Testimonios para la Iglesia, Vol. 1, p. 362-369, día 040

Ha habido en la iglesia una gran falta de generosidad cristiana. Los que estaban en la mejor posición para hacer progresar la causa de Dios, han hecho poco. Dios ha atraído misericordiosamente a una clase de personas al conocimiento de la verdad para que apreciase el inestimable valor de ésta en comparación con los tesoros terrenales. Jesús les ha dicho: “Seguidme.” Las está probando con una invitación a la cena que él ha preparado. Observa para ver qué carácter adquirirán, y si considerarán que sus propios intereses son de mayor valor que las riquezas eternas. Muchos de estos amados hermanos formulan, por medio de sus actos, las excusas mencionadas en la siguiente parábola: 1JT 361.2

“El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convidó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya está todo aparejado. Y comenzaron todos a una a excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir y verla; te ruego que me des por excusado. Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos; ruégote que me des por excusado. Y el otro dijo: Acabo de casarme, y por tanto no puedo ir. Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de la familia, dijo a su siervo: Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.” Lucas 14:16-21. 1JT 362.1

Esta parábola representa correctamente la condición de muchos de los que profesan creer la verdad presente. El Señor les ha enviado una invitación a venir a la cena que él ha preparado para ellos con gran costo de su parte; pero los intereses mundanales les parecen de mayor importancia que el tesoro celestial. Están invitados a participar en cosas de valor eterno; pero sus fincas, sus ganados y los intereses de su hogar les parecen de importancia tanto mayor que la obediencia a la invitación celestial, que superan para ellos toda atracción divina, y hacen de esas cosas terrenales una excusa para desobedecer el mandato celestial: “Venid, que ya está todo aparejado.” Estos hermanos siguen ciegamente el ejemplo de los mencionados en la parábola. Contemplan sus posesiones mundanales y dicen: “No, Señor, no puedo seguirte: te ruego que me des por excusado.” 1JT 362.2

Estos hombres usan como excusa por no poder obedecer los requerimientos de la verdad, las mismas bendiciones que Dios les dió con el fin de probarlos para ver si darán “lo que es de Dios, a Dios.” Abrazan sus tesoros terrenales y dicen: “Debo cuidarlos; no debo descuidar las cosas de esta vida; son mías.” De este modo el corazón de esos hombres se ha endurecido como el camino trillado. Cierran la puerta de su corazón al mensajero celestial que les dice: “Venid, que ya está todo aparejado,” pero la abren para dejar entrar las cargas del mundo y las preocupaciones de los negocios, y Jesús llama en vano. 1JT 362.3

Su corazón está tan cubierto de espinas y de los cuidados de esta vida, que las cosas celestiales no pueden hallar cabida en él. Jesús invita a los cansados y cargados, y les promete descanso si quieren acudir a él. Los invita a cambiar el amargo yugo del egoísmo y la codicia que los esclaviza a Mammón, por su yugo y su carga que, según él declara, son suaves y livianos. Dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Mateo 11:29. El quiere que ellos pongan a un lado las pesadas cargas de las congojas y las perplejidades mundanales y tomen su yugo de abnegación y sacrificio por los demás. Esta carga les resultará fácil. Los que se nieguen a aceptar el alivio que Cristo les ofrece, y continúen llevando el amargo yugo del egoísmo imponiendo a sus almas tareas sumamente pesadas según los planes que hacen para acumular dinero para la complacencia egoísta, no han experimentado la paz y el descanso que se hallan en llevar el yugo de Cristo y las cargas de la abnegación y la benevolencia desinteresada que Cristo llevó en su favor. 1JT 363.1

Cuando el amor del mundo se posesiona del corazón y llega a constituir una pasión dominante, no queda lugar para la adoración a Dios, porque las facultades superiores de la mente se someten a la esclavitud de Mammón, y no pueden retener pensamientos de Dios y del cielo. La mente pierde su recuerdo de Dios, y se estrecha y atrofia por su afición a acumular dinero. 1JT 363.2

Por causa del egoísmo y amor al mundo, estos hombres han ido perdiendo gradualmente su comprensión de la magnitud de la obra para estos postreros días. No han educado su mente para dedicarse a servir a Dios. No tienen experiencia en ese sentido. Sus propiedades han absorbido sus afectos y eclipsado la magnitud del plan de salvación. Mientras mejoran y amplían sus planes mundanales, no ven la necesidad de ampliar y extender la obra de Dios. Invierten sus recursos en cosas temporales, pero no en las eternas. Su corazón ambiciona más recursos. Dios los hizo depositarios de su ley, para que dejasen resplandecer ante otros la luz que les daba tan misericordiosamente. Pero han aumentado de tal manera sus preocupaciones y ansiedades que no tienen tiempo para beneficiar a otros con su influencia, para conversar con sus vecinos, para orar con ellos y por ellos, y para tratar de comunicarles el conocimiento de la verdad. 1JT 363.3

Estos hombres son responsables por el bien que podrían hacer, y que no hacen, presentando como excusa las preocupaciones y cargas mundanales que embargan su mente y absorben sus afectos. Hay almas por las cuales Cristo murió, que podrían salvarse por sus esfuerzos personales y ejemplo piadoso. Hay almas preciosas que perecen por falta de la luz que Dios otorgó a los hombres para que la reflejasen sobre la senda de los demás. Pero la luz preciosa queda oculta bajo el almud y no alumbra a aquellos que están en la casa. 1JT 364.1

Cada uno es mayordomo de Dios. A cada uno confió el Maestro sus recursos; pero el hombre afirma que estos recursos son suyos. Cristo dice: “Negociad entre tanto que vengo.” Lucas 19:13. Está acercándose el tiempo en que Cristo requerirá lo suyo con interés. El dirá a cada uno de sus mayordomos: “Da cuenta de tu mayordomía.” Los que han ocultado el dinero de su señor en un pañuelo, enterrándolo en la tierra, en vez de confiarlo a los banqueros, y los que han despilfarrado el dinero de su Señor gastándolo en cosas innecesarias en vez de ponerlo a interés invirtiéndolo en su causa, no recibirán la aprobación del Maestro, sino una condenación decidida. El siervo inútil de la parábola le presentó el talento a Dios y dijo: “Te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste; y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.” Mateo 25:24, 25. Su Señor toma nota de sus palabras y declara: “Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí; por tanto te convenía dar mi dinero a los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.” Vers. 26, 27. 1JT 364.2

Este siervo inútil no ignoraba los planes de Dios, pero se propuso firmemente estorbar el propósito de Dios, y luego le acusó de injusticia al exigir el rédito de los talentos que se le habían confiado. Esta misma queja y murmuración la formula una clase numerosa de hombres pudientes que profesan creer la verdad. Como el siervo infiel, temen que se les exija el interés del talento que Dios les prestó, para adelantar la difusión de la verdad; por lo tanto, lo inmovilizan invirtiéndolo en tesoros terrenales y sepultándolo en el mundo, y lo aseguran de tal manera que no tienen nada o casi nada para invertir en la causa de Dios. Lo han enterrado, temiendo que Dios exigiese parte del capital o del interés. Cuando, al exigírsela su Señor, traen la cantidad que les fué dada, aducen ingratas excusas por no haber confiado a los banqueros e invertido en la causa de Dios, para ejecutar su obra, los recursos que el Señor les había prestado. 1JT 365.1

El que desfalca los bienes de su Señor no sólo pierde el talento que Dios le prestó, sino también la vida eterna. De él se dice: “Al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera.” Vers. 30. El siervo fiel, que invierte su dinero en la causa de Dios para salvar almas, emplea sus recursos para gloria de Dios y recibirá el elogio del Maestro: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu Señor.” Vers. 21. ¿Cuál será el gozo de nuestro Señor? Será el gozo de ver almas salvadas en el reino de gloria. “El cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:2. 1JT 365.2

La idea de que son administradores debe tener una influencia práctica sobre todos los hijos de Dios. La parábola de los talentos, debidamente comprendida, desterrará la avaricia, a la que Dios llama idolatría. La benevolencia práctica dará vida espiritual a millares de los que nominalmente profesan la verdad, pero que actualmente lamentan las tinieblas que los circundan. Los transformará de egoístas y codiciosos adoradores de Mammón, en fervientes y fieles colaboradores de Cristo en la salvación de los pecadores. 1JT 366.1

El fundamento del plan de salvación fué puesto con sacrificio. Jesús abandonó las cortes reales y se hizo pobre para que por su pobreza nosotros fuésemos enriquecidos. Todos los que participan de esta salvación, comprada para ellos a tan infinito precio por el Hijo de Dios, seguirán el ejemplo del verdadero Modelo. Cristo fué la principal piedra del ángulo y debemos edificar sobre este cimiento. Cada uno debe tener un espíritu de abnegación y sacrificio. La vida de Cristo en la tierra fué una vida de desinterés: se distinguió por la humillación y el sacrificio. ¿Y podrán los hombres, participantes de la gran salvación que Cristo vino a traerles del cielo, negarse a seguir a su Señor y compartir su abnegación y sacrificio? Dice Cristo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos.” “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto.” Juan 15:5, 2. El mismo principio vital, la savia que fluye a través de la vid, nutre los pámpanos para que florezcan y lleven fruto. ¿Es el siervo mayor que su señor? ¿Practicará el Redentor del mundo la abnegación y el sacrificio por nosotros, y los miembros del cuerpo de Cristo se entregarán a la complacencia propia? La abnegación es una condición esencial del discipulado. 1JT 366.2

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24. Yo voy adelante en la senda de la abnegación. Nada requiero de vosotros, mis seguidores, sino aquello de lo cual yo, vuestro Señor, os he dado ejemplo en mi propia vida. 1JT 366.3

El Salvador del mundo venció a Satanás en el desierto de la tentación. Venció para mostrar al hombre cómo puede vencer. Anunció en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados: para predicar el año agradable del Señor.” Lucas 4:18, 19. 1JT 367.1

La gran obra que Jesús anunció que había venido a hacer fué confiada a los que le siguen en la tierra. Cristo, como nuestra cabeza, nos guía en la gran obra de salvación, y nos invita a seguir su ejemplo. Nos ha dado un mensaje mundial. Esta verdad debe extenderse a todas las naciones, lenguas y pueblos. El poder de Satanás debe ser desafiado y ser vencido por Cristo y también por sus discípulos. Una gran guerra debe reñirse contra las potestades de las tinieblas. Y a fin de que esta obra se lleve a cabo con éxito, se requieren recursos. Dios no se propone enviarnos recursos directamente del cielo, sino que confía a las manos de sus seguidores talentos y recursos para que los usen con el fin de sostener esta guerra. 1JT 367.2

El ha dado a su pueblo un plan para obtener sumas suficientes con qué financiar sus empresas. El plan de Dios en el sistema del diezmo es hermoso por su sencillez e igualdad. Todos pueden practicarlo con fe y valor porque es de origen divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundidad de conocimiento para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que son capaces de hacer una parte para llevar a cabo la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede llegar a ser un tesorero del Señor, un agente para satisfacer las demandas de la tesorería. Dice el apóstol: “Cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere.” 1 Corintios 16:2. 1JT 367.3

Por este sistema se alcanzan grandes objetos. Si todos lo aceptasen, cada uno sería un vigilante y fiel tesorero de Dios, y no faltarían recursos para llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo. La tesorería estará llena si todos adoptan este sistema, y los contribuyentes no serán más pobres por ello. Mediante cada inversión hecha, llegarán a estar más vinculados a la causa de la verdad presente. Estarán “atesorando para sí buen fundamento para lo por venir,” a fin de “que echen mano a la vida eterna.” 1 Timoteo 6:19. 1JT 368.1

Al ver los que trabajan con perseverancia y sistemáticamente que sus generosos empeños tienden a alimentar el amor a Dios y a sus semejantes, y que sus esfuerzos personales extienden su esfera de utilidad, comprenderán que reporta una gran bendición el colaborar con Cristo. La iglesia cristiana, por lo general, no reconoce el derecho de Dios de exigirle que dé ofrendas de las cosas que posee, para sostener la guerra contra las tinieblas morales que inundan al mundo. Nunca podrá la causa de Dios progresar como debiera hacerlo antes que los seguidores de Cristo trabajen activa y celosamente. 1JT 368.2

Cada miembro individual de la iglesia debe sentir que la verdad que él profesa es una realidad, y todos deben trabajar desinteresadamente. Algunos ricos se sienten inclinados a murmurar porque la obra de Dios se extiende y se necesita dinero. Dicen que no acaban nunca los pedidos de recursos, y los motivos por solicitar ayuda se presentan uno tras otro. A los tales queremos decir que esperamos que la causa de Dios se extienda de tal manera que haya mayores ocasiones y pedidos más frecuentes y urgentes de que la tesorería supla lo necesario para proseguir la obra. 1JT 368.3

Si el plan de la benevolencia sistemática* fuese adoptado por cada persona y llevado plenamente a cabo, habría una constante provisión en la tesorería. Los ingresos afluirían como una corriente constantemente alimentada por rebosantes fuentes de generosidad. El dar ofrendas es una parte de la religión evangélica. ¿Acaso la consideración del precio infinito pagado por nuestra redención no nos impone solemnes obligaciones pecuniarias, así como el deber de consagrar todas nuestras facultades a la obra del Maestro? 1JT 368.4

Tendremos una deuda que saldar con el Maestro antes de mucho cuando él diga: “Da cuenta de tu mayordomía.” Lucas 16:2. Si los hombres prefieren poner a un lado los derechos de Dios y retener egoístamente todo lo que él les da, él callará por el momento y continuará probándolos con frecuencia aumentando sus bendiciones, dejando que éstas continúen fluyendo; y aquellos hombres seguirán tal vez recibiendo honores de sus semejantes, sin que la iglesia los censure; pero antes de mucho Dios les dirá: “Da cuenta de tu mayordomía.” Dice Cristo: “En cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, ni a mí lo hicisteis.” Mateo 25:45. “No sois vuestros. Porque comprados sois por precio,” y estáis bajo la obligación de glorificar a Dios con vuestros recursos, así como en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, que son suyos. “Comprados sois por precio,” “no con cosas corruptibles, como oro o plata; sino con la sangre preciosa de Cristo.” 1 Corintios 6:201 Pedro 1:18, 19. El pide, en compensación de los dones que nos ha confiado, que ayudemos en la obra de salvar almas. El dió su sangre y nos pide nuestro dinero. Mediante su pobreza somos hechos ricos, y ¿nos negaremos a devolverle sus propios dones? 1JT 369.1

  • Dios no depende del hombre para sostener su causa. Podría haber enviado medios directamente del cielo para suplir su tesorería, si en su providencia lo hubiese considerado mejor para el hombre. Podría haber formulado planes para que los ángeles hubiesen sido enviados a publicar la verdad al mundo sin intervención de los hombres. Podría haber escrito las verdades en el firmamento y haber dejado que éste declarase al mundo sus requerimientos en caracteres vivos. Dios no depende del oro o la plata de hombre alguno. Dice: “Mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados.” “Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti: porque mío es el mundo y su plenitud.” Salmos 50:10, 12. Cualquier necesidad de que intervengamos en el adelantamiento de la causa de Dios, ha sido ordenada a propósito para nuestro bien. El nos ha honrado haciéndonos colaboradores suyos. Ordenó que fuese necesaria la cooperación de los hombres a fin de que pudiesen practicar la generosidad.