Archivos

Categoría: Plan de Reavivamiento

Hnos. L: Se me mostró que ustedes tenían que hacer algo para poner su casa en orden. Hno. L, usted no ha representado adecuadamente la verdad; ésta no ha ejercido sobre su vida la influencia santificadora que se esperaba para que esté en condiciones de participar de la compañía de los ángeles celestiales en el reino de gloria. Usted es un leño áspero y necesita que se lo pula bastante, y debe permanecer en el taller de Dios hasta que todas las asperezas desaparezcan, las superficies desiguales sean suavizadas, y se lo declare adecuado para ocupar su lugar en el edificio.

No hay tratamiento que pueda aliviar las dificultades por las cuales están pasando actualmente mientras sigan comiendo y bebiendo como lo hacen. Pueden hacer por sí mismos lo que el más experimentado de los médicos no podría hacer jamás. Modifiquen su régimen de alimentación. Para complacer el gusto, a menudo ustedes someten los órganos de la digestión a un trabajo excesivo al introducir en el estómago alimentos que no son los más sanos, y en ocasiones en cantidades inmoderadas. Esto cansa el estómago, y lo descalifica para recibir aun los alimentos más sanos. Cada uno de ustedes mantiene su estómago permanentemente debilitado como consecuencia de su mala manera de alimentarse.

Sus hijos, y todos los niños que han perdido a la persona de cuyo pecho fluía el amor maternal, han experimentado una pérdida irreparable. Pero cuando alguien se atreve a ocupar el lugar de la madre frente a ese pequeño y dolorido rebaño, asume una responsabilidad que implica una doble preocupación, en el sentido de ser más amorosa si es posible, dispuesta a no censurar ni amenazar más de lo que la madre lo hubiera hecho, para tratar de suplir de esa manera la pérdida que ha experimentado ese pequeño rebaño.

No permita que nada le impida progresar en el camino de la vida perdurable. Su interés eterno está en juego. En usted debe hacerse una obra completa. Deberá convertirse plenamente, o no llegará al Cielo. Pero Jesús lo invita a hacer de él su fortaleza, su apoyo. Será para usted una ayuda siempre presente en todo momento de necesidad; como la sombra de un gran peñasco en tierra desolada. No permita que su gran preocupación sea tener éxito en este mundo; por el contrario, la carga de su alma debería ser cómo alcanzar el mundo mejor, qué hacer para ser salvo. Al salvar su propia alma, salvará a otros.

Esaú apeteció su plato favorito y sacrificó su primogenitura para complacer el apetito. Una vez que lo hubo hecho, se dio cuenta de su insensatez, pero no halló lugar para el arrepentimiento aunque lo procuró cuidadosamente y con lágrimas. Hay muchísimos que son como Esaú. Representa a una clase de personas que tiene una bendición especial y valiosa al alcance de la mano: la herencia inmortal; una vida tan perdurable como la de Dios, el Creador del Universo; una felicidad inconmensurable y un eterno peso de gloria; pero que por tanto tiempo han cedido a sus apetitos, pasiones e inclinaciones, que se ha debilitado su facultad de discernir y apreciar el valor de las cosas eternas.

Cada día sufro por la exhibición de egoísmo que se nota entre nuestro pueblo. Hay una alarmante ausencia de amor y atención por los que la merecen. Nuestro Padre celestial pone bendiciones disfrazadas en nuestra senda, pero algunos ni siquiera las tocan por temor de que éstas los aparten de sus placeres. Los ángeles están esperando para ver si vamos a aprovechar las oportunidades que están a nuestro alcance a fin de hacer el bien; están esperando para ver si vamos a bendecir a los demás con el fin de bendecirnos a nosotros a su vez.

Por ese entonces comenzamos a trabajar por nuestros hermanos y amigos de los alrededores de Greenville. Como ocurre en muchos lugares, nuestros hermanos necesitaban ayuda. Había algunos que guardaban el sábado, pero que no eran miembros de la iglesia, y otros que habían dejado de guardarlo, y que necesitaban ayuda. Nos sentíamos dispuestos a ayudar a esas pobres almas, pero la conducta anterior de los dirigentes de la iglesia con respecto a esas personas, y su actitud actual, nos imposibilitaban casi del todo acercarnos a ellas.

Mis hermanos y hermanas difícilmente habrán esperado que este número de los Testimonios apareciera tan pronto. Pero tenía a mano varios testimonios personales, algunos de los cuales aparecen en las páginas siguientes. Y no conozco manera mejor de presentar mis opiniones acerca de peligros y errores de naturaleza general, y el deber de todos los que aman a Dios y guardan sus mandamientos, que mediante la entrega de estos testimonios. Probablemente no haya una manera más directa y eficaz de presentar lo que el Señor me ha mostrado.

Queridos Hno. y Hna. D: Mientras hablaba en la reunión del domingo por la tarde, casi no podía contener el impulso a llamarlos a ustedes por nombre y relatar ciertas cosas que se me habían mostrado. Vi que el Hno. D no ocupaba en su familia la posición que Dios quiere asignarle. La que va a la cabeza es la Hna. D; tiene voluntad fuerte, que no ha sido subyugada como Dios requiere; y el Hno. D, con el fin de complacer a su esposa y evitarle el desánimo, ha cedido ante ella. El juicio de su esposa lo arrastra, y por años no ha sido un hombre libre.

Cuando ustedes se casaron, su esposa lo amaba. Era sensible en extremo; sin embargo, con esfuerzo de parte de usted y fortaleza de parte de ella, su salud no tenía por qué haberse puesto como está. Pero la severa frialdad de parte de usted lo ha transformado en un témpano, que ha congelado el canal por donde debían circular el amor y el afecto. Su costumbre de censurar y criticar ha sido como granizo desolador para una planta sensible.