especialmente de las mujeres, se dedican a la ostentación. El amor a la indumentaria y los placeres está destruyendo la felicidad de millares. Y algunos de los que profesan amar y guardar los mandamientos de Dios imitan a esa clase de personas, tanto como les es posible hacerlo sin perder el nombre de cristianos. Algunos de los jóvenes tienen tanta afición a la ostentación, que hasta están dispuestos a renunciar al nombre de cristianos para seguir su inclinación a la vanidad y la indumentaria, y el amor a los placeres. 1JT 350.2

La abnegación en el vestir es parte de nuestro deber cristiano. El vestir sencillamente y abstenerse de ostentar joyas y adornos de toda clase está de acuerdo con nuestra fe. ¿Pertenecemos al número de aquellos que ven la insensatez de los mundanos al entregarse a la extravagancia en el vestir y al amor de las diversiones? En tal caso, debiéramos pertenecer a la clase que rehuye todo lo que sanciona este espíritu que se posesiona de la mente y del corazón de quienes viven para este mundo solamente y no piensan ni se interesan en el venidero. 1JT 350.3

Jóvenes cristianos, he visto en algunos de vosotros un amor a los vestidos y a la ostentación que me ha apenado. En algunos que han sido bien instruídos, que tuvieron privilegios religiosos desde su infancia y se vistieron de Cristo por el bautismo, confesando así que morían al mundo, he visto tal vanidad en la indumentaria y liviandad en la conducta, que han agraviado al amado Salvador y ocasionado oprobio para la causa de Dios. He notado con pena vuestra decadencia religiosa y vuestra disposición a adornar vuestra vestimenta. Algunos han tenido la mala suerte de llegar a poseer cadenas o alfileres de oro, o ambas cosas, y han manifestado el mal gusto de exhibirlos, para atraer la atención. No puedo sino asociar estos caracteres con el vano pavo real que ostenta sus vistosas plumas para ser admirado. Es todo lo que esta pobre ave tiene para atraer la atención, porque su graznido y su forma no son nada atrayentes. 1JT 351.1

Los jóvenes pueden esforzarse por destacarse en la búsqueda del adorno de un espíritu manso y humilde, joya de inestimable valor que puede llevarse con gracia divina. Este adorno poseerá atracción para muchos en este mundo y será considerado de gran valor por los ángeles del cielo, y sobre todo por nuestro Padre celestial; quienes lo llevan serán huéspedes idóneos de sus atrios. 1JT 351.2

Los jóvenes tienen facultades que, debidamente cultivadas, los capacitarían para ocupar casi cualquier puesto de confianza. Si se propusieran obtener una educación para ejercitar y desarrollar las facultades que Dios les ha dado a fin de ser útiles y beneficiar a otros, su mente no se atrofiaría. Manifestarían profundidad de pensamiento y firmeza de principios, y ganarían influencia y respeto. Ejercerían sobre los demás una influencia elevadora, que induciría a las almas a ver y reconocer el poder de una vida cristiana inteligente. Los que se interesan más en el ostentoso adorno de sus personas que en educar la mente y ejercitar sus facultades para tener mayor utilidad, y glorificar a Dios, no comprenden su responsabilidad ante Dios. Se sentirán inclinados a ser superficiales en todo lo que emprendan, limitarán su utilidad y atrofiarán su intelecto. 1JT 351.3

Me siento hondamente apenada por los padres de estos jóvenes, como también por los hijos. La responsabilidad de la deficiente preparación de los hijos tendrá que recaer sobre alguien. Los padres que han mimado y complacido a sus hijos, en vez de refrenarlos juiciosamente de acuerdo a los buenos principios, pueden ver los caracteres que han formado. Según la preparación, es el carácter. 

Mis pensamientos se remontan al fiel Abrahán, quien, en obediencia a la orden divina que le fuera dada en visión nocturna en Beer-seba, prosigue su viaje junto con Isaac. Ve delante de sí la montaña que Dios le ha prometido señalar como lugar donde debe ofrecer su sacrificio. Saca la leña del hombro de su siervo, y la pone sobre Isaac, el que ha de ser ofrecido. Ciñe su alma con firmeza y severidad llena de agonía, dispuesto a realizar la obra que Dios le exige que haga. Con corazón angustiado y mano enervada, toma el fuego, mientras que Isaac pregunta: “Padre mío. … He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?” Génesis 22:7. Pero, oh, Abrahán no puede decírselo en ese momento. 1JT 352.2

El padre y el hijo construyen el altar, y llega para Abrahán el terrible momento de dar a conocer a Isaac lo que ha hecho agonizar su alma durante todo el largo viaje, a saber, que Isaac mismo es la víctima. Isaac ya no es un niño; es un joven adulto. Podría rehusar someterse al designio de su padre, si quisiera hacerlo. No acusa a su padre de locura, ni siquiera procura cambiar su propósito. Se somete. Cree en el amor de su padre y sabe que no haría el terrible sacrificio de su único hijo si Dios no se lo hubiera ordenado. Isaac queda atado por las manos temblorosas y amantes de su padre compasivo, porque Dios lo ha dicho. El hijo se somete al sacrificio, porque cree en la integridad de su padre. Pero, cuando está listo, cuando la fe del padre y la sumisión del hijo han sido plenamente probadas, el ángel de Dios detiene la mano alzada de Abrahán que está por matar a su hijo, y le dice que basta. “Conozco que temes a Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único.” Vers. 12. 1JT 352.3

Este acto de fe de Abrahán ha sido registrado para nuestro beneficio. Nos enseña la gran lección de confiar en los requerimientos de Dios, por severos y crueles que parezcan; y enseña a los hijos a someterse enteramente a sus padres y a Dios. Por la obediencia de Abrahán se nos enseña que nada es demasiado precioso para darlo a Dios. 1JT 353.1

Isaac prefiguró al Hijo de Dios, que iba a ser ofrecido por los pecados del mundo. Dios quería inculcar en Abrahán el Evangelio de la salvación del hombre. Para ello y a fin de que la verdad fuese una realidad para él como también para probar su fe, le pidió que quitase la vida a su amado Isaac. Todo el pesar y la agonía que soportó Abrahán por esta sombría y temible prueba, tenía por propósito grabar profundamente en él la comprensión del plan de redención en favor del hombre caído. Se le hizo entender mediante su propia experiencia cuán inmensa era la abnegación del Dios infinito al dar a su propio Hijo para que muriese a fin de rescatar al hombre de la ruina completa. Para Abrahán, ninguna tortura mental podía igualarse con la que sufrió al obedecer la orden divina de sacrificar a su hijo. Dios entregó a su Hijo a una vida de humillación, pobreza, trabajo, odio, y a la muerte agonizante de la crucifixión. Pero, no había ningún ángel que comunicase el gozoso mensaje: “Basta; no necesitas morir, mi muy amado Hijo.” Legiones de ángeles aguardaban tristemente, esperando que, como en el caso de Isaac, Dios impidiera en el último momento su muerte ignominiosa. Pero no se les permitió a los ángeles llevar un mensaje tal al amado Hijo de Dios. La humillación que sufrió en el tribunal y en el camino al Calvario, prosiguió. Fué escarnecido, ridiculizado, escupido. Soportó las burlas, los desafíos y el vilipendio de los que le odiaban, hasta que en la cruz doblegó su frente y murió. 1JT 353.2

¿Podría Dios habernos dado prueba mayor de su amor que al dar así a su Hijo para que pasase por estas escenas de sufrimiento? Y como el don de Dios al hombre fué el don gratuito de su amor infinito, así sus derechos a nuestra confianza, nuestra obediencia, todo nuestro corazón y la riqueza de nuestros afectos, son correspondientemente infinitos. Requiere todo lo que el hombre puede dar. La sumisión de nuestra parte debe ser proporcional al don de Dios. Debe ser completa, sin ninguna reserva. Todos somos deudores de Dios. El tiene sobre nosotros derechos que no podemos satisfacer sin entregarnos en sacrificio pleno y de buen grado. Exige nuestra obediencia pronta y voluntaria, y no aceptará nada que no llegue a esto. Tenemos ahora oportunidad de asegurarnos el amor y el favor de Dios. Este puede ser el último año de vida de algunos de los que leen esto. ¿Hay, entre los jóvenes que leen esta súplica, quiénes prefieran los placeres de este mundo a la paz que Cristo da a quien busca fervientemente su voluntad y la hace alegremente? 1JT 354.1

Dios pesa nuestros caracteres, conducta y motivos en la balanza del santuario. Será algo terrible si nuestro Redentor, quien murió en la cruz para atraer nuestros corazones a él, nos declara faltos de amor y obediencia. Dios nos ha concedido dones grandes y preciosos. Nos ha dado luz y un conocimiento de su voluntad para que no necesitemos errar o andar en tinieblas. Ser pesado en la balanza y ser hallado falto en el día del juicio y recompensa finales, será terrible, un error espantoso que nunca podrá ser corregido. Amigos jóvenes, ¿se recorrerá en vano el libro de Dios para buscar vuestros nombres? 1JT 354.2

Dios os ha señalado una obra que debéis hacer para él, y que os hará colaboradores con él. En todo vuestro derredor hay almas que salvar. Hay personas a quienes podéis estimular y bendecir por vuestros fervientes esfuerzos. Podéis apartar las almas del pecado y llevarlas a la justicia. Cuando comprendáis vuestra responsabilidad para con Dios, sentiréis la necesidad de ser fieles en la oración, fieles en cuanto a velar contra las tentaciones de Satanás. Si sois verdaderamente cristianos, os sentiréis más inclinados a lamentaros por las tinieblas morales del mundo que a participar de su liviandad y ostentación. Estaréis entre aquellos que suspiran y lloran por las abominaciones que se cometen en la tierra. Resistiréis las tentaciones de Satanás a participar de la vanidad y de los adornos ostentosos. Sólo una mente estrecha y un intelecto atrofiado pueden satisfacerse con esas cosas triviales y descuidar las altas responsabilidades. 1JT 355.1

Los jóvenes de nuestra época pueden trabajar con Cristo si quieren; y al trabajar, su fe se fortalecerá, y aumentará su conocimiento de la voluntad divina. Cada verdadero propósito y acto correcto será registrado en el libro de la vida. Ojalá pudiese yo despertar a los jóvenes para que vean y sientan cuán pecaminoso es vivir para su propia satisfacción, y atrofiar su intelecto con las cosas vanas de esta vida. Si quisieren elevar sus pensamientos y palabras por encima de los atractivos frívolos de este mundo, y tener por propósito glorificar a Dios, su paz, que supera todo entendimiento, les pertenecerá. 1JT 355.2

¡Cuán misericordiosa y tiernamente obra nuestro Padre celestial con sus hijos! Los guarda de mil peligros que ellos no ven, y los protege contra las artes sutiles de Satanás, para que no sean destruídos. Debido a que nuestra corta visión no discierne el cuidado protector de Dios mediante sus ángeles, no procuramos contemplar y apreciar el interés siempre vigilante que nuestro bondadoso y benevolente Creador tiene en la obra de sus manos; y no nos mostramos agradecidos por la multitud de mercedes que nos concede diariamente. 1JT 356.1

Los jóvenes ignoran los muchos peligros a los cuales están expuestos diariamente. No podrían nunca conocerlos plenamente todos; pero si velan y oran Dios mantendrá sus conciencias sensibles y claras sus percepciones, para que disciernan las operaciones del enemigo y sean fortalecidos contra sus ataques. Pero muchos de los jóvenes han seguido durante tanto tiempo sus propias inclinaciones, que el deber es una palabra que no tiene significado para ellos. No comprenden los altos y santos deberes que han de cumplir para beneficiar a otros y glorificar a Dios; y descuidan en absoluto su cumplimiento. 1JT 356.2

Si los jóvenes pudiesen tan sólo despertarse y sentir profundamente su necesidad de fuerza divina para resistir las tentaciones de Satanás, obtendrían preciosas victorias y una experiencia valiosa en la guerra cristiana. ¡Cuán pocos de los jóvenes piensan en la exhortación del inspirado apóstol Pedro: “Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore: al cual resistid firmes en la fe”! 1 Pedro 5:8, 9. En la visión dada a Juan, él vió el poder de Satanás sobre los hombres, y exclamó: “¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” Apocalipsis 12:12. 1JT 356.3

La única seguridad de los jóvenes estriba en velar y orar humildemente, sin cesar. No deben hacerse la ilusión de que pueden ser cristianos sin esto. Satanás oculta sus tentaciones y designios bajo un manto de luz, como cuando se acercó a Cristo en el desierto. Se presentó entonces como uno de los ángeles celestiales. El adversario de nuestras almas se acercará como huésped celestial; y el apóstol recomienda como nuestra única seguridad la sobriedad y la vigilancia. Los jóvenes que se entregan a la negligencia y la liviandad y que descuidan los deberes cristianos, caen continuamente bajo las tentaciones del enemigo, en vez de vencer como Cristo venció. 1JT 357.1

El servicio de Cristo no es pesada rutina para el alma plenamente consagrada. La obediencia a nuestro Salvador no nos resta felicidad ni verdadero placer en esta vida, sino que ejerce un poder refinador y elevador sobre nuestro carácter. El estudio diario de las preciosas palabras de vida halladas en la Biblia fortalece el intelecto y nos permite conocer las obras grandiosas de Dios en la naturaleza. Por el estudio de las Escrituras obtenemos un conocimiento correcto de cómo vivir a fin de disfrutar la mayor felicidad sin sombra. El que estudia la Biblia se arma también de argumentos bíblicos para hacer frente a las dudas de los incrédulos y eliminarlas por la clara luz de la verdad. Los que han escudriñado las Escrituras pueden estar siempre fortalecidos contra las tentaciones de Satanás, cabalmente equipados para toda buena obra, y preparados para dar a todo aquel que los interrogue una razón de la esperanza que hay en ellos. … 1JT 357.2

Mientras oráis, amados jóvenes, para no ser inducidos en tentación, recordad que vuestro trabajo no termina con la oración; debéis luego contestar hasta donde podáis vuestra propia plegaria, resistiendo a la tentación y dejando a Jesús que haga por vosotros lo que no podáis hacer. Nunca seréis demasiado cautelosos en vuestras palabras y vuestra conducta para no invitar al enemigo a tentaros. Muchos de nuestros jóvenes, por su negligente descuido de las amonestaciones y reprensiones que se les dirigen, abren la puerta de par en par para que entre Satanás. Teniendo la Palabra de Dios como nuestra guía y a Jesús como nuestro Maestro celestial, no necesitamos ignorar sus requerimientos ni los designios de Satanás, ni ser vencidos por sus tentaciones. No será tarea desagradable obedecer a la voluntad de Dios, cuando nos entreguemos completamente a la dirección de su Espíritu. 1JT 357.3