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Category: Plan de Reavivamiento

Nuestros queridos Hnos. Matteson y D.T. Bourdeau se han equivocado en esto, y deberían reformarse en cuanto a su manera de trabajar. Deberían hacer discursos y oraciones cortos. Deberían ir al punto de una vez, y suspender sus tareas antes de llegar al cansancio. Ambos pueden hacer un bien mucho mayor si obran así, y al mismo tiempo conservarían sus fuerzas para continuar las labores que tanto aman, sin quebrantarse del todo.

Mientras el ángel de Dios presentaba estos hechos relativos a los viajes y la experiencia de los hijos de Israel, me sentí profundamente impresionada por la honda consideración de Dios por su pueblo. A pesar de sus errores, desobediencias y rebeliones, seguían siendo el pueblo escogido de Dios. Los había honrado especialmente al descender de su santa morada al Monte Sinaí, para darles los diez mandamientos con majestad, gloria y terrible grandeza a oídos de todo el pueblo, y para escribirlos con su propio dedo sobre tablas de piedra.

La madre ha recibido fortaleza y sabiduría especiales de parte de Dios para animar y ayudar a su marido, y ha hecho mucho para unir a sus hijos a su corazón, y fortalecer sus afectos por sus padres y del uno por el otro. Vi que algunos ángeles de misericordia volaban por encima de esta familia, a pesar de que las perspectivas parecían tan oscuras e inciertas.

Ponga fin a toda contienda, y trate de ser pacificador. Ame, no de palabra, sino en hechos y en verdad. Sus obras deberían estar en condiciones de soportar la inspección del juicio. ¿No obrará lealmente con su propia alma? No se engañe a sí mismo. ¡Oh, recuerde que Dios no puede ser burlado! Los que posean la vida eterna harán todo lo posible para poner sus respectivas casas en orden. Deben comenzar en sus propios corazones, y proseguir la obra hasta lograr victorias, verdaderas victorias. El yo debe morir, y Cristo debe vivir en usted, y ser en usted una fuente de agua que salte para vida eterna.

Hnos. L: Se me mostró que ustedes tenían que hacer algo para poner su casa en orden. Hno. L, usted no ha representado adecuadamente la verdad; ésta no ha ejercido sobre su vida la influencia santificadora que se esperaba para que esté en condiciones de participar de la compañía de los ángeles celestiales en el reino de gloria. Usted es un leño áspero y necesita que se lo pula bastante, y debe permanecer en el taller de Dios hasta que todas las asperezas desaparezcan, las superficies desiguales sean suavizadas, y se lo declare adecuado para ocupar su lugar en el edificio.

No hay tratamiento que pueda aliviar las dificultades por las cuales están pasando actualmente mientras sigan comiendo y bebiendo como lo hacen. Pueden hacer por sí mismos lo que el más experimentado de los médicos no podría hacer jamás. Modifiquen su régimen de alimentación. Para complacer el gusto, a menudo ustedes someten los órganos de la digestión a un trabajo excesivo al introducir en el estómago alimentos que no son los más sanos, y en ocasiones en cantidades inmoderadas. Esto cansa el estómago, y lo descalifica para recibir aun los alimentos más sanos. Cada uno de ustedes mantiene su estómago permanentemente debilitado como consecuencia de su mala manera de alimentarse.

Sus hijos, y todos los niños que han perdido a la persona de cuyo pecho fluía el amor maternal, han experimentado una pérdida irreparable. Pero cuando alguien se atreve a ocupar el lugar de la madre frente a ese pequeño y dolorido rebaño, asume una responsabilidad que implica una doble preocupación, en el sentido de ser más amorosa si es posible, dispuesta a no censurar ni amenazar más de lo que la madre lo hubiera hecho, para tratar de suplir de esa manera la pérdida que ha experimentado ese pequeño rebaño.

No permita que nada le impida progresar en el camino de la vida perdurable. Su interés eterno está en juego. En usted debe hacerse una obra completa. Deberá convertirse plenamente, o no llegará al Cielo. Pero Jesús lo invita a hacer de él su fortaleza, su apoyo. Será para usted una ayuda siempre presente en todo momento de necesidad; como la sombra de un gran peñasco en tierra desolada. No permita que su gran preocupación sea tener éxito en este mundo; por el contrario, la carga de su alma debería ser cómo alcanzar el mundo mejor, qué hacer para ser salvo. Al salvar su propia alma, salvará a otros.

Esaú apeteció su plato favorito y sacrificó su primogenitura para complacer el apetito. Una vez que lo hubo hecho, se dio cuenta de su insensatez, pero no halló lugar para el arrepentimiento aunque lo procuró cuidadosamente y con lágrimas. Hay muchísimos que son como Esaú. Representa a una clase de personas que tiene una bendición especial y valiosa al alcance de la mano: la herencia inmortal; una vida tan perdurable como la de Dios, el Creador del Universo; una felicidad inconmensurable y un eterno peso de gloria; pero que por tanto tiempo han cedido a sus apetitos, pasiones e inclinaciones, que se ha debilitado su facultad de discernir y apreciar el valor de las cosas eternas.

Cada día sufro por la exhibición de egoísmo que se nota entre nuestro pueblo. Hay una alarmante ausencia de amor y atención por los que la merecen. Nuestro Padre celestial pone bendiciones disfrazadas en nuestra senda, pero algunos ni siquiera las tocan por temor de que éstas los aparten de sus placeres. Los ángeles están esperando para ver si vamos a aprovechar las oportunidades que están a nuestro alcance a fin de hacer el bien; están esperando para ver si vamos a bendecir a los demás con el fin de bendecirnos a nosotros a su vez.