“No olviden los padres el importante campo misionero que tienen en su hogar. Los hijos que Dios confió a una madre son para ella un cometido sagrado. “Toma este hijo o hija, dice el Señor, y edúcalo para mí. Dale un carácter pulido[…], para que pueda brillar siempre en los atrios del señor”.”
Testimonios para la Iglesia, t.9, pág. 30
